En una tranquila tarde de otoño, una niña de ojos grises recorrió la librería. Tomó un libro del estante y preguntó con curiosidad:
—Mamá... ¿es cierto que algunas personas están destinadas a encontrarse?
Sofía miró a Adrián, que le respondió con una sonrisa cómplice.
—Tal vez el destino las acerque —dijo él—, pero son ellas quienes deciden quedarse.
La niña abrazó el libro contra su pecho mientras el sol iluminaba la librería.
Y, por un instante, pareció que el mundo entero latía al mismo compás.
Fin