El viaje hacia la Secta de la Nube Flotante no fue a través de senderos de flores, sino cruzando valles donde la hierba se volvía ceniza al contacto con el aire. El cielo de Yunlan, ahora un manto perpetuo de gris plomizo con vetas púrpuras parecía pesar sobre los hombros de los sobrevivientes.
La Secta de la Nube Flotante se alzaba sobre siete picos que flotaban gracias a antiguas formaciones magnéticas. Era un lugar de eruditos, historiadores y cultivadores que preferían la pluma a la espada. Habían permanecido neutrales durante la caída del Cónclave, protegidos por su aislamiento y su falta de ambición política... o eso decían.
—Qué lugar tan... pintoresco —comentó Qingwan, bajando de su palanquín de seda roja mientras se abanicaba con parsimonia—. Aunque el gusto decorativo de estos monjes deja mucho que desear. ¿Cimentaciones de piedra caliza en el siglo del Fénix? Es casi un insulto visual.
A su lado, Xuan Ye, vestido como un sirviente de alto rango, pero con una máscara de dragón que hacía que los guardias de la entrada retrocedieran involuntariamente, ajustó la capa de Qingwan. Sus ojos dorados escanearon los picos flotantes con una frialdad absoluta.
—Hay ojos en las nubes, Qingwan —susurró Xuan Ye—. No son guardias. Son espías con Qi de observación de alto nivel.
—Déjalos que miren —respondió ella con una sonrisa ácida—. Que aprendan cómo luce una verdadera soberana antes de que les queme sus preciosos pergaminos.
La Humillación del "Genio"
En la entrada del Pabellón de la Sabiduría Eterna, un joven maestro llamado Liu Wei, conocido como el mayor prodigio en leyes de cultivo de la secta, les cerró el paso. Vestía túnicas de seda blanca inmaculada y sostenía un pincel de jade como si fuera un cetro.
—Deteneos —ordenó Liu Wei, mirando a Qingwan con un desdén mal disimulado—. La Secta de la Nube Flotante no acepta refugiados de las guerras del sur, por muy "imperiales" que se autoproclamen. Aquí solo entra quien posea una mente pura, no guerreros sedientos de sangre.
Qingwan cerró su abanico con un chasquido seco. Caminó hacia Liu Wei, invadiendo su espacio personal con una elegancia que lo dejó mudo por un segundo.
—¿Mente pura? —Qingwan rió, un sonido como cristales rompiéndose—. Joven maestro Liu, su formación de "Escudo de Viento" en la entrada tiene un error de cálculo en el eje de rotación del Qi de madera. Si un Fénix estornudara cerca de su secta, estos picos flotantes caerían como piedras de río. ¿Eso es lo que llaman "mente pura" aquí? ¿Mediocridad disfrazada de paz?
Liu Wei se puso rojo de furia. —¡Cómo te atreves! ¡Nuestra formación ha durado mil años!
—Mil años de suerte —replicó Qingwan, dándole la espalda—. Xuan, el té en este lugar debe de ser tan insípido como su hospitalidad. Despeja el camino, estoy empezando a aburrirme.
La Sombra en el Sótano
Mientras Qingwan distraía a los altos mandos con su ingenio y arrogancia, Xuan Ye se desvaneció. No entró por la puerta principal. Como una mancha de tinta en un papel mojado, se filtró por las sombras de los cimientos flotantes.
En los sótanos de la secta, lejos de la luz de las antorchas, tres hombres con túnicas grises y marcas extrañas en el cuello —idénticas a los eslabones de las Cadenas Celestiales— se reunían en secreto.
—La mujer ha llegado —dijo uno de ellos—. El Maestro Zhuo Tianfeng falló, pero el Amo de la Sombra no permitirá que ella acceda a los registros de la Noche de las Cadenas.
No terminaron la frase. Una cadena de sombras brotó del suelo, rodeando el cuello del primer hombre. Xuan Ye emergió de la oscuridad, su brazo de plata brillando con un tono azul letal.
No hubo preguntas. Xuan Ye simplemente apretó. El sonido de los huesos crujiendo fue lo único que rompió el silencio del sótano. Con el segundo hombre, fue más "creativo": usó su vacío para succionar el Qi de sus pulmones lentamente, obligándolo a suplicar con los ojos mientras su cuerpo se marchitaba.
—¿Quién es vuestro Amo? —preguntó Xuan Ye, su voz como un trueno lejano.
El tercer hombre, temblando, solo alcanzó a balbucear: "La Séptima Estrella..." antes de que Xuan Ye lo redujera a polvo estelar.
El Hallazgo Prohibido
Qingwan, habiendo "convencido" a los ancianos de la secta de que su presencia era un honor que no podían rechazar, finalmente entró en la Biblioteca Prohibida. Allí, entre estanterías que olían a tiempo y magia antigua, encontró lo que buscaba.
En un rincón oculto tras una formación de ilusión de bajo nivel, yacía un pergamino medio quemado. No era un registro de cultivo, sino un diario personal.
La caligrafía era inconfundible. Era la letra de su madre.
"Zhuo cree que las cadenas son para ella. Pobre iluso. Las cadenas son el único cable que nos conecta con el Gran Parásito. Si el Fénix muere, Yunlan se desconecta y todos moriremos en el frío del vacío. Debo esconder el Espejo..."
Qingwan sintió un escalofrío. La "Noche de las Cadenas" no fue solo una masacre; fue un intento desesperado por mantener el mundo con vida a un precio atroz.