Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Capítulo 38: El Banquete de las Dos Coronas

La Ciudad Esmeralda había cambiado. Las espinas venenosas de Viridia habían sido reemplazadas por flores de loto de fuego que Qingwan plantó con su propio Qi, creando un oasis de luz carmesí en medio del bosque. Para celebrar la liberación de los cautivos y la unificación de los clanes, Qingwan ordenó un banquete que quedaría grabado en los anales de Yunlan.

Las mesas de madera tallada se extendían bajo el Gran Árbol Madre. Los ancianos rescatados, encabezados por la vieja Susi, vestían sus mejores galas recuperadas. El aire olía a vino de ciruela y a la ozono dulce que emanaba de la pareja soberana.

Qingwan vestía un traje de gala que era una obra maestra de la "Seda de Fénix": un vestido rojo profundo con bordados de oro que parecían moverse como llamas reales. A su lado, Xuan Ye lucía una túnica de general de seda negra, pero su brazo derecho estaba oculto tras una manga reforzada con placas de obsidiana.

El Reencuentro con el Pasado

Antes de que comenzara el brindis, Susi, la mujer que había acunado a Qingwan cuando era un bebé, se acercó al trono. Sus manos temblaban, pero sus ojos estaban llenos de una claridad feroz.

—Mi pequeña soberana —susurró Susi, inclinándose—. Has vuelto con el fuego de los dioses. Pero... —miró a Xuan Ye, quien permanecía impasible como una estatua de sombras—. Este hombre no tiene el linaje de los reyes. Los clanes murmuran que es un "verdugo" que te ha hechizado con su abismo.

Qingwan sintió la tensión de Xuan Ye a través de la simbiosis. Ella tomó la mano de Xuan —la mano marcada por la plata— y la entrelazó con la suya frente a todos.

—Susi, querida —dijo Qingwan con una voz que proyectó a cada rincón de la plaza—. Xuan Ye no me hechizó. Él me despertó. Si el linaje de los reyes no fue suficiente para salvarnos de Lysander, entonces es hora de que Yunlan aprenda a respetar el linaje del sacrificio.

El Brindis de la Sangre y la Sombra

El General Kaelen se puso en pie, levantando su copa de plata. El silencio cayó sobre el banquete.

—Hemos visto al Fénix arder —dijo Kaelen, mirando directamente a Xuan Ye—. Y hemos visto a la Sombra proteger el nido. No soy un hombre de palabras dulces, pero un guerrero reconoce a otro. Xuan Ye, has demostrado que tu vacío tiene más honor que toda la plata de Aethelgard.

Kaelen se arrodilló, y tras él, los otros generales del sur hicieron lo mismo. Fue el reconocimiento oficial: el antiguo esclavo ya no era un paria; era el Príncipe Consort del Rescoldo.

Xuan Ye se levantó. Su presencia era tan densa que las llamas de las antorchas se inclinaron hacia él.

—No busco vuestras coronas —dijo Xuan, su voz resonando con una humildad peligrosa—. Solo busco que el suelo que ella pisa sea seguro. Si aceptáis mi protección, aceptáis mi oscuridad. Porque mientras yo respire, nadie volverá a ponerle una cadena a este pueblo.

Bebieron juntos, sellando una alianza que unía el fuego antiguo con el abismo moderno.

Un Momento de Intimidad en el Caos

Más tarde, cuando la música de los laúdes llenaba el aire y los soldados celebraban, Qingwan y Xuan Ye se retiraron a un balcón que miraba hacia las Tierras del Rescoldo.

—Lo has logrado —susurró Xuan Ye, rodeándola por la cintura. Su brazo de plata latía con un brillo azulado bajo la ropa, pero él lo ignoró—. Tu pueblo te ama.

Qingwan se apoyó en su pecho, cerrando los ojos. —Nos aman, Xuan. Pero siento que el brazo te duele más de lo que admites. Esa plata... está intentando transformarse en algo más.

Xuan Ye suspiró, besando la coronilla de ella. —Es el precio de haber tragado el rayo de un dios. Pero no importa. Mañana los otros tres Reyes del Cónclave enviarán sus términos. Saben que hemos tomado dos ciudades de las cinco.

—No aceptaremos términos —dijo Qingwan, sus ojos encendiéndose—. Iremos por la Secta de las Aguas Profundas. Mi madre siempre decía que el fuego se templa en el agua, y es hora de recuperar lo que queda de nuestra flota.

La Sombra en el Horizonte

El momento romántico fue interrumpido por la llegada de un mensajero. No era un soldado, sino un constructo de agua pura que se materializó en el centro del balcón. El agua tomó la forma de una mujer con ojos de zafiro: la Zarina Nerea, soberana de los mares de Yunlan.

—Felicidades por vuestro banquete, "reyes" de ceniza —dijo la proyección de agua, su voz burbujeante y distante—. Habéis quemado la madera y roto la plata. Pero el océano no arde, y el abismo es mi hogar desde antes de que ese esclavo naciera. Si queréis mis aguas, venid a buscarlas... pero traed ataúdes, porque el fénix se ahoga en mi reino.

La proyección estalló en mil gotas, empapando el vestido de Qingwan.

Xuan Ye apretó su daga de obsidiana, sus ojos brillando con una furia fría. —Parece que la cena ha terminado.

Qingwan sonrió, limpiándose una gota de agua de la mejilla. —Entonces es hora de que el Fénix aprenda a nadar, y el Abismo... a reclamar su profundidad.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 29.06.2026

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