A tus pies

DOS

“Buenos días, señor Baron. El motivo de este correo es para notificarle que la reunión con los representantes de Qatar ha quedado confirmada para la semana entrante.

Ya me contacté con una interprete para coordinar las reuniones y traducciones.

Quedo atenta a sus comentarios.

Saludos cordiales. Dolores Martin.”

—¡Maldición! —blasfemó Nicholas releyendo el mail que su secretaria le había enviado. Él arrojó con furia su celular al mullido piso alfombrado. —¿Es que existe algo en lo que no sea buena?

Sí, en respetar relaciones ajenas. Recordó con amargura.

Nicholas llevaba trabajado tres meses con Dolores, la mujer que le había hecho desconfiar de toda la raza femenina sobre la faz de la tierra. Todas a excepción de Catalina. Pero bueno, ella era un tema aparte.

Diez largos años habían pasado desde aquella vez que la joven secretaria le invitara un café. Invitación que por obvias razones rechazó. En su fuero interno se había sentido enfermo de solo pensar que ella quería consolar al patético hijo de su jefe para sumar puntos con él.

Los años venideros y tras la muerte de su madre se encargó en cuerpo y alma a sobresalir en cada una de sus actividades. Por lo que a su desconfiado padre no le quedaría otra opción que dejar en sus manos la presidencia de la empresa. Nicholas esperaba que su padre mantuviese a la mujer trabajando para él.

No se equivocó.

—¿Que te sucede? — preguntó su mejor amigo entrando al living y mascando una manzana. Daniel estaba sudado y con ropa deportiva. Ellos se habían reunido para jugar un poco de futbol y pasar la tarde entretenidos con videojuegos o mirando algunas de sus series policiacas favoritas.  

—Esa maldita mujer, de nuevo —dijo enojado. —Hace todo bien, nunca se equivoca.

Daniel lo miró con el ceño fruncido. Aquí iban otra vez, pensó cansino más no emitió ninguno de esos comentarios. Él creía fielmente en que su amistad con Nicholas era un soporte mutuo, por lo que lo escucharía cuantas veces fuera necesario hablar sobre la mujer que lo tenia obsesionado desde que lo conoció.

—¿Estamos hablando de la secretaria promiscua? —al instante de lanzar esa pregunta, adjetivada de dicha manera, se arrepintió. El rostro de Nicholas mostró todas las emociones que él suprimía a diario. Rabia, dolor y decepción. —¿Por qué sigues tan obsesionado con ella? Deberías…

—Destruirla —le contestó envalentonado y volviendo a cubrir su masculino rostro de indiferencia. —Para eso regresé. No pienses ni por un minuto que lo que me tiene aquí es la presidencia de Baron Industries. Esa mujer y mi padre, que se revolcaban cuando mi madre agonizaba por el cáncer, pagarán con lágrimas de sangre sus acciones.

—Nicholas han pasado tantos años. Quizá…

¿Pero que le decía? ¿Supéralo? ¿No les hagas caso? ¿Déjalos en paz? Si la motivación más fuerte que había tenido su amigo de salir adelante después de la muerte prematura de su madre, era nada más y nada menos que el deseo de venganza. Nicholas no perdonaba que su padre le hubiese sido infiel a su santa madre, y peor aun que ella lo hubiese sabido durante todo el poco tiempo que le quedaba.

—No lo olvidaré —tomó de nuevo su móvil y comenzó a teclear. —Mi padre dijo que lo había dejado hace años, pero yo no le creo. Sé que hay algo más que oculta, y lo descubriré.

—Intenta no destruirte en el camino, amigo —Daniel dio otro mordisco sin ganas. —Ya la compañía está bajo tu mando y tu padre retorciéndose en ese “retiro voluntario”.

Nicholas sonrió. Había sido tan fácil convencer al abuelo, el accionista mayor y titular jurídico de la empresa, de que Baron Industries necesitaba renovar su nomina de mando que cuando notificó a su padre que sus días como presidente estaban contados, no pudo refutar ninguna de sus aserciones.

Ah, pero la cereza del postre todavía no estaba siquiera cerca de ser colocada. Nicholas planeaba una sorpresa quita alientos para el cumpleaños de su progenitor dentro de dos meses. Para ello necesitaba que cierta mujercilla colaborase y estuviese a sus pies. Sin embargo, todavía no sabia como lograrlo. Nicholas necesitaba que ella viniese voluntariamente a sus brazos, pero ese asunto estaba demorando más de lo planeado. Peor aún, cuando una de sus socias le había hablado de los amoríos de su esposo con esa buscona, como la llamaba.

Nicholas había separado a su padre de esa mujer. Ella, ni lerda o perezosa, ya le había encontrado reemplazo; el buen samaritano de Brian Brown. Uno de sus abogados.

Sonrió por la ironía. Hombres casados, un patrón determinante.

—Catalina está enojada contigo —Daniel cambió de tema drásticamente y con una mueca al recordar la expresión de la susodicha. —Ella había reservado un turno especialmente para ti. Me dijo que te lo recordara.

—Avísale que será retribuida con creces por la pérdida de tan valioso recurso.

Y ambos se carcajearon al saber que dicha excusa caería en saco roto. Volvieron así al habitual ambiente de relajo que tenían.

***

Las salas de los hospitales le provocaban un repelús imposible de ignorar, recordaba la tristeza y desolación que había vivido en uno de ellos cuando su madre había caído enferma. Los días se habían convertido en noches y los minutos en horas mientras Dolores veía la decadencia del último vestigio de familia que le quedaba.

Era algo que no le deseaba a nadie. Pero que ahora le tocaba vivir nuevamente al lado de su amiga.

—Pues que con ese cuerpazo yo también hacia una tapa desnuda —dijo Alicia ojeando las paginas de una revista. —No entiendo porque la gente la juzga tanto.

Dolores le sonrió y miró a que se refería, Alicia leía la nota polémica que habían hecho a una famosa actriz en sus cincuenta, declarada abiertamente feminista, sin interés en la maternidad y por posar con poca ropa.




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