A Través de Sus Ojos

Segunda parte: Capítulo 1 — Desayuno con café y mensajes

El despertador suena, pero esta vez no gruño sola. Luca ya está sentado en la cocina, jugando con sus figuras de dinosaurio, hablando solo y cantando cualquier melodía que se inventa en el momento.

—Mamá, mamá… mira, ¡el T-Rex vuela! —grita, sosteniendo la figura sobre su cabeza.

—¿Vuela o solo hace ruido, astronauta? —le respondo, medio dormida, mientras me acerco al café que aún humea.

Él se ríe, con esa energía que parece infinita a las seis de la mañana. Yo, todavía medio dormida, solo puedo mirarlo y pensar: este niño es mi universo concentrado en cinco años.

Mientras Luca arma sus historias, mi teléfono vibra. Un audio de Gabriel.

—“Buenos días, dormilona. Llegué hace cinco minutos a la oficina. ¿Café hecho?”

Sonrío. Su constancia es rara, casi absurda comparada con todo lo que viví antes. No hay dramas, no hay urgencias, solo él mostrando que la vida cotidiana puede ser reconfortante.

Le mando un mensaje:
—“Casi. Me quedé dormida mientras Luca salvaba dinosaurios.”

En segundos responde:
—“Perfecto, me gusta el plan. Café y dinosaurios. Equipo imparable.”

Me río en voz baja. Solo con mensajes como este, la mañana ya se siente menos caótica, menos urgente, más mía.

Luca se acerca corriendo:
—¡Mamá! ¡Tienes que ver esto! —me lanza un dibujo que hizo en cinco minutos.

—Wow… esto es increíble. ¿De dónde sacaste la idea? —pregunto, abrazándolo.

—Del espacio, y de los dinosaurios, y de ti, mamá —dice con total sinceridad.

Y pienso: Así es la vida ahora. No hay grandes fuegos artificiales, no hay dramas imposibles, sólo cafés, risas, abrazos y audios inesperados de Gabriel.

Mientras preparamos desayuno juntos, me doy cuenta de algo: Estos momentos, sencillos y repetitivos, son los que construyen la calma. La tranquilidad no necesita épica, sólo presencia.

—Mamá, ¿puedo tomar un poco de café también? —pregunta Luca, con ojos brillantes y sonrisa traviesa.

—Solo si prometes no escupirlo en el dinosaurio, astronauta —le advierto, y él ríe.

Miro el teléfono de nuevo, un mensaje de Gabriel:
—“Recuerda respirar y disfrutar de los dinosaurios matutinos.”

Y pienso: Esto es diferente, esto es sano, esto es real. Y, sin dramas, me doy cuenta de que, tal vez, no necesito más.

El desayuno sigue, con café, risas y caos adorable. Y mientras Luca salta entre sillas y dinos, siento que la vida puede ser suave, luminosa y amorosa, incluso sin grandes gestos.

Porque aquí, en estas pequeñas escenas cotidianas, está la verdadera magia.



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En el texto hay: romance, historia de vida

Editado: 11.03.2026

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