A Través del Tiempo

Capítulo 35 – ¿Ocultan algo?

—¿Cómo Edwyn? —dijo Rose con la voz temblorosa—. ¿De qué estás hablando? ¿Estás diciendo que eso pasó aquí… en nuestra granja?

—Así es —respondió Edwyn, claramente angustiado—. Pero… creo que ustedes me habían dicho que antes ya habían ocurrido situaciones así por aquí.

Rose soltó la cesta de naranjas que llevaba colgando del brazo. Las frutas rodaron por el suelo sin que ella pareciera notarlo. Con los ojos brillosos, se acercó a Edwyn y tomó sus manos con fuerza.

—Mi muchacho… ¿estás bien? —le preguntó casi al borde del llanto—. ¿No te hicieron daño?

Timothy, su padre, permanecía de pie, rígido, con una expresión que Edwyn nunca antes le había visto: miedo puro.

Nada de eso cuadraba con lo que Edwyn esperaba. Él pensó que lo tomarían con calma, que simplemente hablarían de reforzar la granja, de tomar precauciones… no que reaccionaran así.

—Estoy bien, madre —respondió Edwyn nervioso—. Solo quería saber si podemos hacer algo al respecto.

—¡Maldita sea! —exclamó Timothy de pronto, alzando la voz—. ¡Esto es grave! ¡No se supone que estas cosas pasen aquí!

Rose reaccionó de inmediato, nerviosa, con una risa forzada.

—Cariño, por favor… —dijo intentando calmarlo—. Edwyn, amor, ve a tu habitación. Tus padres verán qué se puede hacer.

Edwyn frunció ligeramente el ceño. Algo no estaba bien.
Su madre nunca interrumpía así a su padre… y mucho menos con ese tono.

Los observó con extrañeza durante unos segundos, luego obedeció y se retiró a su habitación, con el corazón latiéndole con fuerza.

Apenas cerró la puerta, vió a Esther, esta acababa de comer, y luego se acercó de inmediato a él.

—¿Qué pasó? —preguntó preocupada—. ¿Por qué tienes esa cara?

Edwyn no respondió. Caminó en silencio hacia la puerta y pegó la oreja a la madera.

—Oye… —susurró Esther— no me ignores…

Él levantó una mano pidiéndole silencio, con los ojos llenos de intriga.

Desde la sala se escuchó cómo sus padres se sentaban en las viejas sillas de madera, que crujieron bajo su peso. Durante unos segundos, no dijeron nada. El silencio era pesado.

Luego, Timothy habló en voz baja, pero firme. Edwyn apenas alcanzó a distinguir algunas palabras.

—¿Crees que saben…? —escuchó decir a su padre.

—Es imposible —respondió Rose, con un tono tenso.

Después, pasos. Se levantaron y caminaron hacia su habitación.

Edwyn se dejó caer lentamente al suelo, completamente confundido.

Esther, sin entender nada, se agachó a su lado y le susurró con inocencia:

—¿Ya podemos hablar? ¿Qué ocurrió?
—¿Te regañaron?

Edwyn negó con la cabeza lentamente.

—No… no me regañaron —dijo al fin—. Pero no sé si lo que pienso sea real… creo que mis padres ocultan algo.
Hizo una pausa y añadió, con una media sonrisa cansada—. Vaya… de tal palo, tal astilla, ¿cierto?

Esther se sorprendió y soltó una pequeña risa. No tanto por el chiste, sino porque Edwyn no parecía haberlo dicho con intención de hacer gracia.

Luego se puso seria.

—¿Y por qué crees eso?

—No estoy muy seguro —respondió él—. Pero no reaccionaron como pensé que lo harían. Y ellos son… predecibles, ¿sabes? Que no lo hayan sido me hace dudar. Escuché que decían algo sobre “saber algo”.
Se pasó las manos por la cara, frustrado—. ¿Qué demonios está pasando? ¿Ahora resulta que mis padres tienen un secreto? ¿No se suponía que éramos solo una familia de campesinos inocentes viviendo una vida tranquila en el campo?

Esther abrió la boca, completamente anonadada.

—Uy, Edwyn… ¿ya entraste en la etapa donde se revelan los secretos familiares? —dijo con humor amargo—. Es bastante dura. Yo ya la viví y no la recomiendo… te arruina la inocencia.

Edwyn dejó caer las manos al suelo y soltó una risita mirando al techo.

—No creo que sea lo mismo. Esto tiene que ver con el tipo que entró hoy, estoy seguro. Ese secreto tiene que ver con algo turbio…
La miró—. Seguro que en tu familia los secretos no tenían que ver con algo así, ¿verdad?

Esther se mantuvo hincada, pero se acercó un poco más a él.

—Bueno… no —admitió—. Pero también eran cosas turbias. Mis padres nunca me contaron nada de su pasado antes de que yo naciera. Al parecer trabajaban juntos y eran muy felices… ahora son unos amargados que ni se aman.
Hizo un gesto de frustración—. ¿Por qué justo nací yo y se dejaron de amar? Descubrí infidelidades… y abortos.
Soltó una risa seca—. Increíble. Me enteré de todo eso apenas el año pasado. Saber que pude haber sido criada por los padres amorosos del pasado y no los de ahora…

—Wow… —dijo Edwyn con sinceridad—. Descubriste muchas cosas.
Pensó un momento—. Supongo que ahí coincidimos. Mis padres tampoco se aman… y tampoco sé nada de su pasado antes de que naciera mi hermana. Pero esto es diferente. Esto es… oscuro.

Esther lo miró sorprendida.

—Eso explica por qué tenemos tantos problemas —dijo con una risita incómoda—. La gente que debía enseñarnos a amar no supo hacerlo.
Lo miró con suavidad—. Aun así, siento que hemos aprendido a amar a nuestra manera.
Suspiró—. Lástima que no pudiste escuchar más de ese secreto turbio. Tal vez algo más se—

Un ruido la interrumpió.

Edwyn escuchó cómo su madre intentaba abrir la puerta que él había asegurado. Entraron en pánico.

—¡Escóndete! —susurró Edwyn.

Esther se metió rápidamente bajo la cama. Mientras lo hacía, pensó: menos mal que limpié esta zona hoy.

Edwyn abrió la puerta con torpeza.

—Ay, madre… qué raro que quieras entrar… y a esta hora.

Rose entró con la cena en las manos y dijo:

—Sé que no es lo usual, pero hijo…
Se detuvo de golpe—. Espera un momento. ¿Por qué sigue esa cama de paja en el suelo?

Edwyn mintió por instinto.

—Es que… a veces hace tanto calor en la cama normal que me gusta tener esta opción más fresca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.