La Biblioteca Prohibida de la Nube Flotante era un laberinto de estanterías de madera de sándalo que parecían respirar. El aire estaba saturado de un Qi antiguo y polvoriento que hacía que las llamas del abanico de Qingwan chispearan con un tono violeta inquieto.
—Mi madre siempre tuvo un gusto impecable para el drama —comentó Qingwan, deslizando sus dedos sobre el marco de bronce de un objeto cubierto por una tela de seda negra en el centro de la sala—. Esconder la verdad detrás de una formación de grado cinco en una secta de bibliotecarios... es casi poético. O simplemente perezoso.
Xuan Ye apareció de entre las sombras de las estanterías superiores, aterrizando sin hacer ruido. Sus ojos dorados brillaban con una advertencia.
—El "Bibliotecario Ciego" se acerca, Qingwan. Su Qi no es de un sabio; es de un carnicero que ha aprendido a ocultar el olor de la sangre con incienso.
—Entonces dale algo de lo que ocuparse, querido —respondió ella sin mirar atrás, tirando de la tela para revelar el Espejo de la Verdad.
El Ritual de la Resonancia Ígnea
El espejo no reflejaba la realidad, sino un torbellino de niebla gris. Para activarlo, Qingwan no podía simplemente usar fuerza bruta; necesitaba una frecuencia de $Qi$ que solo el linaje Su poseía.
Se posicionó frente al cristal y comenzó a trazar runas en el aire. La complejidad del sello requería una estabilización perfecta del flujo de energía:
El fuego violeta brotó de sus manos, envolviendo el espejo. El cristal comenzó a vibrar, soltando un gemido que resonó en las paredes de la biblioteca.
El Intermedio del Monstruo
Mientras tanto, en el pasillo exterior, el Bibliotecario Ciego —un hombre de túnicas raídas y ojos vendados— se detuvo. Su bastón de madera de hierro golpeó el suelo, liberando una onda de choque de Qi de tierra.
—Nadie debe ver lo que el Espejo guarda —siseó el anciano—. Es por el bien de Yunlan.
Xuan Ye se interpuso en su camino. Ya no era el sirviente atento; era el Soberano del Vacío. Las cadenas de plata en su brazo derecho crujieron, soltando chispas negras.
—El "bien de Yunlan" murió cuando encadenasteis a su gente —dijo Xuan Ye. Su máscara de dragón pareció cobrar vida bajo la luz de los relámpagos que emanaban de su cuerpo—. Qingwan quiere ver. Y lo que ella quiere, yo se lo entrego sobre un montón de cenizas.
El anciano atacó con una velocidad que desmentía su edad, pero Xuan Ye fue más cruel. No esquivó; atrapó el bastón con su mano desnuda, permitiendo que las astillas le cortaran la piel solo para poder transmitir su Vacío Devorador directamente al arma del rival. En segundos, el bastón milenario se deshizo en polvo, y los gritos del bibliotecario fueron silenciados por una cúpula de silencio absoluto mientras Xuan Ye comenzaba a "desmontar" sus meridianos, uno a uno.
La Visión del Pasado
Dentro de la sala, el espejo finalmente se aclaró. Qingwan vio una imagen de hace veinte años.
Su madre, la gran Emperatriz Lin, estaba de pie en un balcón iluminado por la luna. Frente a ella, una figura envuelta en una túnica con el símbolo de la Séptima Estrella: un círculo con siete puntas que goteaban luz negra.
—"¿Es este el único camino, Lin?" —preguntó la sombra. Su voz era una distorsión que hacía que el espejo se agrietara—. "¿Sacrificarás a tu estirpe para alimentar al Parásito?"
—"No es un sacrificio" —respondió Lin, y Qingwan sintió un nudo en el estómago al ver la frialdad en los ojos de su madre—. "Es un contrato. Si Yunlan ha de sobrevivir al Gran Eclipse, necesita una batería de Qi puro. Mi hija... Qingwan... ella nació con el núcleo perfecto para ser el anclaje de las Cadenas Celestiales."
La visión se distorsionó. Qingwan vio a su madre entregando un pequeño frasco de esencia de fénix a la sombra, el mismo frasco que más tarde se usaría para marcar a los esclavos de Zhuo Tianfeng.
El Despertar de la Furia
El espejo estalló en mil pedazos. Qingwan se quedó en silencio, su abanico de obsidiana cerrado con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
Xuan Ye entró en la sala, con las manos aún manchadas de la esencia del bibliotecario. Se detuvo al ver la expresión de Qingwan. No era tristeza; era una furia tan refinada y helada que el aire de la habitación empezó a cristalizarse.
—Xuan —dijo ella, su voz suave y peligrosa—. Mi madre no fue la víctima de Zhuo Tianfeng. Ella fue quien le vendió las cadenas. Ella fue quien me diseñó para ser una batería... y tú...
Qingwan miró a Xuan Ye. En la visión, la sombra también mencionó un "Contenedor de Sombras".
—Tú no fuiste un error de su experimento, Xuan —continuó ella, acercándose a él—. Fuiste la tapa de mi jaula. Fuimos creados para consumirnos el uno al otro por el bien de un mundo que no merece ser salvado.
Xuan Ye bajó la cabeza, esperando el rechazo. Pero Qingwan tomó su rostro con sus manos calientes por el fuego estelar.
—Pero cometieron un error —sonrió ella con una malicia puramente dandy—. Olvidaron que un Fénix y un Dragón del Abismo, cuando se cansan de sus jaulas, suelen quemar a los arquitectos.