No confíes en nadie, tampoco confies en mi.
Algo no estaba bien
Sara
Mi padre estaba enojado lo notaba en la forma en la que apretaba sus manos, también el movimiento inquieto de su pie derecho. Algo había pasado lo suficientemente grave para que Vladímir se desestabilizara.
Había visto al sheriff Adrián Foster hablar con él en la mañana una hora después, los tres padres al mando hicieron una pequeña visita con un pequeño sobre.
Mi madre también lo sabía hacía mucho tiempo que no veía a Abigaíl con la mirada perdida.
Tenía que guardar silencio no me convenía estresar más la situación así que me puse de pie y subí las escaleras para llegar a mi habitación.
Mire por la ventana había unas hojas de papel regadas en la calle, con curiosidad Salí de mi habitación y antes de acercarme a la puerta principal vi que había una nota en la mesa.
Mi padre la miraba sin pronunciar palabra y mi madre al parecer la ignoraba, quería preguntar sobre qué se trataba el hecho de que los dos se encontraban en silencio me hizo tomar la nota y leerla.
Pecadores
Jackson pueblo de pecadores
Yo como buena persona, fui enviado para limpiar sus pecados. Acabaré con todo lo malo como así lo manda nuestro dios.
Quieres saber a qué me refiero en el centro está la segunda pista.
Solté la nota y camine hacia la puerta ignorando los gritos de mi padre, en el centro quiere decir el parque central camine con pasos rápidos.
Era como si me encontrara en un trance, pero sabía que lo que encontraría no era nada bueno.
El tumulto de personas me lo confirmaba, el sheriff y los demás policías le bloqueaban el paso a los habitantes.
Había una cinta amarilla que formaba un círculo y justo en el medio había un cuerpo.
Todo se paralizó mis manos temblaban, empecé a hiperventilar era como si unas grandes manos apretaban mi cuello con fuerza, era Daniela Johnson.
Llevaba un vestido blanco y tenía una daga enterrada en el pecho, no podía despegar la vista de su cuerpo inerte miraba todo con detalle desde su cabello perfectamente arreglado hasta el rastro de sangre parecía como si se hubieran tomado su tiempo. Mire sus manos las cuales apretaban una pequeña cruz y en su frente tenía la letra p escrita con lo que parecía ser su sangre.
Te toca a ti apreté mis manos con fuerza quería negar era mentira, mienten siempre mentía las voces ellas no eran buenas.
Son falsas me repetía eso una y otra vez, tratando de ignorar el dolor de mi pecho concentrándome en el caos que tenía en frente, veía a los padres de Daniela ser detenidos por la policía. Veía las caras asustadas de los habitantes, las miradas tristes todo lo veía todo.
— Cierra los ojos — esa voz llego con suavidad haciendo que mis neuronas hicieran sinapsis.
No sé por qué, pero mis ojos se cerraron, como si aquello era lo que necesitaba.
— Respira — las lágrimas bajaban por mis mejillas.
Tome una bocanada de aire, era como si no sabía que estaba aguantando la respiración.
Abrí los ojos y vi el caos otra vez.
Pero esta vez una mano grande tapo mis ojos, el olor a lavanda de Jaece me relajaba.
— Da dos pasos hacia atrás — lo pensé.
De verdad necesitaba alejarme del caos mi cuerpo respondió por mí cuando di dos pasos hacia atrás con lentitud, Jaece tomo mi mano y me insto a caminar.
Ni siquiera estaba pendiente, no sabía donde me llevaba y a la verdad tampoco me importaba solo quería alejarme de los gritos, de la sangre de todo.
Lo vi abrir la puerta y fue mi momento de observar a mi alrededor me había traído a su casa. Mire otra vez la sala de estar las decoraciones entre dorado y rojo vino.
Jaece me hizo señas de que me sentara y así lo hice lo vi caminar y en unos minutos volvió con dos vasos.
— Este tiene agua y este algo un poco más fuerte — anunció señalándolos los puso en la mesita que estaba frente a mí.
Lo miré otra vez vestía ropa deportiva su peculiar cabello estaba desarreglado y sus manos iban de un momento a otro hacia este jalándolo parecía estresado.
Note un ligero rastro de tinta en su cuello, tenía un tatuaje parecían líneas sin sentido.
— ¿Por qué me trajiste aquí?— pregunté ignorando los vasos.
No sé por qué siempre estaba a la defensiva con Jaece, sabía que estaba tratando de ayudarme, pero aun así había algo que me decía que él tenía que ver con todo lo que estaba pasando.
Pero en mi conjetura había una contradicción evidente, si de verdad pensaba que jaece era un asesino que hacía a solas con él.
— trataba de ayudarte, estabas a punto de tener un ataque de pánico — la voz de Jaece sonaba con incredulidad.
Sabía que debería estar pensando que estoy loca, pero eso era algo que yo misma lo pensaba así que aquello no me importaba.
— ¿Por qué siempre estás a la defensiva conmigo? — levante una ceja tan evidente era.
Antes de poder responder la puerta principal se abrió y de esta entraron Dalton y Dexter el último me ofreció una sonrisa a modo de saludo mientras Dalton caminaba con pasos rápidos.
— Que le pasa a dalton — Jaece miro a Dexter
— Que no le pasa a dalton — respondió Dexter con diversión.
Me puse de pie con rapidez.
— Gracias debo irme — sin esperar respuesta caminé hacia la puerta.