A un latido de ti

Capitulo 7

La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad mientras Sofía y Adrián permanecían en silencio, sentados en la librería.
Las palabras del anciano seguían resonando en sus mentes.
"Uno de ustedes deberá morir para salvar al otro."
—Tiene que haber otra forma —dijo Sofía, rompiendo el silencio.
—La encontraremos —respondió Adrián con firmeza—. No importa cuánto tiempo tome.
El anciano abrió de nuevo el Libro de las Almas.
Esta vez, una página en blanco comenzó a llenarse de letras doradas, como si una mano invisible estuviera escribiendo.
"Busquen el Santuario del Primer Latido. Allí duerme la verdad que el tiempo ocultó."
—¿Dónde está ese lugar? —preguntó Sofía.
El anciano negó lentamente con la cabeza.
—Nadie lo sabe. Solo quienes comparten el vínculo pueden encontrarlo.
En ese instante, el medallón que llevaba Sofía empezó a brillar.
Una luz plateada salió de él y dibujó en el suelo un antiguo mapa.
En el centro había un bosque rodeado de montañas.
Adrián lo observó con atención.
—Ese lugar... lo he visto antes.
Cerró los ojos y, de pronto, una imagen apareció en su mente.
Un templo de piedra.
Una campana sonando entre la niebla.
Y una joven idéntica a Sofía que sonreía mientras sostenía su mano.
Entonces todo cambió.
El cielo se volvió rojo.
Las llamas envolvieron el templo.
Una espada atravesó su pecho.
Adrián abrió los ojos de golpe y cayó de rodillas.
Sofía corrió hacia él.
—¡Adrián!
Él respiraba con dificultad.
—Ahora lo recuerdo...
—¿Qué recuerdas?
Una lágrima resbaló por su mejilla.
—No fue un accidente...
En nuestra primera vida...
Nos traicionó alguien en quien confiábamos.
El anciano palideció.
—Entonces el enemigo está más cerca de lo que imaginábamos.
En ese mismo momento, al otro lado de la ciudad, Valeria encendía una vela negra frente a un antiguo espejo.
Su reflejo sonrió... pero ella no.
Del espejo surgió una voz profunda.
—¿Han recuperado los recuerdos?
—Sí —respondió Valeria.
—Entonces apresúrate. Si llegan al Santuario del Primer Latido antes que tú...
La maldición terminará para siempre.
Valeria cerró los ojos y apretó los puños.
—No lo permitiré.
Aunque tenga que enfrentarme al destino una vez más.




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