A una extensión sin ti

Cap 7 A una extensión de tí

Salí y abrí mi coche y escuché.

—Teniente torres usted tiene algo que es mío, ya viste el futuro, es muy fácil desaparecer y si estoy aquí es por usted—

Giré y lo miré ahí, y respiré.

—Disculpame, que hiciste tengo muchas preguntas—dije

—Acepto tu disculpa de pacotilla, y si el dueño del hotel me arrendo la habitación de arriba, y la condición fue que a quien preguntará por mi le dijera que me había ido, así pasara en horas, días, semanas o meses, me debes un teléfono—dijé

Lo abracé, —Ven conmigo— dijo el Teniente torres

Entramos en su casa, nunca me había invitado a pasear solo la conocí por fuera una vez el día del juicio, entramos huele rico, no hay fotos con nadie, todo está limpio y en orden como un apartamento modelo, dónde todo tiene un lugar.

—Disculpa el desorden no recibo visitas y solo hay dos copias de este la llave de este lugar, Bueno tres si desides ser parte de el y puedes venir cuando quieras, misterio resuelto, la leyenda del teniente torres vive solo y alejado del mundo, mi miedo es morir aquí dentro y que nadie me extrañe, así que solo tiene acceso la persona del aseo que no habla, no escucha, no ve de por si es muy poco común que la veas es una mujer vestida de negro siempre es muy silencia te podría asustar y la otra llave bueno está en un contacto que revisa que yo no muera—Dijo me puso un collar con la llave.

Esa si es una historia triste, camine reconociendo el lugar, y todo esta en un orden impecable que casi causa incomodidad. Es un apartamento de papel donde no vive nadie no se cómo explicarles eso, ya les dije no hay fotos no hay familia no hay nadie, no hay polvo, solo ropa y un gato.

Me llevo a su habitación y le hablo a su parlante

—Protocolo Salvaje—

Se encendieron las luces led rojas del apartamento, y sonó una canción, the wolf

-Spencer Lee Band, que solo me hizo pensar en una sola cosa

—Mmm, Sr Grey—

Esa noche había algo más. Las luces LED del techo parpadeaban en un rojo que parecía latir como si todo estuviera planeado y la curiosidad me envolvio.

Torres me había tomado de la mano con una seguridad que no admitía dudas y debo admitir que eso me encanta y me prende. Me llevo hasta la sala, y yo dejé que lo hiciera, no puse resistencia me encantan los momentos especiales como este y mas. Porque cuando él me miraba así, con esa mezcla de orden y deseo, mi voluntad se disolvía como sal en el mar y vaya que se de mar.

En medio de la sala había una silla del comedor. La había sacado hacía apenas unos segundos, la noté fuera de su lugar, desentonando entre el sofá y la mesa baja. Torres soltó mi mano, se sentó en ella y me miró desde abajo.

—Quédate ahí —dijo. Con una sonrisita mal interesada, pero también una caricia.

Me quedé. No podía hacer otra cosa más que caso, pues soy muy obediente y está disculpa si me está gustando.

Él comenzó a moverse. Al principio fue lento, casi imperceptible. Un balanceo de caderas mientras sus manos recorrían sus propios muslos con una calma que me quemaba por dentro. Las luces rojas parpadearon más rápido, o tal vez era mi propia sangre acelerándose, recordé la noche en el mar mientras el hacía eso y la canción parecía repetirse en bucle. Él se levantó de la silla sin dejar de moverse, me rodeó como si yo fuera el centro de un ritual que solo él conocía, y que estaba dando frutos, mi corazón va a mil por segundo.

Sus manos subieron al borde de su camisa.

Las luces rojas parpadearon otra vez cuando él empezó a desabotonar, botón por botón, con una lentitud que me pareció una tortura voluntaria, que solo quería hacerlo yo, estoy desesperado porque se en que va a terminar esto y si quiero lo quiero dentro de mi.

Cada centímetro de piel, que aparecía bajo la tela era una revelación, las líneas duras de su abdomen, el ombligo profundo que mis dedos ya conocían pero que mis ojos devoraban como si fuera la primera vez, me hacían recordar la playa y la primer vez que pasó, cuando lo toqué pase saliva de nuevo.

Se quitó la camisa. La dejó caer al suelo, sin importarle dónde caía. Un ruido sordo de tela y botones contra el piso de madera. Una lámpara pequeña que estaba en una mesa auxiliar se tambaleó con el movimiento brusco de su cadera y cayó. El cristal tintineó al romperse. Pero él no le importó. Y a mí tampoco.

Me bailó más cerca. Su torso desnudo rozó el mío, apenas, la suficiente para que sintiera el calor de su piel como una descarga. Sus manos me agarraron las caderas y me empujaron hacia atrás, hacia el pasillo que llevaba a la habitación. Caminé de espaldas, tropezando con algo —una maceta, creo, que volcó y esparció tierra por el suelo—, pero él no me soltó. Me sostenía como si fuera lo único que le importaba mantener en pie, y realmente sí le hacía falta desorden a este lugar talvez yo era el primer en usarlo y que mejor que está inauguración.

La puerta de la habitación la abrió de un golpe con su pie. El pomo chocó contra la pared y dejó una marca. Después supe que la pintura se había dañado, pero en ese momento todo lo que existía era la cama que me esperaba y las manos de Torres empujándome hacia ella, soy muy detallista y en este momento solo me suda el cuerpo que podría explotar todo esté lugar y nada importa, cerré la puerta sin seguro.

Caímos juntos. El colchón gimió bajo el peso de dos cuerpos que ya no podían esperar más. La ropa voló en todas direcciones, ya no queda rastro del apartamento de revista ya llegué yo y pues el desorden reinará está noche habrá tanto caos en este lugar que lo dudo que recupere el orden.

un pantalón que aterrizó sobre la lámpara de la mesita de noche, una media que quedó colgando del tirador del armario.

Torres me besó con una ferocidad que me robó el aire. Sus dientes mordieron mi labio inferior, sus manos me sujetaron las muñecas contra la almohada, y yo me abandoné por completo a la certeza de que esa noche algo se rompería dentro de mí para siempre, con esto volver con Erick era solo distancia.




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