Mis víniculos miraban la habitación en la cuál fui muy feliz y ahora torres estaba ahí con él, me aliste para salir estamos tan cerca que torres podría buscarnos por el mundo y no saber dónde estamos, estando a solo dos cuadras de distancia.
No quiero quede solo, Daniel está en Italia con su tío y yo aquí por el momento en mi lugar seguro.
Se abrieron las cortinas de nuevo y no entendí nada ví a Daniel con sus maletas en la puerta, me quite las gafas.
Llegó alguien a golpear y Bajo Daniel rápido recibió un sobre que guardo. Subió de nuevo las luces cálidas volvieron en todas las habitaciones.
Respiré por qué no soy capaz de retenerlo aquí, el momento llegó me puse a mirar la ventana, no quiero que note mi tristeza, Pero si no me elige no lo puedo detener, salía que era prestado y me encariñé con el me acostumbré a su compañía.
Lo sentí en la puerta con su maleta, giré y le sonreí, bueno está es mi aburrida vida Daniel y me alegra que ya esté bien, su carro ya llegó, le di la mano y volvimos a dos estraños muy cordiales.
—El sistema te reconoce. Si vuelves, las luces se encenderán solas—Daniel sonríe cerré la puerta. Me giré y una ola de perfección y orden me arrollo la historia feliz se convirtió en un cuento de horror.
Fui a mi habitacion.
—Alerta de seguridad, sus pulsaciones están subiendo, por favor respiré lento—
Mire de nuevo está en la entrada y callo deslizado por la pared está llorando, las luces se volvieron tenues y calidad.
Son casi las once, conozco esto por qué ya lo viví con Erick, hay algo en sus hombros que delata que su firmeza es mentira. Es la postura de alguien que está a punto de romperse y lo se.
Mire mi cama sigue tendida. Perfecta. Las sábanas blancas, las almohadas en su sitio, la manta doblada al pie. Como si nada hubiera pasado. Como si él no hubiera dormido ahí solo las últimas ocho semanas. Como si no hubiera esperado a alguien que nunca volvió, solo siento mal genio.
—No — Dije trate de respirar y no puedo.
Me levanté tire la colcha con ambas manos después. Las sábanas se arrancan con un sonido de tela desgarrada. Las almohadas vuelan. Una rebota en la pared. La otra cae al suelo. El colchón queda desnudo.
No es suficiente, golpie la puerta del closet.
No puedo ver esto, los prismáticos le muestran una sombra que se mueve como un animal acorralado. Da dos pasos atrás, coge la losa de la mesita de noche y la estrella contra la pared. El polvo blanco se levanta. Se ha roto en tres pedazos.
Contengo la respiración.
—Para —susurre, aunque nadie puede oírme—. Por favor, para.
La losa rota, me cortó veo sangre y todo es tentador porque tenían que aparecer en mi vida, para no quedar.
Tomé el cuadro que se rompió la primera vez con Dante y lo exploté contra la pared.
Abrí el armario de golpe. Agarre las perchas y las tire. La ropa cae amontonada. Saque todo solo quiero llorar y gritar. Fui a la ventana y arranqué las cortinas las mismas que taparon todo lo que pasó entre Dante y yo y entre Daniel.
El riel cayó sobre mi, y pate esa mierda las arrastre hasta que solo quedarok jirones colgando del riel deformado.
Camilo ha desaparecido un momento detrás de lo que queda de la cama. Movi los prismáticos, buscándolo. Allí está. De pie entre los restos. La mesita de noche ya no tiene losa. Le falta una pata. La tira igual. Choca contra la puerta del armario.
El reloj despertador vuela. Un libro lo agarra y lo rompe por el lomo. Las páginas se deshojan.
Siento las lágrimas calientes en mis mejillas.
—Baja — dice una voz en mi interior—. Baja ahora.
Pero no puedo moverme de aquí no debo intervenir. Mis pies están pegados al suelo de la habitación.
—Sudoracion al 92% posible ataque de ansiedad daños al 20% controle su respiración—
Sali de la habitación arrastrando los pies con rabia y trate de respirar, Pero solo tengo enojo. Llegué al comedor y la mesa está puesta. Siempre está puesta. impecable todos los días. Plato, cubierto, servilleta doblada en abanico. Una fruta en el centro.
Se encendieron las luces led rojas palpitando despacio y me acordé de Dante y la primera vez que estuvo aquí, Quite ese estúpido mantel de un tirón. El plato vuela y se estrella contra la pared. Los cubiertos tintinean al caer. La fruta rueda hasta perderse debajo de la cómoda. La servilleta flota un segundo antes de posarse en el suelo. Tomé las sillas una choco contra la puerta de la cocina y rebotó, lance la otra contra la ventana y se rompió la silla. La otra silla con la cual le baile la tire contra la puerta principal.
El comedor es un campo de batalla. Sillas patas arriba. Loza rota. El mantel hecho un ovillo en una esquina.
Ajuste el enfoque hacia la ventana del comedor. Y lo ví lanzar la última silla, contra el propio comedor Pero calculo mal y tropezó violentamente contra la ventana. Sus movimientos son bruscos, descoordinados. La boca de Camilo se abre y se cierra —está gritando— pero no sé puede oír nada. Solo ví las luces de las demás habitaciones que se encendieron sus vecinos se acoman Pero no pueden nada, el sonido no sale al exterior
Baje mis prismáticos di un paso, hacia la puerta
Y si no quiere que vaya. Y si me rechaza. Y si esto es solo su manera de estar solo.
Me puse los prismáticos y lo busqué
—Daños al 40% Activando protocolo de emergencia en 5 minutos—
—Callate mierda— respondí
entre en la cocina. La encimera de mármol reluce. Los armarios blancos, cerrados. La nevera inteligente emite un pequeño pitido de bienvenida. Todo ordenado. Todo limpio. Todo falso. Me acerqué a la misma cocina donde Daniel me brindaba su compañía solo para irse.
Abri el primer armario de golpe. Saque los estúpidos platos y los tire, porque tenía que aparecer el, Ahora Andy está muerto por mi culpa, Los agarre de uno en uno y los tiré al suelo. El estrépito es ensordecedor. La loza estalla contra los azulejos. Fragmentos blancos vuelan por todas partes.
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Editado: 05.06.2026