Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Capítulo 39: El Abismo Bajo el Mar

La costa del Mar de Cristal no tenía arena, sino fragmentos de coral negro que crujían bajo las botas de los soberanos. El océano no era azul, sino de un azul marino tan profundo que parecía tinta, y las olas no rompían; golpeaban la costa con una pesadez antinatural.

Qingwan observaba el horizonte, donde las luces de las ciudades submarinas de Nerea brillaban como estrellas lejanas bajo la superficie. Sentía su fuego contenido, una llama pequeña que luchaba contra la humedad salina que lo envolvía todo.

—Mi poder está al treinta por ciento —admitió Qingwan, ajustándose su túnica de seda hidrofóbica—. Si entramos ahí abajo, soy una presa fácil, Xuan.

Xuan Ye se acercó a ella. Su brazo de plata emitía pulsaciones rítmicas, como si el agua estuviera llamando al rayo que llevaba dentro. Con un gesto fluido, extendió su mano y creó una esfera de Vacío Estelar.

—No vas a entrar sola —dijo él, su voz resonando dentro de la burbuja de energía—. El abismo no tiene peso, ni presión, ni agua. Seré tu atmósfera.

El Descenso a la Oscuridad

Se sumergieron. La burbuja de Xuan Ye cortaba el océano como un cuchillo caliente a través de la grasa. A medida que descendían, la luz del sol desaparecía, reemplazada por la luminiscencia de medusas gigantes y bosques de algas que se movían como dedos hambrientos.

La presión fuera de la burbuja era inmensa, capaz de aplastar el acero, pero dentro, Qingwan respiraba el aire que Xuan Ye filtraba para ella. Estaban tan cerca que sus cuerpos se rozaban; ella podía sentir el calor de la piel de él y él podía sentir el latido acelerado del corazón de ella.

—Es hermoso... y aterrador —murmuró Qingwan, pegando su mano a la superficie de la burbuja mientras observaba un leviatán de cristal pasar sobre ellos.

—Es el reino de Nerea —respondió Xuan Ye, sus ojos dorados escaneando la oscuridad—. Aquí, ella es la ley. Pero ha olvidado que el vacío es el padre de todos los elementos.

La Emboscada de las Sombras de Agua

A mil metros de profundidad, el ataque comenzó. No fueron flechas, sino proyectiles de agua sólida que golpeaban la burbuja con la fuerza de meteoritos. Los Guardianes de Coral, guerreros con armaduras hechas de conchas irrompibles y tridentes de zafiro, emergieron de las grietas del lecho marino.

—¡Intrusos! —rugió el líder de la guardia, su voz transmitida por vibraciones que hacían vibrar los huesos de la pareja—. ¡El mar no acepta el fuego del cielo!

Xuan Ye no esperó. Usó su brazo de plata para canalizar un latigazo de Rayo Conductor. Al estar bajo el agua, la electricidad se expandió con una velocidad aterradora. El rayo blanco, ahora mezclado con el púrpura estelar, electrocutó a los guardianes en un instante, dejando la zona llena de estática azulada.

—¡Xuan, tu brazo! —gritó Qingwan.

El brazo de Xuan Ye estaba brillando con una intensidad cegadora. El contacto con el agua había sobrecargado el Rayo Primordial de Lysander. Xuan Ye gruñó de dolor, sus venas resaltando como hilos de plata líquida.

El Beso del Aliento Compartido

La burbuja de vacío empezó a parpadear. El dolor de Xuan Ye estaba desestabilizando su control sobre el elemento. El agua empezó a filtrarse, fría y mortal.

Qingwan no entró en pánico. Se giró hacia él, tomó su rostro entre sus manos y lo obligó a mirarla.

—Mírame, Xuan Ye. No dejes que la plata te consuma. Usa mi fuego para templar el rayo. ¡Simbiosis, ahora!

Ella lo besó con una urgencia desesperada. No fue un beso de despedida, sino una transferencia de energía. Qingwan envió su Esencia de Fénix directamente a los pulmones de Xuan, actuando como un regulador para su poder.

El fuego de ella envolvió el rayo de él, estabilizándolo. La burbuja se expandió de nuevo, volviéndose más fuerte y brillante. Alrededor de ellos, el agua empezó a hervir, creando una barrera de vapor que los ocultó de los radares enemigos.

El Palacio de las Aguas Profundas

Superada la emboscada, llegaron a las puertas de la capital submarina: un domo de cristal gigante que albergaba una ciudad de torres de nácar. En el centro, en un trono hecho de una sola perla negra, los esperaba la Zarina Nerea.

Nerea se puso de pie, su cabello de agua moviéndose como si tuviera vida propia. Sus ojos de zafiro estaban llenos de una curiosidad maligna.

—Habéis sobrevivido a la presión y al rayo —dijo Nerea, su voz llenando todo el domo—. Pero habéis entrado en mi pulmón. Aquí, el aire es mi voluntad. Si dejáis de luchar ahora, os daré una muerte rápida. Si no... os convertiré en estatuas de sal para decorar mi jardín.

Xuan Ye dio un paso al frente, su brazo de plata ahora goteando una mezcla de sombra y electricidad. Qingwan abrió su abanico, que ahora emitía un vapor carmesí capaz de derretir el cristal.

—Nerea —dijo Qingwan, su voz recuperando toda su elegancia imperial—. El océano es vasto, pero incluso el mar tiene un fondo. Y hoy, vas a descubrir que nosotros somos lo que se esconde debajo.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 29.06.2026

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