Capítulo siete : Son lindos tus pecho
Su mirada me congelaba, ¿Cómo era capas de trasmitir tanto desinterés a través de sus ojos azules fríos?. Definitivamente, él no era normal.Lo pronunció como si estudieramos hablando de algo nada provocativo. Pero mi punto de vista no era así.
—¿Como sabes que estoy desnuda? —titubie.
—Estas sudada —señalo mi camisón —,tienes todo pegado al cuerpo.
Miré mi camisón, y ¡Joder! Era verdad, estuve muchas horas en la sala esperando el gran momento del dorama, que se me había olvidado que el único lugar que tenia aire era mi habitación.
Le lancé la almohada seguida del edredón, mientras me cubría con mis manos mis pechos.
—¡Eres un pervertido, lo sabías! —él se quitó la sabana de encima.Fruncío el seño.
—No me interesa tú cuerpo, he visto millones mejor que el tuyo.
—Pero es desvergonzado ver a una chica tan fijamente mientras tiene todo la ropa sudada o mojaba.
—No me interesa —pues los ojos en blanco.
—Entonces, ¿te podrías var la vuelta mientras voy al otro extremo de la cama?.
—No—fruncí el seño.
—¡Oh vamos! —dramátice—Estas en mi departamento, ¡mi techo, mis reglas!
—Y tú estas en mi dificio, mi edificio, mis reglas.
—¿Desde cuando es tú edificio? —me crucé
de hombros.
—Desde esta mañana —sé inclinó más adelante —Sé suponía que por eso fue que llamaron a los reporteros, pero la información fue otra.
Chasqueé la lengua, traté de cubrirme toda mientras me dirigía al otro lado de la cama, su intensa mirada no me ayudada en nada.
—Deja de mirarme como un dicho raro —me acomode entre el edredón.
—Es qué eres un dicho raro —le iba a responder, pero el se adelanto —,es mi primera vez durmiendo con otra mujer.
Lo miré con cara de horror y con la boca completamente abierta.
—¿Qué?
—Con mi madre, estúpida.
—¿Puedes dejar de ofenderme? Imbécil —arruge el entre cejo.
—¿Y así quieres que te deje de ofender? —alzó una ceja.
—Tú sacas mis demonios para atacarte.
—No me importa.
—¿Esa es tú frase favorita, no? —rodeé los ojos, mientras el se recostaba ignorado olímpicamente mi pregunta.
—Hmp.
—Bien, no me veas. Voy a quitarme el camisón. Ni si te ocurra verme—lo miré de reojo.
Me saqué el edredón rápidamente mientras lo lanzaba por cualquier parte de mi habitación. Hoy era el día que maldecía la contrumbre de no dormir con algo puesto. Pero
¡maldición!, tenía calor y mi camisón no ayudada.
Miré rápidamente hacia su dirección encontrandome su mirada inexpresiva, tranquila y profunda viendome completamente es expuesta.
Nos quedamos viendo como unos segundo, sus cara no tenía ninguna emoción.
—Son lindos tus pechos.
Agarré rápidamente la almohada para pegarsela en toda la cara.
—¿No conoces la vergüenza? —me abrigue mientras el se quitaba la almohada molesto.
—Estordo —gruño.
—Te dije que no me miraras —escondí mi mirada en mis sabanas.
—Hpm.
—¿Escuchastes?
—Hmp.
—Imbécil —susure.
El silencio hundió en su totalidad la habitación. Sentía que más allá de haberlo conocido y solo saber su nombre, era más que suficiente.
Algo muy dentro de mi me advertía que no supiera nada más que simplemente,que su mera existencia.
Aunque la curiosidad me corcomía por dentro. Sabia que Karma Múller, escondía algo.