Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Capítulo 49: El Sendero de los Picos de Cristal

Si la Ciénaga de las Sombras era la podredumbre de la carne, los Picos de Cristal eran la osificación del espíritu. Las montañas no estaban hechas de roca, sino de un cuarzo translúcido que refractaba la escasa luz del eclipse en un arcoíris de tonos gélidos y letales. Cada arista era tan afilada como una espada de grado imperial, y el viento soplaba con un sonido que imitaba los lamentos de los cultivadores que habían quedado atrapados en el hielo eterno.

—Debo admitir que este blanco impoluto es una mejora estética considerable respecto al lodo —comentó Qingwan, ajustándose una estola de piel de zorro de las nieves sobre su túnica carmesí—. Sin embargo, el exceso de brillo es agotador para la vista. Xuan, ¿podrías hacer algo con este resplandor? Es de muy mal gusto.

Xuan Ye, cuya piel parecía absorber el frío sin inmutarse, levantó su mano plateada. Un velo de sombra tenue se extendió a su alrededor, actuando como un filtro polarizado que suavizaba el resplandor de los cristales. Sus ojos dorados no buscaban la belleza, sino las fracturas en la realidad.

—No es solo luz, Qingwan —advirtió Xuan Ye, cuya voz se perdía en el aullido del viento—. Los cristales están vivos. Están vibrando en la frecuencia de la Séptima Estrella.

El Laberinto de Refracción Total

Para avanzar hacia la cumbre del Pico del Olvido, donde se localizaba el segundo fragmento, no bastaba con caminar. El sendero se retorcía sobre sí mismo, creando ilusiones ópticas que enviaban a los incautos hacia abismos sin fondo. Qingwan se detuvo frente a una bifurcación donde ambos caminos parecían idénticos, reflejando el mismo cielo gris.

Cerró los ojos y extendió su percepción. No buscaba el camino con la vista, sino con el cálculo de la trayectoria de la luz espiritual:

—El camino de la derecha es una refracción total interna —explicó ella, señalando con su abanico cerrado—. Una trampa para aquellos que confían en lo que ven. El verdadero sendero es el que parece romperse en el aire.

Con un movimiento fluido, lanzó una pequeña chispa de fuego violeta. En lugar de avanzar, la chispa "rebotó" en el vacío, revelando un puente invisible de cristal puro que conectaba con la siguiente ladera.

Los Centinelas de Escarcha

A mitad del puente, el aire se congeló instantáneamente. Del propio cristal de la montaña surgieron los Centinelas de Escarcha: antiguos guardianes del norte que habían sido infectados por la Miseria. Sus cuerpos eran de hielo negro, transparentes, pero increíblemente densos, y en sus frentes brillaba la marca de la estrella de siete puntas.

No hablaban. Se lanzaron como fragmentos de metralla.

Xuan Ye dio un paso adelante, protegiendo a Qingwan. Sus cadenas de plata salieron disparadas, pero al impactar con los centinelas, el sonido no fue de metal contra piedra, sino de una vibración que amenazaba con trizar sus propios huesos.

—Su estructura es armónica —gruñó Xuan Ye, sintiendo la resistencia—. Si los golpeo con fuerza bruta, la vibración se devolverá contra nosotros.

—Entonces no los golpees, Xuan. Rómpeles el ritmo —ordenó Qingwan.

Ella comenzó a abanicar el aire, no con ráfagas de fuego, sino con pulsos de calor rítmicos que interferían con la frecuencia de los guardianes. Xuan Ye comprendió la señal. Envolvió sus puños en un vacío absoluto, eliminando el aire y el medio de propagación de la vibración. Lo que siguió fue una carnicería silenciosa: Xuan Ye atravesaba los cuerpos de hielo como si fueran humo, dejando que se desmoronaran en polvo de cristal al perder su cohesión molecular.

El Encuentro con la Soledad

Al final del puente, una figura los esperaba. No era un monstruo, sino una mujer joven vestida con ropajes de la antigua corte de Yunlan, sentada en un trono de hielo. Sus ojos estaban vacíos, reemplazados por dos pequeños espejos.

—¿Eres tú, Qingwan? —preguntó la mujer, con una voz que parecía venir de todas las direcciones—. Tu madre dijo que vendrías. Dijo que estarías buscando el perdón.

Qingwan se detuvo en seco. Reconoció la voz. Era Lady Sombra, la antigua mentora de su infancia, que supuestamente había muerto protegiéndola durante la Noche de las Cadenas.

—No busco perdón, Lady Sombra —respondió Qingwan, y por primera vez en mucho tiempo, hubo una grieta de emoción en su tono dandy—. Busco el fragmento. Y si estás aquí para impedírmelo, espero que tu lealtad a mi madre sea más fuerte que mi fuego.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 10.08.2026

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