A través de la Segunda Estrella

CAP 65: Era tan descontrolante.

NARRA THANER LENNON

Káiser entró a mi habitación como cada mañana, irradiando esa alegría absurda que solo él puede fingir. Siempre tan brillante… tan irritante. Sonreía como si el mundo fuera perfecto.

—Buenos días —Saludó, como si no percibiera que yo estaba a un paso de lanzarle algo.

—No me hables a menos que te lo pida. —respondí sin mirarlo, con ese enojo que todavía me ardía. Había desobedecido una de mis pocas reglas sagradas: no asistir a lugares donde yo jamás pondría un pie. Me daba igual el hecho de que la orden provino de alguien “superior a mí”.

Káiser, inmune a mis amenazas desde que lo conozco, siguió entrando como si fuera dueño del lugar.

—Bien, la agenda de hoy es… —comenzó a decir.

—Sí, lo que sea. Déjame solo —lo frené, harto de su irradiante alegría enfermiza.

Me acerqué a la ventana. Afuera la libertad parecía burlarse de mí. El sol, los árboles moviéndose con el viento, los jardineros trabajando con esa calma absurda… Todo parecía un cuadro relajante. Una burla. ¿Qué no daría yo por sentirme tan libre como ese viento?

Después de obligarme a arreglarme, bajé a desayunar. El silencio del pasillo me siguió como una sombra y las sirvientas, como siempre, me esquivaron con torpeza. Normalmente me daría igual, pero hoy… algo se sentía raro. Yo me sentía raro. Como si mi cabeza estuviera en otro lado.

Vi la comida servida desde la entrada de la cocina, perfecta, humeante, colocada en un plato blanco de porcelana. Debería apetecerme. No lo hizo. Solo me hizo pensar en lo poco que tenía control de mi propia vida.

Me tiré en los sillones del salón mientras esperaba a Káiser. Cubrí mis ojos con un brazo. Silencio. Ese silencio asfixiante que antes agradecía… ahora lo detestaba.
¿En qué momento empecé a necesitar el ruido?

Entonces se abrieron las puertas principales. Me incorporé automáticamente.

—Hijo de Lennon —me llamó uno de los guardias. Ese apodo… me hervía la sangre.

—¿Qué pasa ahora? —pregunté apenas girando la cabeza.

—¿El señor Lennon salió de la mansión? —preguntó el guardia, casi temeroso.

—¿Y no es tu trabajo saberlo? —respondí. Ambos guardias se miraron como dos idiotas buscando respuestas en la cara del otro.

El de mayor rango habló:

—Es que... La señora Cashley está aquí.

Ese apellido cayó sobre mí como una piedra. Hasta el aire pareció volverse pesado.

Salí, pasando en medio de los dos guardias y estando fuera me detuve al borde de las escaleras. Ella estaba ahí. Pálida. Flaca. Con ese aire de superioridad que me daban ganas de empujarla escaleras abajo.

—Thaner, querido —cantó con dulzura falsa, esa que usa la gente que intenta ocultar veneno—. Qué guapo estás.

—¿Qué mierda haces aquí? —solté sin adornos.

—Modales, niño —reprochó.

—No vengas a educarme. Responde.

Se quitó los lentes como si hiciera una revelación teatral. Su mirada me analizó como si pudiera juzgarme en segundos.

—¿Disculpa? —estalló, ofendida.

Káiser apareció justo a tiempo para evitar que la mandara de vuelta a su ataúd.

—Señorita Cashley, bienvenida —dijo.

—De “señorita” no tiene nada —murmuré. Káiser me lanzó una mirada que decía cállate, por favor.

—Al fin alguien con educación —dijo ella, ignorándome—. Káiser, querido, ¿dónde está mi futuro ESPOSO?

Lo dijo con tanto orgullo que me dieron ganas de reírle en la cara.

—Su futuro “esposo” no está —dije fingiendo inocencia.— Me resulta extraño que mi padre no se digne en avisarle donde va a estar… siendo su… puta. Digo, su FUTURA ESPOSA.

—Thaner.. —advirtió Káiser.

Pero ya estaba hecho el daño. Su piel, antes tan gris como su alma, se volvió roja. Al menos ahora parecía viva.

—Seguro tu padre ha estado muy… ocupado —respondió ella, recuperando compostura.

—Sí, seguro —dije con indiferencia y sarcasmo—. Seguiría aquí perdiendo el tiempo contigo, pero tengo cosas más interesantes que hacer.

—Enviaré un chofer suplente. Debe estar en el instituto en cinco minutos —dijo Káiser.

—Llegaré solo —le respondí de inmediato.

Entré, agarré mis cosas y salí. Káiser se quedó lidiando con ese cadáver maquillado.

— Revisen la casa luego de que ésta se vaya. Esa mujer es capaz de robar hasta el polvo.— Le ordené al guardia que me abrió la puerta del coche.

Antes de ir al instituto pasé por Valery. Solo acepté recogerla porque necesitaba hablar con ella. De otra forma, habría ignorado sus 266 mensajes, como siempre.

Su perfume invadió el auto apenas abrió la puerta. Abrí las ventanas de inmediato.

Ella me abrazó sin pedir permiso.

—Gracias, Thanersito —susurró.




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