Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Capítulo 32: El Duelo de los Cielos Caídos

El descenso de Lysander no fue violento. El Juez de Plata flotó desde su balcón como una pluma de metal, aterrizando en el centro de la plaza sin desplazar un solo grano de polvo. Su máscara de plata, lisa y sin facciones, reflejaba el fulgor púrpura de sus oponentes, convirtiéndolos en dos manchas distorsionadas en su rostro de espejo.

—Habéis ensuciado mi ciudad con vuestra resonancia —dijo Lysander. Su voz era como el choque de dos cristales: fría, perfecta y carente de alma—. La simbiosis es un error biológico. Es el caos intentando disfrazarse de armonía.

Xuan Ye dio un paso al frente, su daga de obsidiana vibrando con un hambre negra. El Hierro Trueno bajo su piel latía con tanta fuerza que el suelo de mármol a sus pies comenzó a agrietarse.

—El caos es lo que sucede cuando intentas embotellar la vida, Juez —gruñó Xuan Ye—. Nosotros no somos un error. Somos la consecuencia de tu arrogancia.

Qingwan, sin embargo, no atacó de inmediato. Sus ojos estaban fijos en un objeto que colgaba del cuello de Lysander, medio oculto tras su capa de mercurio sólido. Era un relicario de jade blanco, tallado con la forma de un fénix durmiente.

—Ese relicario... —la voz de Qingwan tembló, algo que Xuan Ye sintió instantáneamente a través de su vínculo—. Es el Corazón de la Luna Eterna. Pertenecía a mi madre. Se dijo que se perdió en el incendio del Palacio Carmesí.

El Secreto del Juez

Lysander soltó una risa gélida y llevó su mano enguantada al relicario.

—¿Perdido? No, Su Qingwan. Fue entregado. Tu madre entendió que la sangre del fénix era demasiado inestable para el nuevo mundo que yo estaba construyendo. Ella me dio su núcleo para que yo pudiera alimentar el sol artificial de Aethelgard.

—¡Mientes! —gritó Qingwan, lanzando una ráfaga de fuego carmesí con su abanico.

Lysander simplemente levantó un dedo. Una pared de luz blanca absoluta absorbió el ataque sin esfuerzo.

—La verdad suele quemar más que tu fuego, niña. Tu linaje no fue destruido por el Cónclave; fue sacrificado por su propia soberana para comprar la "paz" que hoy disfrutáis. El Rayo Blanco que tanto odias... se alimenta de la esencia de tu propia madre.

El mundo de Qingwan se tambaleó. El Qi en sus venas se volvió errático, y el aura púrpura que la rodeaba empezó a parpadear. La duda, el veneno más letal para un cultivador, estaba empezando a fracturar su base.

El Ancla del Abismo

Antes de que Qingwan cayera en la desesperación, sintió una mano firme y cálida en su cintura. Xuan Ye la atrajo hacia su pecho, envolviéndola en su capa y en su olor a ozono y bosque.

—No escuches sus mentiras de metal, Qingwan —susurró Xuan Ye al oído de ella, su voz inundando sus sentidos y estabilizando su pulso—. Aunque fuera cierto, él es quien sostiene el relicario ahora. Él es quien usa esa vida como combustible. Si él es el orden, entonces nosotros seremos la destrucción que traiga la justicia.

Xuan Ye miró a Lysander con un odio que hizo que la temperatura de la plaza bajara diez grados.

—Ella no está sola, Juez. Y no está rota. Porque su dolor es mi dolor, y mi vacío se tragará tu luz.

El Choque de Divinidades

La batalla estalló. Lysander invocó su lanza, el Filo de la Perfección, una hoja de luz que cortaba la realidad misma. Se movió con una velocidad que desafiaba la visión humana, pero la Simbiosis de Qingwan y Xuan Ye respondió con una fluidez sobrenatural.

Xuan Ye actuaba como el escudo inamovible, bloqueando los tajos de luz con sus antebrazos reforzados, mientras Qingwan, recuperando su enfoque gracias al apoyo de Xuan, tejía redes de fuego púrpura que limitaban el movimiento del Juez.

—Danza del Fénix Oscuro —exclamó Qingwan.

Se elevó en el aire, sus alas de energía púrpura desplegándose con una envergadura de diez metros. Desde arriba, lanzó plumas de fuego estelar que estallaban como granadas de vacío al tocar el escudo de Lysander. Abajo, Xuan Ye se convirtió en un torbellino de sombras, atacando los puntos ciegos del Juez con una ferocidad que obligó a Lysander a retroceder por primera vez.

—¡Basta de juegos! —rugió Lysander, perdiendo su compostura—. ¡Juicio Final!

El cielo de Aethelgard se iluminó con una descarga masiva de rayos blancos descendentes. Era un ataque de área diseñado para desintegrar todo lo que no fuera "puro".

El Sacrificio y la Verdad

Qingwan vio venir el rayo principal hacia Xuan Ye, que estaba ocupado reteniendo la lanza de Lysander. Sin dudarlo, ella se lanzó frente a él, usando su abanico para desviar la descarga, pero el impacto fue tan fuerte que su hombro izquierdo crujió y el relicario en el cuello de Lysander brilló con una nota discordante.

En ese momento de contacto, una visión inundó la mente de Qingwan a través del relicario: su madre, encadenada no por odio, sino por una promesa traicionada por Lysander. Él no recibió el núcleo; él lo robó mientras ella agonizaba.

—¡Lo robaste! —gritó Qingwan, su Qi estallando en un tono violeta casi negro—. ¡Toda tu ciudad es un parásito!



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 29.06.2026

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