A través de la Segunda Estrella

CAP 4: ¿Entonces acerté?

Narra Briatny Darly

Me encuentro en mi casa, en la Dimensión Tierra, hablando con mi mejor amiga Diana por WhatsApp. Llevamos días sin vernos, así que no hemos parado de escribirnos desde hace rato.

Ella me cuenta lo emocionada que está por mi cumpleaños, aunque todavía faltan algunos meses para eso.

De pronto, escucho la voz de mi mamá llamándome para cenar, así que me despido de mi amiga y salgo de mi habitación.

Mi casa es algo grande y de un solo nivel. Apenas entras, está la sala y justo al lado la cocina. Hay un corredor que conecta las habitaciones: la de mis padres está junto a la sala, luego sigue la de mi hermana mayor y, al final, está la mía, la cual comparto con mi hermana menor.

Apenas abro la puerta de mi cuarto, el delicioso aroma de la comida invade mi nariz.

—Llevas horas encerrada ahí. ¿Qué estabas haciendo? —pregunta mi madre mientras se acerca para entregarme un plato de comida.

Lo tomo rápidamente antes de que se arrepienta.

—Hablaba con mi mejor amiga y se me pasó el tiempo.

Sin decir mucho más, doy media vuelta y regreso a mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí.

Me dejo caer sobre la cama y comienzo a comer. Después de unos minutos termino la cena y salgo nuevamente. En la sala, mi mamá ve una película desde el teléfono, mientras mi papá trabaja en su laptop sentado en una pequeña mesa en la esquina.

Cruzo la sala y salgo al patio.

En el patio hay una construcción sin terminar. Todavía no tiene techo, pero unas escaleras conducen a la parte de arriba. Me gusta subir ahí por las noches; el lugar es tranquilo y desde arriba puedo ver perfectamente el cielo.

Subo las gradas y me siento en uno de los escalones mientras observo las estrellas.

Y ahí está ella.

Mi estrella Nunca Jamás.

Es la más brillante de todas. Si algún día quieres verla, búscala cuando haya luna llena. Siempre aparece cerca de la luna, como si intentara acompañarla.

—Qué hermoso está el cielo... La luna todavía no sale —murmuro mientras me recuesto contra una pared sin repello.

Entonces escucho una voz detrás de mí.

—Tienes que esperar para ver la luna, princesa.

Me sobresalto un poco y giro la cabeza.

Piter está parado en una de las ventanas sin terminar de la construcción, iluminado apenas por la luz nocturna.

—Bueno... supongo que tienes razón. Ya no falta mucho para que salga.

Me levanto y camino hacia él.

Piter y Jacob están encargados de patrullar cerca de donde vivo. A unos kilómetros de mi casa hay un enorme bosque y, como Jacob es un lobo, suele vigilar esa zona porque puede recorrer grandes distancias rápidamente. Piter, en cambio, patrulla desde el aire y revisa lugares donde Jacob no puede entrar o donde sería peligroso dejarse ver.

—¿Y cómo va el patrullaje? —pregunto en voz baja, asegurándome de que ningún vecino pueda verlo.

—Por ahora no hay rastros de nada, lo cual es bueno. Aunque todavía me falta revisar el lado sur, así que debo apresurarme. Te esperamos en NJ para que pruebes una creación deliciosa que Emmet preparó.

Sonríe apenas.

—Nos vemos, princesa.

Da media vuelta y se eleva unos metros en el aire. Antes de irse, coloca la parte frontal de su puño sobre el corazón y golpea dos veces su pecho.

El Saludo Real.

Ese gesto tiene muchos significados. Puede usarse para mostrar reverencia, respeto eterno o lealtad hacia mis decisiones. Pero entre guardianes también existe el llamado Saludo Guardián, el cual usamos cuando estamos en otras dimensiones o frente a la realeza, como una señal silenciosa de respeto y reconocimiento.

—Está bien, Piter. No tardaré en llegar —respondo levantando una mano para despedirme—. Solo espero a que sea la hora de dormir.

Evito hablar fuerte. Lo último que necesito es que alguien piense que estoy hablando sola.

Después de verlo desaparecer en la oscuridad, bajo las escaleras y entro a la parte inferior de la construcción, la única zona ya terminada.

Ahí encuentro a mi hermana mayor trabajando frente a la computadora.

—¿Más tareas? —pregunto mientras acomodo una silla a su lado.

—Sí. Estos profesores creen que uno es una máquina —responde Dayana sin apartar la vista de la pantalla.

Luego se masajea la frente con evidente cansancio.

—Pobrecita. A mí me mandan más tareas hasta la próxima semana, así que todavía soy libre.

Le sonrío con burla y entonces noto la hora en la computadora.

7:45 p.m.

—Aún faltan ocho horas para que me vaya...

—¿Qué? ¿Irte? ¿A dónde? —pregunta Dayana, confundida.

Por un segundo siento que el corazón se me detiene.

—¿Eh? ¿Yo dije eso? —suelto una risa nerviosa—. Quise decir que faltan unas horas para irnos a dormir.

Intento sonar natural.

Nadie en este mundo sabe quién soy realmente.

Ni lo que hago cada noche.

Todo esto es para protegerlos de La Organización.

Ellos se encargan de eliminar todo lo relacionado con la magia. Absolutamente todo.

Y, por desgracia, saben de la existencia de Nunca Jamás.

Saben que alguien en la Tierra está conectado con ese mundo y codician su magia, porque Nunca Jamás es el núcleo central de toda la energía mágica existente.

Por eso debemos protegerlo incluso con nuestra vida.

Lo bueno es que todavía no saben que esa persona soy yo.

Por eso debo ocultarme.

No puedo usar magia libremente aquí. La Organización posee sensores capaces de detectar campos mágicos en cualquier parte del planeta. Cada vez que viajo a través de la estrella y regreso a la Dimensión Tierra, esos sensores se activan en distintos puntos del mundo.

Eso me da ventaja.

Los confunde.

Nunca saben exactamente dónde aparecí.

Y aun así... siempre debo ser rápida.

Mi casa está protegida con un hechizo especial. Si algún día La Organización llega a encontrarme, la barrera nos daría tiempo suficiente para escapar junto a mi familia.




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