Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Prólogo: La Noche de las Cadenas Celestiales

La luna aquella noche no era un astro, sino una herida abierta en el firmamento, destilando un rojo sangriento que teñía las nubes de carmesí.

En las cumbres flotantes del Clan del Abismo, el viento no soplaba; aullaba con el dolor de los metales antiguos. Las Cadenas Celestiales, colosales estructuras forjadas con el qi primordial de nueve dragones ancestrales que unían las islas al cielo mismo, vibraban con una frecuencia ominosa. Durante diez mil años, ese linaje de Nivel 7 (Integración del Dao) había guardado el equilibrio entre los reinos mortales y los dominios celestiales. Eran los cerrojos que impedían que el caos del vacío devorara el continente de Yunlan.

Esa noche, los cerrojos fueron forzados.

Zhuo Tianfeng, Gran Elder de la Alianza Eterna, caminaba por la Plaza Central del Palacio del Abismo con la serenidad de un dios y la frialdad de un verdugo. Su túnica blanca, bordada con nubes de oro, no tenía una sola mancha, a pesar de que a su alrededor el aire ya olía a ozono y muerte. En su mano derecha sostenía un pergamino imperial falso, pero en su interior latía un poder oscuro de Nivel 8 (Tribulación Trascendental).

—Hoy —declaró Zhuo Tianfeng, y su voz resonó en cada rincón del continente como un decreto divino—, el Cielo ha dictado sentencia. El Clan del Abismo ha caído en la herejía de la ocultación. Han retenido el Corazón del Abismo, un tesoro que por derecho pertenece a quienes dictan el orden en Yunlan. Por la pureza del Dao, este mundo debe ser purgado.

El Patriarca Xuan Hongtian soltó una carcajada que hizo crujir los cimientos de la isla flotante. Su aura de Integración del Dao se expandió, desafiando la presión opresiva de la Alianza.

—¿Pureza? ¿Tú, que has compartido mi mesa como hermano durante décadas, hablas de pureza? —Hongtian escupió sangre plateada—. Zhuo Tianfeng, tu ambición ha superado los límites del cielo. No buscas justicia, buscas la batería eterna para tu propia ascensión al Nivel 9.

—Si el precio de la divinidad es tu extinción, es un precio que pagaré con gusto —respondió Zhuo Tianfeng.

Levantó una mano y el cielo se partió. Miles de cultivadores de la Alianza Eterna descendieron de las sombras, sus auras combinadas formando una formación de grado divino que bloqueó toda salida.

Entonces cayó la primera cadena.

Un estruendo ensordecedor, capaz de romper los tímpanos de cualquier cultivador por debajo del Nivel 4, sacudió el mundo. La cadena dorada del Norte se partió, liberando un qi negro y caótico que convirtió la noche en un infierno de relámpagos de vacío. Los discípulos del Clan del Abismo gritaron cuando sus meridianos, vinculados a la energía de la isla, comenzaron a implosionar.

—Matad a los guerreros. Sellad a los ancianos —ordenó Zhuo Tianfeng—. Pero traedme vivo al joven maestro Xuan Ye. Y buscad la Esencia de Fénix Eterno. Sin la llave, el motor es inútil.

La masacre fue absoluta. El Palacio del Abismo, una maravilla de diez mil años, se convirtió en una pira funeraria.

En el corazón de la tormenta, Xuan Hongtian luchaba con la espada “Abismo Devorador”, segando vidas de nivel Alma Naciente como si fueran hierba. A su lado, la Dama del Fénix, su esposa de cabello plateado, protegía a un niño de apenas un año. Su abanico de plumas llameantes creaba una cúpula de fuego sagrado que repelía incluso los ataques de nivel Transformación Divina.

—Llévalo lejos —le susurró ella a su esposo, sus ojos brillando con una resolución suicida—. El Corazón está bloqueado, pero él es el futuro de nuestra sangre.

Hongtian miró a su hijo, Xuan Ye. El bebé no lloraba; sus ojos dorados como oro fundido observaban las cenizas con una calma aterradora, como si ya estuviera grabando cada rostro de los asesinos en su alma.

—Activaremos las Cadenas del Destino Invertido —rugió el Patriarca.

Usando el último resto de su esencia vital, Hongtian y la Dama del Fénix forzaron una grieta en el espacio-tiempo. Las cadenas rotas del cielo respondieron al llamado de su sangre, envolviendo al niño en una esfera de qi negro y dorado.

—Vive, Xuan Ye —susurró su madre mientras lo empujaba al vacío de la grieta—. Rompe el cielo que nos traicionó. Encuentra la pluma que te devolverá el trono.

La grieta se cerró justo cuando la espada de Zhuo Tianfeng atravesaba el pecho de la Dama del Fénix. Él no mostró remordimiento, solo una codicia insaciable al sentir cómo la energía del Fénix escapaba de sus dedos.

—Se ha ido —siseó Zhuo Tianfeng—. Pero la Esencia ya ha dejado su rastro en el tejido de Yunlan. La encontraré. Y cuando su sangre alimente el Corazón del Abismo, ni siquiera los Rayos Celestiales del Nivel 9 podrán detenerme.

Xuan Hongtian, moribundo, sonrió con los dientes bañados en sangre.

—Tu victoria es un cascarón vacío, traidor. Un día… un dragón con máscara de jade negro y una dama con un abanico de fuego te enseñarán por qué el Abismo no puede ser contenido.

Una explosión de qi de Nivel 7 consumió lo que quedaba de la plaza central.

Al amanecer, el Clan del Abismo era solo una leyenda quemada. Zhuo Tianfeng se limpió las manos y anunció al mundo la "restauración del orden".

Pero en una aldea remota del Sur, en la cuna de la Familia Su, una niña recién nacida dejó de llorar cuando una marca sutil en forma de pluma de fénix brilló en su muñeca antes de hundirse en sus poros. Y en una grieta del vacío, un niño apretaba un fragmento de cadena rota con tanta fuerza que su sangre dorada comenzó a teñir el metal de negro.

Dos destinos que el Nivel 8 intentó extinguir.

Dos linajes que la Resonancia de Sangre volvería a unir.

La Noche de las Cadenas Celestiales había terminado.

La cuenta regresiva para la caída de Zhuo Tianfeng acababa de empezar.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 28.04.2026

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