AUTORA
Probablemente se estén preguntando por qué el título.
Bueno… la respuesta es bastante simple.
Les llamamos “citas” porque, técnicamente, hacemos casi lo mismo que en una cita normal… solo que también parece una fiesta.
#1 Salimos a algún lugar bonito.
#2 Bailamos y comemos.
#3 Nos divertimos.
La diferencia es que todo esto ocurre por culpa de la Luna.
Como los guardianes somos protectores de NJ, la Luna bendice a cada uno de ellos de distintas maneras. A todos… menos a mí, porque prácticamente estoy conectada a la magia todo el tiempo.
Cada vez que la Luna entra en su fase de Luna Llena, aparece una enorme onda de energía que recorre toda la dimensión de NJ. El color de la onda depende del guardián elegido esa noche.
Esa bendición puede fortalecer habilidades, mejorar el control de sus poderes o aumentar muchísimo su agilidad y fuerza en batalla. Básicamente, la Luna los convierte en una mejor versión de sí mismos.
Y todo eso ocurre a través de mí.
La Luna interactúa conmigo para entregar esa energía al guardián correspondiente según el horario lunar, el cual, curiosamente, está organizado en orden alfabético.
El guardián elegido debe pasar cierto tiempo a mi lado para recibir completamente el regalo de la Luna como recompensa por todos sus sacrificios protegiendo NJ.
Aunque, sinceramente… con el tiempo dejamos de hacerlo tan formal.
Terminamos convirtiéndolo en celebraciones.
Fiestas.
Ahora cada guardián organiza la noche completamente a su estilo: elige la música, la decoración, algunos juegos y, al final, me entrega una tarjeta donde escribe los colores que debo usar en mi vestido.
Y la fiesta dura exactamente el tiempo que el guardián quiera.
Después de esta pequeña explicación…
Ahora sí empieza la historia.
Narra Briatny Darly
Voy camino hacia NJ y, sinceramente, no entiendo por qué sigo tan mareada.
Pasé igual todo el tiempo que estuve en la Tierra.
Atravieso mi estrella y llego finalmente a la casa. Apenas entro, noto que Protocolo está preparando el desayuno, como siempre.
El olor a comida recién hecha invade toda la cocina, pero ni siquiera eso logra hacerme sentir mejor.
Lo saludo apenas con la mano y continúo caminando hasta mi habitación.
En cuanto entro, prácticamente me dejo caer sobre la cama.
Porque en serio me siento horrible.
—¡Protocolo! —me quejo dramáticamente mientras cierro los ojos—. ¡El techo está bailando!
En cuestión de segundos, Protocolo emerge del suelo completamente alarmado.
—¿¡Qué ocurrió, princesa!? ¿Necesita ayuda?
Se acerca rápidamente hacia mí, claramente preocupado.
—¿Está Cristian en la casa? —pregunto intentando levantarme.
Mala idea.
Muy mala idea.
Porque apenas me incorporo, el mareo empeora.
Y ahora no solo baila el techo.
También el piso.
Y probablemente yo.
Protocolo desaparece nuevamente bajo el suelo, aunque antes me informa que irá a despertar a Cristian.
Minutos después, Cristian entra a mi habitación cargando medio hospital encima.
Un maletín, vendas, un termómetro, un frasco de pastillas… y hasta un pequeño libro donde anota todos mis síntomas.
Porque claramente le encanta exagerar.
—Dime exactamente qué sientes. A-DE-TA-LLE.— Se arrodilla junto a la cama mientras busca un lápiz dentro de su maletín.
—Siento muchísimo mareo… tanto que todo está bailando…
Lo señalo con el dedo.
—Incluso tú.
Cristian suspira cansadamente.
No logro distinguir bien lo que hace porque mi vista sigue horrible, pero sé que saca unas pastillas que ya me había recetado antes para el mareo.
Y, honestamente, parece ligeramente molesto por haberlo preocupado tanto.
—Tómate estas pastillas. Con eso debería quitarse el mareo —dice entregándomelas—. Después bajas a la cocina. Te compré un yogurt que te hará bien.
Empieza a guardar nuevamente todas sus cosas dentro del maletín y sale de la habitación.
Termino quedándome dormida mientras las pastillas hacen efecto.
Cuando despierto, el mareo ya casi desapareció.
Así que bajo finalmente a la cocina.
Como siempre, la casa ya está llena de ruido. La mayoría de mis amigos están entre la sala y la cocina desayunando, hablando y molestándose entre ellos.
Apenas entro, Protocolo ya tiene mi desayuno preparado sobre la isla de cocina.
Y, milagrosamente, mi lugar favorito sigue libre.
Perfecto.
Empiezo a comer tranquilamente hasta que escucho abrirse la puerta principal.
—Hey, chicos, ¿ya se levantó Bri? —pregunta Jack mientras entra a la casa.
Ni siquiera se da cuenta de que estoy literalmente en la cocina.
—Uuuuh… ¿y por qué preguntas por ella? —dice Alex inmediatamente, mirándolo con una sonrisa sospechosa.
Jack lo observa seriamente.
Alex, en cambio, parece disfrutar demasiado molestándolo.
—Solo díganme dónde está. ¿Todavía no llega? Necesito darle algo.
Se cruza de brazos intentando ignorarlo.
Entonces Alex señala dramáticamente hacia la cocina.
—“Mira más allá de lo que ves”.
Y luego empieza a reírse solo.
Jack cierra los ojos unos segundos, probablemente arrepintiéndose de conocerlo.
—Al fin, gracias.
Se da media vuelta y entra a la cocina.
Cuando me ve sentada en mi lugar favorito de la isla, se detiene apenas un segundo.
—Hola… —saluda algo tímido—. Emm… Cat te manda esto.
Me entrega un sobre que contiene toda la información de la fiesta.
—¿Ya pasó la Onda Guardián? —pregunto mientras tomo el sobre.
Refiriéndome a la onda de luz que la Luna envía para anunciar las citas guardianas. Y sinceramente no me sorprende no haberla visto ya que la Onda Guardián casi siempre aparece durante la noche, cuando yo estoy en la Tierra, así que rara vez logro verla.