Aquella noche, Sofía no pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, veía el castillo, el vestido blanco y el rostro borroso de un hombre que le prometía encontrarla en cada vida.
Se despertó sobresaltada cuando el reloj marcó las tres de la madrugada.
Su corazón latía con fuerza.
Entonces escuchó un susurro.
—Sofía...
La voz parecía venir del jardín.
Se acercó lentamente a la ventana.
No había nadie.
Solo una figura vestida de negro que desapareció entre la niebla.
A la mañana siguiente, Adrián llegó a la librería con el rostro preocupado.
—También tuve un sueño —confesó.
—¿Qué viste?
—Un castillo en llamas... y a alguien intentando separarnos.
Antes de que pudiera contar más, la campanilla de la puerta sonó.
Una mujer elegante entró con paso firme.
Su cabello oscuro caía sobre un abrigo blanco impecable, y sus ojos, de un azul tan frío como el hielo, parecían capaces de atravesar el alma.
Al ver a Adrián, sonrió.
—Por fin te encontré.
Él se quedó inmóvil.
—¿Te conozco?
—Todavía no lo recuerdas.
La mujer miró a Sofía con una sonrisa apenas perceptible.
—Así que ella es la nueva.
Sofía sintió un escalofrío.
—¿Quién es usted?
La desconocida inclinó ligeramente la cabeza.
—Mi nombre es Valeria.
Y llevo siglos esperando este momento.
Adrián frunció el ceño.
—¿Siglos?
Valeria soltó una risa suave.
—En otra vida me arrebataste lo único que amaba.
Esta vez...
Serás tú quien conozca el dolor de perder a la persona que ama.
Un viento helado recorrió la librería.
Los libros comenzaron a caer de los estantes sin que nadie los tocara.
El medallón que llevaba Sofía brilló intensamente bajo su ropa.
Valeria sonrió al verlo.
—Perfecto...
El vínculo ya despertó.
Ahora empieza el verdadero juego.
Sin decir una palabra más, salió de la librería.
Pero antes de cruzar la puerta, se volvió por última vez.
—Esta vez... el destino no tendrá un final feliz.
La campanilla sonó.
Y un profundo silencio envolvió el lugar.
Sofía tomó la mano de Adrián con fuerza.
Por primera vez desde que se conocieron, ambos comprendieron que su amor no solo debía vencer al pasado...
También tendría que sobrevivir a una enemiga dispuesta a cambiar el destino.