A Través De Las Sombras

Capitulo 14

Sara.

Aliso mi vestido negro mientras camino con pasos lentos hacia el solitario parque central. Veo una banca que se encuentra debajo de un árbol y decido que es el mejor lugar para pasar el día.

Así que camino hacia este, tomando asiento, saco mi libreta para poder realizar mi gran obra de arte.

Levanto la mirada cuando escucho a alguien toser miro con molestia hacia el frente topándome con adrián, el primo de Kira.

Miro sus horribles pantalones grises con una mueca antes de enfocarme en su cara sonrojada, sigue siendo tímido.

Levanto una ceja tratando de descifrar por qué se me queda mirado con cara de tonto carraspeo viendo como saca de su bolsillo una especie de papel.

Cojo el trozo de papel mirándolo con desconfianza a lo que él se sonroja más, desdoblo el papel con rapidez.

Si tu mejor amiga te llama, ¿acudirías a ella?

Leo la nota y la destruyo cuando termino levanto la mirada cuando veo a Adrián alejarse con pasos rápidos lejos de mí.

Siempre ha sido un chico raro, sus padres murieron en un aparatoso accidente cuando tenía cinco años y desde ahí no se acerca mucho a las personas.

Tomo mi libreta con exasperación y me dirijo hacia el llamado de Kira hace años, prometimos que si una de las dos no se encuentra bien podíamos llamarnos sin importar las cosas que pasaron entre nosotras.

Veo la enorme entrada sin inmutarme, toco el timbre y espero a que esta se abra, cuando abre entro encontrándome con Diana con los brazos cruzados mirándome desafiante.

Formo una sonrisa y camino hacia ella bajo la cabeza a modo de respecto y paso por su lado.

El pequeño pasillo que tomo me lleva hacia la habitación de Kira y entro sin tocar.

Miro a Kira con horror mientras arrebato la navaja de sus manos con rapidez.

—Me mandaste una nota para que sea yo quien encuentre tu cuerpo — digo.

Me enfoco en sus ojeras pronuncias.

—Sigues sin recordarlo —susurra.

Me acerco a ella y sujeto sus hombros.

—De que hablas.

La miro fijamente, pero ella mantiene la cabeza baja como si no estuviera aquí, como si estuviera asustada.

—Él volvió por ti, y no eres capaz de recordarlo — una lágrima baja por su mejilla.

—Kira.

—Sabes él no es tan malo, me ayudará a salir de aquí — responde.

—Crees que recordarlo, me conviene —digo con rapidez.

Sé quién es, mi atracción por él es evidente y por eso trato de alejarme.

Enfoco la mirada en el pequeño sobre que sostiene en sus manos, lo cojo con lentitud y me dispongo a abrirlo.

En el sobre se encuentra una foto del internado “señorita de paz” y justo atrás de la foto mi nombre.

Sara James Park.

6/05/2014

Clínica psiquiátrica.

Rehabilitación mental.

—¿De dónde conseguiste esto?

Kira sonríe mientras posa su mano fría en mi mejilla.

— Mamá lo tenía en su habitación, busca hacerte daño.

Niego con la cabeza sin inmutarme ante lo que dice.

—¿él te hizo daño? — pregunto.

Aunque mi amistad con Kira no se ha visto bien durante mucho tiempo. Años atrás prometimos protegernos y apoyarnos sin importarnos las consecuencias.

—Ya lo sabes — asiento sabiendo lo que quiere decirme.

—Tu madre envió una carta, solicitando que yo pertenezca a “los sagrados”.

—¿Crees que eso te ayudara? — pregunta a lo que yo asiento.

Escucho la puerta abrirse dejando ver a Damián quien me mira con una gran sonrisa, Kira tiembla a mi lado mientras Damián entra a la habitación con total confianza.

—Sara

— Damián — ruedo los ojos cuando besa mi mejilla.

“Finge” pronuncia aquella voz desde lo más recóndito de mi cabeza.

—Estaba pensando en ir a tu casa, siento que lo que dijiste aquella vez no era cierto — sujeta mi hombro con suavidad.

—Si estaba algo alterada — pronuncio poniéndome de pie dispuesta a salir de esta casa de locos.

Me acerco a Kira y la abrazo con fuerza.

—No sujetes la navaja a menos que vayas a usarla, el color negro te quedara espléndido— susurro muy cerca de su oído.

Camino hacia la puerta saliendo por esta, decidida a ignorar a Damián.

Miro a Dania detener a Damián antes de que este salgar y le sonrió con diversión.

Camino con rapidez hasta llegar a mi casa, abro la puerta encontrándome con mi madre sentada en la sala.

Abigaíl enfoca la mirada en mí con altanería, tomo asiento a su lado mientras relajo los hombros.

—¿Quieres que te felicite? —dice a lo que yo alzo una ceja —rompiste tu compromiso — afirma.

—Tal vez — respondo con seriedad.

Sé que no está molesta, no me creo el cuento de que ese matrimonio nos convenía papá llegaría a ser cofundador si ayuda de nadie.

—Tu padre ya lo sabe.

La miro sin inmutarme papa nunca esta aquí y siempre sabe todo, es algo que no me importa en lo absoluto.

Decido no contarle nada sobre lo de Dania y me dispongo a subir a mi habitación.

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