El aire en el Pico de la Luna era inusualmente denso. Las noticias del interrogatorio fallido de Xuan Ye se habían filtrado por la secta como un veneno lento, y Su Qingwan podía sentir las miradas clavadas en su espalda mientras caminaba hacia la plaza de formación. Vestía un traje de caza de cuero espiritual color azabache, ceñido a su figura esbelta, pero permitiendo la movilidad de un fénix en vuelo. Su abanico de plumas de fénix, colgado de su cintura, vibraba con una impaciencia contenida.
—Hermana Su, espero que tus habilidades con el arco sean mejores que tu capacidad para elegir sirvientes —dijo Bai Lingyue, apareciendo entre la multitud. La Doncella de Jade llevaba una túnica blanca impecable, incluso para una cacería en el bosque húmedo.
Qingwan se detuvo y la observó con un desprecio tan pulido que Lingyue retrocedió un paso.
—Lingyue, querida, tu obsesión por mi sirviente es casi tan vergonzosa como ese tono de blanco que llevas. Te hace parecer una aparición de baja categoría —respondió Qingwan, ajustando sus guantes de seda—. En cuanto a la cacería, no te preocupes. Estoy acostumbrada a lidiar con bestias. Algunas tienen garras, y otras, como tú, simplemente usan una lengua bífida.
El Descenso al Bosque de los Lamentos
La cacería consistía en recolectar Núcleos de Bestia de Nivel 2. Qingwan fue asignada a una zona profunda del bosque, casualmente la más peligrosa. No se le permitió llevar a Xuan Ye, quien supuestamente seguía "recuperándose" del interrogatorio en el Pico Desolado.
Sin embargo, apenas Qingwan se internó en la espesura de árboles milenarios cuyos troncos parecían rostros gritando, la Marca del Fénix comenzó a emitir un calor rítmico.
"Estás cerca, idiota leal", pensó ella, una sonrisa dandy asomando en sus labios.
Sombras entre las Hojas
A tres kilómetros de allí, oculto en las copas de los árboles, Xuan Ye se movía sin que una sola hoja temblara. Ya no era el sirviente encadenado. Su máscara de jade negro brillaba con un lustre siniestro. Había detectado a tres asesinos de la Alianza Eterna que se habían infiltrado como discípulos externos de la Secta del Viento Cortante.
—La señorita quiere un núcleo de Bestia de Rayo —susurró Xuan Ye, su voz siendo un gruñido metálico—. Pero yo voy a darle algo mejor: el silencio de sus enemigos.
Xuan Ye descendió sobre el primer asesino. No hubo pelea. Sus dedos se cerraron sobre la nuca del hombre y, con un movimiento de Brutalidad Silenciosa, le rompió los meridianos del cuello. El asesino murió sin saber quién lo había golpeado.
La Resonancia Táctica: El Ojo del Fénix
Qingwan se encontró rodeada por una manada de Lobos de Sombra. Su nivel 5 de Condensación no era suficiente para enfrentarse a seis bestias de nivel 2 simultáneamente. Fue entonces cuando cerró los ojos y activó la Resonancia Táctica.
A través de la marca, la visión de Qingwan se expandió. Pudo ver el bosque desde la altura, desde la perspectiva de Xuan Ye. Vio los puntos ciegos de los lobos y, lo más importante, sintió el flujo de Qi de Xuan Ye fluyendo hacia ella como un torrente.
—Gracias por el préstamo, Xuan —murmuró.
Qingwan desplegó su abanico. Con una elegancia letal, lanzó una ráfaga de fuego blanco que no solo quemó a los lobos, sino que los desintegró en cenizas finas. Sus movimientos eran tan precisos que parecía que el bosque mismo se apartaba para dejarla pasar.
La Trampa de Lingyue
En el clímax de la cacería, Bai Lingyue apareció en un claro, sosteniendo un artefacto de la Alianza: la Red de Almas de Jade.
—Se acabó el teatro, Qingwan —siseó Lingyue, su rostro divino retorcido por la envidia—. Aquí no hay testigos. Ni tu sirviente ni tu familia pueden salvarte de esto.
Lingyue lanzó la red, que brillaba con una luz verde enfermiza. Pero Qingwan no se movió. Simplemente señaló hacia el árbol que estaba detrás de Lingyue.
—Yo no necesito que me salven, Lingyue —dijo Qingwan, abanicándose con calma—. Pero tú sí vas a necesitar un muy buen médico... o un enterrador.
Desde la sombra del árbol, una mano gigantesca salió disparada y atrapó la Red de Almas en el aire, aplastándola como si fuera papel. Xuan Ye emergió de la oscuridad, su máscara de jade negro goteando una sustancia oscura que no era sangre, sino Qi del Abismo condensado.
Lingyue cayó de espaldas, el terror nublando sus ojos. —¿Tú...? ¿Cómo has llegado aquí? ¡Los sellos del Pico Desolado deberían haberte matado!
Xuan Ye se acercó a ella, su presencia haciendo que la hierba a su alrededor se marchitara.
—Tus sellos son tan débiles como tu fe —dijo Xuan Ye, levantando a Lingyue por el cuello—. La señorita Qingwan dijo que te dejara vivir una vez más. Pero ha olvidado mencionar que no me prohibió quitarte la lengua.
—¡Xuan, basta! —la voz de Qingwan resonó en el claro, firme, pero con un matiz de cansancio—. No ensucies este lugar con su basura. Déjala que vuelva a la secta arrastrándose. El miedo es un castigo más elegante que la muerte.
Xuan Ye soltó a Lingyue, quien huyó sollozando por el bosque. El joven se giró hacia Qingwan y, en un instante, su aura asesina desapareció, volviendo a su postura encorvada.