Al terminar su turno, Sofía cerró la librería mientras la lluvia seguía cayendo suavemente sobre las calles.
Sin darse cuenta, buscó con la mirada al desconocido.
Pero Adrián ya no estaba.
Solo había dejado un libro sobre el mostrador.
Era una vieja novela de poesía.
Dentro encontró una pequeña nota escrita a mano:
"Algunas personas llegan por casualidad... otras porque el corazón las reconoce antes que la memoria."
Sofía sintió un escalofrío.
—¿Quién eres realmente...? —susurró.
Esa misma noche, Adrián no pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Sofía.
Y, por primera vez en años, volvió a tener el mismo sueño.
Una joven vestida de blanco corría entre un campo lleno de flores.
Él intentaba alcanzarla.
—¡Espera!
Ella se giraba sonriendo.
—Siempre volveré a encontrarte.
Entonces una intensa luz los envolvía...
Y él despertaba con el corazón acelerado.
A la mañana siguiente, Sofía llegó temprano a la librería.
Mientras colocaba unos libros en un estante, escuchó nuevamente la campanilla de la puerta.
Era Adrián.
Esta vez llevaba una pequeña planta de lavanda entre las manos.
—Dicen que trae tranquilidad —dijo con una sonrisa tímida—. Pensé que quedaría bien aquí.
Sofía sonrió.
—¿Así conquistas a todas?
—No.
—¿No?
—Solo a la mujer que apareció en mis sueños antes de conocerla.
Ella guardó silencio.
Por alguna razón...
No le parecía una locura.
Era como si una parte de su corazón ya conociera esa historia.
Y, sin saberlo, ambos estaban a un latido de descubrir un secreto que cambiaría sus vidas para siempre.