A Través de Sus Ojos

Segunda parte: Capítulo 7 — Pequeños viajes y descubrimientos

El día empieza con planes improvisados: Gabriel propone salir a recorrer un mercado de libros usados que encontramos en internet la semana pasada. Al principio dudé, pensando en lo cansada que estaba, pero la sonrisa de Luca y la calma de Gabriel me hicieron aceptar.

—“Prometo que habrá café en el camino y no te perderás” —dice Gabriel mientras toma mi mano.

Luca corre adelante, señalando cada puesto de libros, cada juguete antiguo, cada cosa que llama su atención. Sus ojos brillan de emoción, y yo me siento afortunada de poder acompañarlo en su curiosidad sin prisa.

Gabriel y yo caminamos detrás, comentando las cosas más absurdas: ¿Quién compra un cactus de peluche gigante? ¿Y ese libro que parece que fue escrito para nosotros? Las risas fluyen naturales, sin esfuerzo, y me doy cuenta de que estas pequeñas aventuras se sienten más grandes que cualquier plan épico que haya imaginado antes.

En un café escondido del mercado, pedimos algo improvisado para comer y nos sentamos en una mesa cerca de la ventana. Luca juega con un rompecabezas que sacó de su mochila mientras Gabriel y yo compartimos miradas cómplices.

—“Nunca pensé que pasear por un mercado podría ser tan divertido” —le digo.

—“A veces, lo divertido no está en el lugar, sino en con quién lo recorres” —responde él, y sonrío, sintiendo que no necesita agregar nada más.

Más tarde, nos detenemos en un parque cercano. Luca corre a cada rincón, interactúa con otros niños y nos sorprende con su energía y creatividad. Gabriel lo observa con paciencia, interviniendo solo cuando es necesario, y yo veo la constancia y cuidado que él tiene, la misma que sostiene nuestra relación día a día.

De regreso a casa, agotados pero felices, Luca se queda dormido en el auto. Gabriel y yo caminamos un tramo juntos, en silencio, disfrutando la tranquilidad que llega después del movimiento.

—“Pequeños viajes, grandes recuerdos” —dice Gabriel mientras nos detenemos a mirar la ciudad al atardecer.

—“Si, y sin dramas” —respondo, apoyando mi cabeza en su hombro.

Y pienso: Estos momentos sencillos, donde todo parece improvisado pero se siente pleno, son la verdadera magia. No hace falta drama ni épica, solo risas, abrazos, curiosidad y alguien que camine contigo, sosteniéndote incluso en lo cotidiano.



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En el texto hay: romance, historia de vida

Editado: 31.03.2026

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