A una extensión sin ti

El encierro

​—¡No me vengas con eso! —Erick dio un paso rápido y detuvo la hamaca con un golpe seco, lo miré.

—Te vi tocándolo. Vi cómo le sostenías la mirada. Pasaste un año con él mientras yo te buscaba por todo el maldito continente. ¿Qué pasó en ese cuarto blanco, Dante? ¿Por qué parece que hablas con él sin decir una sola palabra?— Recordé el cuarto blanco y me dió un escalofrío.

Me levanté lentamente Hacia el, quedando a centímetros de su cara. Podía sentir el calor que emanaba de él, ese fuego posesivo que tanto había extrañado.

​—Pasó que él fue el único que estuvo ahí —susurré, con una voz cargada de un veneno dulce.

Mientras tú estabas celebrando tu compromiso con Daniel, Torres era el que me despertaba cada mañana. Él sabe cosas de mí, que tú ni te imaginas, Erick. Sabe cómo sueno cuando el silencio me rompe... y parece que le gustó lo que escuchó.

​Erick Me agarró de la nuca con una fuerza desesperada, sus dedos enredándose en mi cabello.

​—Él es el enemigo, Dante. Es el hombre que quiere colgar mi cabeza en una pica. ¡No puedes mirarlo así!​—

—¿Así cómo? —Ladeé la cabeza, desafiante, disfrutando de ver a Erick perder el control por primera vez

—¿Con el agradecimiento de alguien que no fue olvidado? ¿O con el deseo de alguien que fue deseado por su captor? Si te molesta tanto que me mire... si te quema saber que él me tuvo un año entero para él solo...—

​Humedecí mis labios deliberadamente, mis ojos fijos en los de Erick, bajando el tono hasta convertirlo en un desafío carnal.

​—...entonces bésame ahora. Bésame para que el rastro de sus manos desaparezca. Hazlo antes de que me canse de esperar y decida que quizás el Teniente no es el único que sabe cómo tratarme— ​Erick no esperó más. Gruñó contra sus labios y lo estrelló contra la hamaca, reclamando su boca con una posesividad violenta, justo como Dante quería: quemando cualquier rastro de Torres con el fuego de una traición que aún no terminaban de perdonarse.

Encendí el televisor para ver como el día más importante de mi vida salía por las noticias, y con el nuestras identidades, fotos, la prensa y policía, todo acaparó la atención, ya me imagino a mamá no me volverá a hablar cuando vea que Erick no era policía por el contrario era todo lo opuesto y ahora yo también. Fui a buscar a Erick, no se cuánto tiempo estaremos encerrados aquí. Sirvieron la mesa lo encontré alistandose la camisa y con su cabello arreglado y mojado sonreí y lo bese y fuimos a comer.

Llegó Emily a la mesa con un vestido rojo lindo es de cambio Lucia con su cabello rojo que se acababa de aplicar recordé la frase de los amantes con el cabello mojado, y me dio risa pensar esa bobada como si se gustaran, bueno el a ella sí.

Me acerqué a la mesa y todos me miraron de arriba abajo me cambié después de lo que pasó con Felipe en esa habitación mire el piso.

—A pero ya veo que el único que los únicos que no nos hemos duchado somos el teniente torres y yo—Dijo Daniel.

Sentí nervios, pero Emily también tiene el cabello mojado.

—Pero aún están a tiempo, torres no se moverá mucho, pero tú si puedes ir solo ten cuidado de no regarle nada encima—

Nuestras miradas hicieron el ambiente hostil.

Erick, miró hacia las habitaciones mientras tomé el plato de Torres y lo llevé yo, para darle comida, con lo qué hice con Felipe en la hamaca negocie nuevos tratos para mi amigo.

—Tenga teniente, debe comer hacer dieta en esta torre no servirá de nada—Me miró y giro hacia la parede hice cerca a él.

—No querrá que juguemos a las torturas en su prisión aprendí muchas—me miró.

—Vayase, usted es traidor—le tome la mano.

—Teniente, no diga eso que acabo de negociar nuevos términos para usted, le dejo la comida aquí mañana vengo a visitarlo perdón por amarrarlo pero tienes entrenamiento.—Lo besé pero está molesto y eso me gustó aun más.

Me giré y sentí un golpe en la espalda, y sonó un plato romperse contra el piso, en tres pasos llegó Erick, apuntando con su arma. Y conecto lo sucedido. Y disparó. Mi corazón se detuvo. Gire y mire a torres y un hueco en la pared.

—Torres, está fue de aviso a la próxima no fallaré, llévenlo a aislamiento 48 horas si no quiere cuidados no se los daré—

—No a aislamiento no, yo tiré el plato—Dije mirando a Erick.

—No sabes mentir Dante, te tiro el plato salvó que te puedas dividir en dos y si está vivo es a petición tuya o ya lo hubiera enviado en pedazos a su oficina como sugirió mi tio— vi como lo sacaron y fui a mi habitación.

Se que nadie se acercara a aislamiento porque yo la cree, para algo más peligroso que el debe estar encadenado del cuello manos y piernas a oscuras y con ese olor, no lo cree pensando en que alguien que me gusta podría estar ahí.

A la mañana siguiente, el plan era esperar un mes como máximo bajo tierra, veíamos las noticias que no dejaban de mostrar lo que había pasado y hablar de la operación y de la fuga muchos medios pagos han circulado que estamos en otros lugares del mundo justo lo qué necesitamos para poder salir.

Volví a la playa de anoche se que es falso por las pantallas pero parece el set de una película así que es la playa más exclusiva del mundo, llegó Daniel con dos cervezas amarillas ya cada quien sabrá de cuál hablo

—Cerre está área, solo estamos solitos—Lo mire.

—¿Usted todavía ama a Erick?— Dijo y no se si por culpa pero me sudaron las manos.

—No, este tiempo en prisión me hizo darme cuenta que no—sus ojos se pusieron llorosos.

—¿Porque volvió?¿Torres dice que este año nunca vio a alguien sufrir por un ampon como Erick y que usted hizo muchas cosas por él, Salvarle la vida y adicional coquetear es eso cierto— mire a las olas falsas que llegaban a mis pies, tan falsas como todo lo que le Estoy diciendo.

—Daniel, no le voy a negar que el día que ese jugo de mora cayó sobre él, sentí que lo perdía y en prisión me prometí no volver a hacerlo así fuera viendo feliz junto a usted, y lo de Torres si le salvé la vida, pero el tiene novio y yo no tengo interés alguno ni el Felipe ni en Torres— me tomó la mano y me miró.




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