A un latido de ti

Capitulo 8

Antes del amanecer, Sofía y Adrián emprendieron el viaje siguiendo el mapa de luz que proyectaba el medallón. El anciano insistió en acompañarlos.
—El camino pondrá a prueba algo más que su valentía —advirtió—. Pondrá a prueba la verdad de sus corazones.
Tras horas de caminar entre montañas cubiertas por la niebla, llegaron a un bosque donde los árboles eran tan altos que ocultaban el cielo. Todo estaba en silencio.
De pronto, el medallón comenzó a brillar con intensidad.
Las ramas se apartaron lentamente, revelando un sendero de piedras blancas.
—Es aquí... —susurró Sofía.
Al final del sendero apareció un antiguo templo de mármol. En el centro había una enorme campana de plata y, frente a ella, una fuente de agua cristalina.
Cuando Sofía tocó el agua, la superficie se transformó en un espejo.
No reflejaba el presente.
Mostraba el pasado.
Vieron a dos jóvenes vestidos con ropas antiguas.
Eran ellos.
Él era un caballero llamado Adrián de Arven.
Ella, una sanadora llamada Sofía de Liria.
Ambos se juraban amor eterno frente al mismo santuario.
—Te elegiría en cada vida —decía Adrián.
—Y yo volvería a encontrarte, aunque el mundo entero intentara separarnos —respondía Sofía.
Los tres observaron la escena con lágrimas en los ojos.
Entonces la visión cambió.
Una figura encapuchada apareció detrás de la pareja.
Llevaba una daga brillante.
Con un movimiento rápido, atacó a Adrián por la espalda.
Sofía gritó al reconocer un detalle en la mano del asesino.
Un anillo con el símbolo de un cuervo.
—¡No...! —exclamó.
El anciano cerró los ojos con pesar.
—Ese símbolo pertenece a la Orden de las Sombras.
La imagen se desvaneció.
En ese instante, una voz resonó entre las columnas del templo.
—Han descubierto demasiado.
Valeria apareció en la entrada, acompañada por varias figuras encapuchadas.
Su mirada ya no mostraba tristeza.
Solo determinación.
—Si llegan a conocer toda la verdad, la maldición desaparecerá... y yo perderé la única oportunidad de cambiar mi destino.
Adrián dio un paso al frente para proteger a Sofía.
—No importa cuántas veces intentes separarnos.
Siempre volveremos a encontrarnos.
Valeria levantó lentamente la mano.
Las figuras encapuchadas comenzaron a avanzar.
Y la campana del santuario sonó por sí sola.
Su eco recorrió las montañas...
Anunciando que la batalla entre el amor y la oscuridad acababa de comenzar.




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