A Una Boya De Distancia

CAPÍTULO 8: LA PRIMERA REGATA

Bitácora de navegación:

Una regata no revela quién es el más fuerte. Revela quién sigue remando cuando descubre que ya no puede ganar.

—¿Qué?

Emilia estaba convencida de haber escuchado mal.

Mateo volvió a guardar la planilla dentro de la carpeta y la miró con absoluta tranquilidad.

—El domingo hay una regata.

Tomás dejó de ajustar el remo.

—No.

Mateo ni siquiera giró hacia él.

—Sí.

—Dijimos que todavía no competiríamos.

—Yo nunca dije eso.

—Era una práctica.

—Y siguen siendo prácticas.

Tomás cruzó los brazos.

—Entonces ¿por qué una regata?

Mateo sonrió apenas.

—Porque hay cosas que un entrenamiento nunca enseña.

La competencia era una regata amistosa organizada entre clubes de Puerto Madryn, Trelew y Rawson.

No otorgaba puntos para el circuito nacional.

No había premios importantes.

Ni prensa.

Ni becas.

Solo una mañana de competencia para que los clubes probaran embarcaciones nuevas y sus deportistas sumaran experiencia.

Precisamente por eso Mateo los había anotado.

—No pienso correr.

Tomás seguía firme.

Mateo abrió la lista de inscriptos.

—Ya están anotados.

—Borranos.

—No.

—Mateo...

—No.

Emilia observaba la discusión sin intervenir.

Era la primera vez que veía a Tomás realmente nervioso desde que habían comenzado a entrenar.

No estaba enojado.

Estaba asustado.

Y había una gran diferencia entre ambas cosas.

Valentina apareció detrás de ellos con una sonrisa enorme.

—¡Qué lindo!

Tomás la miró.

—¿Qué tiene de lindo?

—Su primera regata como dupla.

—También puede ser la última.

—Ay...

Valentina negó con la cabeza.

—Siempre tan optimista.

El resto de la semana transcurrió entre entrenamientos más intensos.

Ya no discutían tanto.

No porque estuvieran completamente de acuerdo.

Sino porque habían aprendido que discutir durante una palada significaba perder dos.

Emilia empezaba a anticipar los movimientos de Tomás.

Él ya no necesitaba contar cada salida.

Bastaba un leve movimiento de sus hombros.

Un cambio en la respiración.

Una presión distinta sobre el remo.

Y ella entendía.

Era extraño.

Como aprender un idioma nuevo sin darse cuenta.

La noche anterior a la regata, Emilia no consiguió dormir.

Repasó mentalmente cada maniobra.

Cada giro.

Cada salida.

Cada error.

A las dos de la madrugada seguía mirando el techo de la habitación.

A las cuatro decidió dejar de intentarlo.

Tomás tampoco durmió.

Sentado en la cocina de su casa, bebía un café que ya estaba frío.

Nora apareció envuelta en una bata.

—¿Otra vez?

Él sonrió sin ganas.

—No tenía sueño.

—Mentís igual que cuando tenías diez años.

Ella preparó otro café.

—¿Tenés miedo?

Tomás tardó en responder.

—Sí.

Nora apoyó una mano sobre su hombro.

—Entonces hacelo con miedo.

Es mucho más valiente.

El domingo amaneció despejado.

Había decenas de embarcaciones sobre la playa.

Carpas.

Banderas.

Entrenadores.

Familias.

El ambiente era completamente distinto al del club.

Emilia sintió ese cosquilleo que aparecía antes de cada competencia.

Lo había extrañado.

Tomás, en cambio, parecía querer estar en cualquier otro lugar.




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