Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

CAPÍTULO 23: EL PROTOCOLO DEL LOTO MECÁNICO

El mercado de la Ciudad de los Suspiros de Cobre olía a una mezcla embriagadora de incienso de sándalo y aceite de motor caliente. Era una de las pocas ciudades fronterizas donde la cultivación tradicional de Qi se encontraba de frente con la ingeniería proscrita de las Tierras del Sur. Para cualquier otro noble, este lugar sería un tugurio ruidoso; para Su Qingwan, era un tablero de ajedrez lleno de piezas nuevas.

Qingwan caminaba entre la multitud, su abanico de plumas de fénix moviéndose con una lentitud rítmica que contrastaba con el frenesí a su alrededor. Vestía un conjunto de seda carmesí con bordados de engranajes dorados, un guiño sutil a la estética del lugar que solo ella se atrevería a lucir con tal gracia.

A tres pasos exactos detrás de ella, Xuan Ye era una presencia gélida. Su máscara negra ocultaba cualquier expresión, pero la forma en que sus dedos rozaban las cadenas en su cintura indicaba que estaba en alerta máxima. Para él, cada artesano con un martillo era una amenaza potencial para su señora.

—Relájate, Xuan —dijo Qingwan sin mirar atrás—. Si alguien intenta matarme aquí, lo hará con una ballesta de repetición de vapor o con un veneno de combustión lenta. Tus cadenas son demasiado... ruidosas para este ambiente.

—Mi deber es su seguridad, lady Su —respondió él con su característica voz monocorde.

—Tu deber es ser mi sombra, y las sombras no deben verse tan tensas. Aprende a disfrutar del caos; hay una aritmética deliciosa en el desorden.

I. El Invitado No Deseado

Se detuvieron ante una casa de té que colgaba precariamente sobre un canal de agua hirviente, impulsada por enormes ruedas de paletas de bronce. En el interior, los esperaba un hombre conocido como "El Arquitecto de Sombras", un antiguo informante del linaje Su que se decía poseía el primer mapa de los fragmentos del Espejo del Cielo.

El hombre, de piel curtida y manos reemplazadas por delicados dedos articulados de latón, los observó con desconfianza.

—La última de los Su —siseó el Arquitecto—. Pensé que las llamas de la Noche de las Cadenas Celestiales habían consumido hasta el último rastro de elegancia de tu familia.

Qingwan se sentó con una fluidez que hizo que el taburete de madera crujiente pareciera un trono de jade. —La elegancia es una constante, querido. Como la gravedad. Puedes intentar ignorarla, pero eventualmente te pondrá en tu sitio.

Sacó un pequeño cubo de metal de su manga: un rompecabezas de niveles, una reliquia de su familia que requería una secuencia precisa de flujo de Qi para abrirse. Lo deslizó sobre la mesa.

—Quiero la ubicación del primer fragmento. A cambio, te daré la clave para estabilizar el reactor de vapor de esta ciudad. Sé que está fallando. Mis cálculos indican que tienes menos de setenta y dos horas antes de que la presión convierta este mercado en un cráter.

El hombre palideció. Sus dedos mecánicos chasquearon rítmicamente. —¿Cómo podrías saberlo?

—Observación simple —dijo ella, cerrando su abanico—. La frecuencia del zumbido en los canales ha subido tres octavas desde que entramos. El vapor que sale de las rejillas es demasiado seco. La eficiencia del sistema está cayendo en una espiral logarítmica. Soy una Su; leo el mundo en patrones, no en apariencias.

II. Una Trampa de Engranajes

Justo cuando el Arquitecto iba a responder, el techo de la casa de té estalló. No fue una explosión de fuego, sino de aire a presión. Cuatro asesinos con armaduras ligeras de cuero y bronce descendieron, sus espadas conectadas a pequeños tanques en sus espaldas que hacían que sus movimientos fueran inhumanamente rápidos.

Eran "Cazadores de Vapor", mercenarios enviados por la Corte de los Susurros.

Xuan Ye se movió antes de que el primer asesino tocara el suelo. Sus cadenas salieron disparadas, envolviendo el brazo mecánico de uno de los atacantes. Pero esta vez, el enemigo estaba preparado. El asesino activó una válvula y un chorro de vapor ardiente recorrió la cadena, buscando quemar las manos de Xuan Ye.

—¡Xuan, el ángulo de incidencia! —gritó Qingwan, sin levantarse de su asiento.

Xuan Ye no necesitaba más. En lugar de soltar la cadena, la tensó y usó el propio vapor del enemigo para crear un látigo térmico. Giró sobre su eje, golpeando a los otros tres atacantes con el eslabón al rojo vivo.

Pero los asesinos eran persistentes. Uno de ellos logró flanquear a Xuan y se lanzó directamente contra Qingwan.

Ella no se movió. Ni siquiera parpadeó.

Cuando la espada del asesino estaba a escasos centímetros de su cuello, Qingwan abrió su abanico. No para bloquear, sino para redirigir. Con un movimiento circular de su muñeca, canalizó una pequeña chispa de su Fuego de Fénix hacia la válvula del tanque del asesino.

No hubo una explosión masiva. Solo un siseo. La válvula se congeló por el calor extremo (una paradoja térmica que solo Qingwan dominaba) y el mecanismo del asesino se bloqueó en seco, dejándolo suspendido en el aire, paralizado por su propio equipo.

—Fricción nula, resultado nulo —sentenció ella, dándole un empujón elegante con el abanico para que el hombre cayera al canal hirviente.

III. El Pacto de Sangre y Vapor

Xuan Ye terminó con los demás en cuestión de segundos. Su eficiencia era brutal, casi mecánica, como si se estuviera adaptando al entorno industrial de la ciudad. Se detuvo frente a Qingwan, jadeando levemente. Una gota de sangre ajena manchaba su máscara.

Qingwan se levantó y, con un pañuelo de seda, limpió la mancha de la máscara de su protector. Fue un gesto innecesariamente íntimo que hizo que el pulso de Xuan Ye saltara, algo que ella notó con una sonrisa interna.

—Gracias, mi sombra. Has estado... aceptable.

El Arquitecto, aterrorizado por la demostración de poder y cálculo, entregó un pergamino de cuero viejo. —Tómalo. Está ahí. El Fragmento de Cristal... en el Templo de las Mil Reflexiones. Pero ten cuidado, lady Su. Ese lugar no responde a la lógica. Responde al dolor.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 09.06.2026

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