A través del tiempo

Capítulo 11

Después de aquel dulce beso me encontré paseando de la mano de August por el parque cerca a mi casa, flotando entre nubes de algodón. No, nada de eso. Sí, estaba paseando por el parque, pero no hubo beso ni tampoco fuimos de la mano. Saben que impidió el beso; el timbre de la casa. Sí, algo tan simple como eso había interrumpido uno de los momentos mágicos. Justo cuando August estaba por rozar sus labios con los míos, el timbre de mi casa sonó; y para colmo, era un vendedor de focos. En mi país es común que las personas pasen de casa en casa ofreciendo sus productos. Bueno, no necesitábamos focos y el momento se había evaporado.

Torpemente me aparté de su lado y él solo atinó a darme la bolsa donde se encontraba el libro. Ambos nos habíamos quedado sin palabras, así que en un intento por ordenar mis pensamientos decidí huir.

—Eh…iré a dejar esto a mi habitación y luego podemos ir al parque.

—Sí, claro. Te espero.

—Ponte cómodo. Ya bajo—y corrí escaleras arriba.

Una vez en mi habitación me deje caer sobre la cama con una sonrisa tonta. Si bien no nos habíamos besado el momento había sido mágico y las palabras que me dijo. Suspiré. No quería apresurarme, dejaría que las cosas se den y si en algún momento llegaba a pasar algo con August lo resolvería sobre la marcha. Así que allí estaba yo, aceptando la verdad y dejándome de tonterías. August me gustaba, mucho, pero ese era mi secreto. Al menos por el momento.

Colocándome una polera encima y lavando mi rostro bajé por las escaleras y qué encontré. Nani, mi nani estaba de lo más alegre manteniendo una conversación, que parecía amena, con August. Ambos riéndose. Carraspeé llamando su atención.

—Ahí estas mi niña, estábamos esperándote. Me encontré a Gust solo y pensé en hacerle un poco de compañía.

—Tu abuela es una mujer muy simpática y risueña. Me pregunto qué pasó con tus genes.

—Ay muchacho, pero que dices. Gia también es simpática y risueña—alcé las cejas ante su tono cantarín—. Cuando quiere y con quien quiere. Es bastante selectiva, eso es totalmente de su padre.

—Sí, porque a nani le gusta pelarles las muelas a todos.

—¡Gia! Más respeto.

—Lo siento nani, es tu verdad—me encogí de hombros, riendo.

—Debo avisarte que puede ser muy franca cuando quiere. Pero quizás ya lo sabes.

—De primera mano.

—Parece no importarte—le dio una mirada curiosa.

—No cuando puedo ser tan franco como ella.

—Vaya. Cariño no vas a poder huir fácilmente.

—No hay nada de que huir nani. August y yo somos amigos.

—No pensaste lo mismo cuando estuvimos a punto de be…

—Vámonos. Nani iré a dar una vuelta.

—No lo espantes Gia—rodé los ojos mientras veía como August y mi abuela se despedían con risitas y abrazos. Estaba segura que nani había susurrado algo en su oído.

Caminamos hasta el parque el silencio, él con las manos en los bolsillos de su pantalón y yo con las manos dentro de mi polera. El silencio no se sentía incómodo.

—Y bien, ¿Qué querías decirme?

—¿Cómo?

—La razón por la cual viniste a verme. Dijiste que teníamos una conversación pendiente. Pues bien, ¿de qué se trata?

—Me parece que ya te he dado una pista.

—¿En serio? ¿Cuál sería esa pista?

—Te lo diré. No mejor aún, te lo voy a mostrar Perle. Después de esto no te va a quedar dudas.

—Sí, claro. Sabes, me parece que eres mucho floro y poca acción.

Apenas acababa de completar la frase cuando August ya me tenía pegada a su cuerpo. Sus labios rozando mi oreja la cual había descubierto con sus dedos. Lo único que atiné a hacer fue colocar las palmas de mis manos sobre su pecho y abrir mis ojos; sin embargo, mantuve la cabeza al nivel de su pecho, sintiendo su respiración y la suave caricia de su boca.

—August no.

—¿No qué?

—Yo…no sé qué hacer—de pronto me sentí tímida.




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