La entrada a la Ciénaga de las Sombras no fue marcada por una puerta, sino por un cambio en la viscosidad del aire. Lo que antes era la fértil cuenca de la Secta de Aguas Profundas, ahora era un caldo de cultivo para la "Miseria". El agua, antes cristalina, tenía la consistencia del mercurio y un color violeta aceitoso que reflejaba un cielo que ya no existía.
—Mis disculpas a la naturaleza, pero este lugar es una ofensa directa a los cinco sentidos —dijo Qingwan, caminando sobre una plataforma de energía de fénix que mantenía sus botas de cuero de dragón a diez centímetros del lodo—. Xuan, si una sola gota de ese fango toca mi dobladillo, quemaré este ecosistema entero antes de encontrar el fragmento.
Xuan Ye, cuyo brazo derecho pulsaba con una luz de plata contenida, caminaba directamente sobre el agua corrupta. Cada vez que su pie tocaba la superficie, el líquido se evaporaba en un siseo de vacío, purificado por su mera presencia.
—El Qi aquí no fluye, Qingwan. Se pudre —observó Xuan Ye, sus ojos dorados escaneando las raíces de los árboles que se retorcían como extremidades humanas—. Siento a los sobrevivientes de la Secta de Aguas Profundas. Ya no son humanos. Son nodos de entropía.
El Cálculo de la Decadencia
Para avanzar hacia el Templo Sumergido, donde se rumoreaba que descansaba el primer fragmento del Espejo del Cielo, Qingwan tuvo que recalibrar su percepción. La corrupción seguía un patrón matemático de degradación:
—La entropía está acelerada —murmuró ella, cerrando su abanico y trazando una línea de fuego en el aire—. Si no llegamos al núcleo en menos de una hora, la realidad local se colapsará sobre sí misma.
El Encuentro con el "Parásito de Lodo"
De las profundidades del cieno emergieron figuras que alguna vez fueron cultivadores de élite. Sus pieles eran escamas de obsidiana y sus ojos habían sido reemplazados por perlas de luz negra. El Capitán de la Guardia de Nerea, ahora una amalgama de carne y coral podrido les cerró el paso.
—No hay... más... luz... —borboteó la criatura, lanzando un látigo de agua pesada.
Xuan Ye no esperó órdenes. Se lanzó hacia adelante como un relámpago negro. Su ataque no fue una simple estocada; fue un "Desmantelamiento Molecular". Atrapó el látigo con su mano desnuda y permitió que el vacío de su brazo viajara por el arma hasta el cuerpo del capitán.
Vieron cómo la criatura se deshacía, no por el fuego, sino porque Xuan Ye estaba borrando los conceptos de "forma" y "materia" de su existencia.
—Demasiado lento —sentenció Xuan, sacudiendo su mano como si apartara una molestia.
Un Aliado Improbable: El Erudito de la Plaga
Antes de que pudieran avanzar hacia el templo, una flecha de energía verde pura —libre de corrupción— impactó en el suelo frente a ellos, creando un círculo de purificación temporal. De entre las raíces emergió un hombre con túnicas de médico destrozadas y una máscara de gas hecha con caparazones de insectos.
—Si siguen usando ese nivel de Qi de Fénix, despertarán a la Matriarca de la Ciénaga antes de cruzar el puente —dijo el hombre, cuya voz sonaba como papel de lija—. Soy Jing, el último boticario de la Secta de Aguas Profundas. Y si quieren el fragmento del espejo, necesitarán a alguien que sepa cómo caminar entre los muertos sin convertirse en uno.
Qingwan enarcó una ceja, manteniendo su abanico en posición defensiva, pero bajando ligeramente su presión espiritual.
—Un boticario que sobrevive en una sopa de miseria... —ella sonrió con una elegancia peligrosa—. Tienes un gusto cuestionable para el refugio, Jing, pero un timing excelente. Xuan, no lo mates todavía. Parece que tiene información útil.
Jing miró a Xuan Ye y retrocedió un paso, reconociendo el aura del Soberano del Abismo.
—Ese monstruo que traes contigo... es lo único que la Séptima Estrella teme. Pero en este lugar, la fuerza bruta es solo comida. Vengan conmigo, el templo está protegido por un sello que solo responde a la sangre de un soberano y al veneno de un traidor.