A través de la Segunda Estrella

No puedes prometer algo que no está en tus manos...

Narra Bri.

El reloj marcaba las 7:45 AM, y decidí llegar temprano a Nunca Jamás para abordar con Cristian mi nueva problemática. Durante la batalla, no tuvimos la oportunidad de hablar a fondo sobre este asunto, y siento cierto temor al descubrir cuál es la nueva complicación relacionada con mi magia. Aprovechando un hechizo de camuflaje, logré ocultar las marcas en mis brazos mientras estoy en la Tierra; las venas negras son invisibles al ojo humano.

El clima lluvioso que cubre los vastos bosques de Nunca Jamás por las mañanas siempre me ha encantado. Aunque algunas gotas caen en mi rostro, decido quedarme contemplando la vista desde la ventana de mi habitación.

– Buenos días, Princesa – Protocolo apareció de la nada con mi desayuno, dejándolo sobre la mesa de noche antes de retirarse.

– Gracias – le respondí, sumiéndome nuevamente en la observación de las nubes grises que se acercan a las imponentes montañas.

Un rayo cae a lo lejos, y su sonido estruendoso me lleva a cerrar la ventana y retirarme al interior de la habitación.

Después de disfrutar de unas tostadas en el desayuno, me dirijo a la segunda planta para asegurarme de que Cristian esté en su habitación. Mientras camino, deslizo mi mano por las paredes de la casa, recordando la costumbre de mi infancia.

Al llegar a la puerta de la habitación de Cristian, pego la oreja para escuchar algún indicio de su presencia.

– ¿Me buscas, princesa? – Su voz repentina me hace dar un brinco.

– ¿Cómo es que no te he visto ahí? – Cristian estaba tras mío siempre con su típica postura.

–Esa pregunta cualquiera la responde– Afirmó– Eres demaciado distraída.

– Sí, tienes razón – murmuro –. Pero te estaba buscando – añado mientras Cristian se dirige hacia las escaleras.

– ¿Y la razón es? – me pregunta, y su semblante sombrío indica que no quiere tocar el tema.

–¿Podrías darme tu diagnóstico sobre mi estado actual de magia?– Cristian guardó silencio, su mirada parecía intentar comunicar algo, pero no respondió después de un largo momento –¿Me lo dirás o planeas ocultarlo?– En ocasiones anteriores, Cristian ha mantenido en secreto algunas cuestiones, desconozco su motivo, pero he logrado enterarme gracias a Edward, ya que es la única persona con la que comparte información–.

– No planeo ocultarlo, solo espero el momento correcto para hacerlo saber – responde mientras baja a la primera planta.

Quedé pensando en sus palabras, y una idea cruzó mi mente.

*¿Y si entro a la habitación de Cristian?.*

Me acerco lentamente a la puerta y la abro con cuidado. Observo el cuarto con cautela, pero no encuentro nada interesante. 

Su habitación se mantiene en una quietud relajante, extrañamente hace más frío aquí, algo comprensible puesto que las ventanas están cerradas y las cubre una gruesa cortina. Hay un inmenso escritorio el cual está repleto de papeles y libros, como es de esperarse están perfectamente acomodados y ordenados. Hay dos enormes repisas en la esquina de la habitación, cada espacio está lleno de libros. En una pizarra, que se encuentra colgando de una pared, hay notas escritas y una cual otra hoja con mensajes escritos en otros idiomas.

Al parecer es una habitación común y corriente. Cuando estoy a punto de marcharme, veo un objeto brillante bajo una tabla con letras incomprensibles. La tentación de revisar antes de ser vista es fuerte. Tomo la tabla, pero algo se aferra a mi brazo, una especie de raíz negra. Intento quitármela, pero se aferra a mi otra mano. Las ramas se encogen y me sueltan, dejándome caer al suelo. Rápidamente coloco la tabla de nuevo, y la puerta se abre. Cristian entra, su semblante es sombrío.

– ¿Qué estabas haciendo? – pregunta bruscamente –. ¿¡Abriste esto!? – señala la tabla y me acerco.

– No, solo la estaba observando – respondo nerviosa.

–No la estabas observando… ¡La tapa está abierta!– Sostuvo la tabla en sus manos frente a mí– ¿¡Qué, no sabes lo que significa esto!?– Puso su dedo sobre las letras que no logré descifrar– Aquí claramente dice ¡No tocar!–.

*¿Es en serio?*

–Sal de aquí–De pronto, su voz se tornó más calmada, pero eso no descartaba la decepción que tenía–.

Me levanté y me dirigí a la salida. Poco después, noté las marcas de rasguños que tenía sobre mi piel. No dolían, pero sus marcas aparentaban que sí. Al llegar a la planta baja, vi a los hermanos de Edward desayunando en la sala. Ellos solo dirigieron su mirada al verme bajar las escaleras y adentrarme en la cocina.

–¿Bri?–Me habló Emmet–¿Ya desayunaste?– Él sostenía una pequeña lata de chocolate en polvo, lo que me hizo saber que estaba por preparar algo muy delicioso.

–Sí–Dije mientras se daba vuelta tras escuchar mi respuesta.

–Hermanos… ¿Me permiten su atención por favor?–Al girar la cabeza, vi a Cristian dirigiéndose hacia sus hermanos que estaban en los sillones de la sala.

Cristian chasqueó los dedos, llamó mi atención, y me dirigí a la sala junto a los demás.

–¿No es necesaria la presencia de todos los guardianes, Cristian?–Interrogó Edward, quien estaba siendo cargado por Eduardo–.

–No lo es, pero se les hará saber luego mis palabras. Ahora necesito que me escuchen–El silencio comenzó a reinar–¿Recuerdan que Bri no podía permanecer cerca del Lobo Alpha sin que su magia Negra comenzara a alterarse?–Los chicos devolvieron miradas entre ellos, y alguna que otra estaba dirigida hacia mí–.

Edward se levantó, llevó su mano a la cabeza, y la otra la apoyaba en su cintura. Su expresión ya había sido vista antes en él; era evidente que estaba preocupado desde antes de saber lo que estaba por pasarme.

–Hice un estudio en el momento en que me percaté de las venas negras que predominan en tus brazos–Dirigió su mirada hacia mí, y luego todos observaron mis brazos –Mi estudio consistió en ver si podías hacer levitar un pequeño objeto. ¿Recuerdas?–.




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