Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Capítulo 25: El Sendero del Violeta y la Plata

La cueva de cristal, que antes parecía una tumba, se había transformado en un santuario. La luz azulada de las paredes rebotaba en el metal oscuro del Hierro Trueno que ahora corría, procesado y puro, por el sistema circulatorio de Xuan Ye.

Qingwan se despertó no por el frío, sino por el calor excesivo. Estaba envuelta en la capa de Xuan, una prenda que olía a ozono y a la tormenta que él mismo era. Al abrir los ojos, lo primero que vio no fue la roca, sino el pecho de Xuan Ye. Estaba sentado, con la espalda contra la pared, velando su sueño. Su mano, ahora libre de cualquier temblor, descansaba suavemente sobre el cabello de ella, acariciando las hebras azabaches con una paciencia infinita.

—Has dormido cuatro horas —susurró él. Su voz era una caricia profunda que vibró en el pecho de Qingwan—. Tu pulso se ha estabilizado, pero tu Qi todavía se siente como seda mojada. No te esfuerces.

Qingwan intentó incorporarse, pero él la retuvo suavemente, con una firmeza que no admitía discusión pero que se sentía como un abrazo.

—Xuan, no podemos quedarnos aquí —dijo ella, aunque su cuerpo agradecía el descanso—. Los Censores de Plata no se detendrán. Lysander enviará a alguien más fuerte que un escuadrón de exploración.

Xuan Ye se inclinó, su rostro quedando a milímetros del de ella. La miró con una intensidad que hizo que Qingwan olvidara cómo respirar. Ya no era la mirada de un siervo esperando órdenes; era la mirada de un depredador que acababa de decidir que ella era su único tesoro.

—Que envíen a quien quieran —respondió él con una calma aterradora—. He pasado años limitando mi fuerza para no romperte a ti o al mundo. Pero ahora... ahora que sé que me quieres a tu lado, ya no tengo motivos para ser paciente con nuestros enemigos.

Él tomó la mano de Qingwan. Con una delicadeza que contrastaba con su inmenso poder, empezó a masajear sus dedos, uno por uno, usando pequeños impulsos de su nuevo Qi estabilizado para disolver la rigidez de los meridianos de ella.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, sorprendida por la sensación de alivio inmediato.

—Te estoy cuidando —respondió él, como si fuera la cosa más lógica del mundo—. Siempre has sido tú quien cargaba con el peso de la estrategia, de la elegancia, de la supervivencia. Ahora es mi turno de llevarte a ti. Si el camino es difícil, yo seré tu suelo. Si el aire es veneno, yo seré tu aliento.

El Desayuno de los Exiliados

Linne apareció en la entrada de la cámara, deteniéndose en seco al ver la escena. La ferocidad que Xuan Ye había mostrado contra el Maestro Vulkhor seguía latente en su aura, y la chatarrera no se atrevía a dar un paso más.

—Traigo... suministros —dijo Linne, dejando una bolsa de cuero en el suelo y retrocediendo un paso—. Raciones de viaje de las forjas. Pan de piedra y agua destilada de Qi. No es seda, pero es lo que hay si no queréis morir de hambre antes de llegar al Valle.

Xuan Ye se levantó. Su altura y su presencia parecían llenar la cueva. Caminó hacia la bolsa, y aunque no hizo ningún gesto agresivo, Linne volvió a retroceder. Para el mundo, Xuan Ye ahora era el Rey del Abismo, un ser que inspiraba un terror primario.

Pero cuando regresó al lado de Qingwan, su expresión cambió totalmente. Se sentó a su lado, partió el pan con cuidado y se lo ofreció, asegurándose de que ella comiera primero.

—Prueba esto —le dijo, su voz volviéndose dulce solo para sus oídos—. Tiene un regusto a canela silvestre. Te dará fuerza.

Qingwan lo observó, fascinada. Era una dualidad perfecta: un demonio para el mundo, un caballero para ella. El "Dandy" que ella solía ser se sentía pequeño ante la honestidad brutal de este hombre.

—Xuan... no tienes que ser tan... consentidor —murmuró ella, sintiendo sus mejillas arder—. Sé cuidarme sola. He sobrevivido a la caída de mi casa.

—Lo sé —respondió él, acercándose para limpiarle una migaja de la comisura de los labios con el pulgar—. Pero no lo hiciste porque quisieras, sino porque tenías que hacerlo. Ahora quiero que sepas que, mientras yo respire, no tendrás que 'sobrevivir' nunca más. Solo tendrás que vivir.

El Mapa del Valle de los Espejos

Después de comer, Linne les desplegó un mapa hecho en cuero de bestia voladora. El Dominio de los Vientos de Plata se veía complejo, un laberinto de corrientes ascendentes y vórtices eléctricos.

—El Valle de los Espejos no es un lugar físico convencional —explicó Linne, señalando una zona donde las líneas del mapa se volvían circulares—. Es una anomalía óptica y espiritual. Está protegido por la Secta de los Espejos Celestiales. Ellos no usan espadas; usan tu propia mente contra ti.

—La técnica que buscamos —intervino Qingwan, recuperando su enfoque analítico— es la "Simbiosis de la Luna y el Vacío". Mi padre dejó notas que sugerían que allí se puede aprender a entrelazar dos núcleos diferentes sin que se destruyan.

Xuan Ye miró el mapa. Su dedo trazó una ruta que evitaba todas las ciudades principales. —Iremos por las Cascadas de Mercurio. Es un camino más largo, pero la densidad del metal líquido ocultará mi rastro abisal de los radares de Aethelgard.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 09.06.2026

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