El aire ártico de las montañas fue sustituido por un viento abrasador que transportaba un olor penetrante a metal oxidado y aceite rancio. Al cruzar el umbral del norte, el suelo de cuarzo dio paso a dunas infinitas de arena cobriza. Sin embargo, al observar de cerca, Qingwan notó que no era arena común; eran billones de diminutos engranajes, muelles y virutas de bronce pulverizadas por milenios de erosión industrial.
—De un congelador a un horno de fundición —comentó Qingwan, desplegando su abanico de obsidiana para filtrar el resplandor de un sol que parecía una moneda de cobre fundida en el cielo—. Mi cutis va a necesitar una restauración alquímica profunda después de este arco. Xuan, este color naranja es... visualmente agresivo.
Xuan Ye no respondió, pero su sombra se alargó de forma protectora sobre ella. Su brazo de plata emitía un zumbido sordo, una vibración rítmica que no respondía a la magia natural, sino a la entropía mecánica de la región.
La Ciudad de Hierro y Vapor
En el horizonte surgió Ferrum, la Ciudad de los Engranajes Oxidados. Lo que antaño fue la joya de la ingeniería del Imperio Su, ahora era un organismo de hierro que se devoraba a sí mismo bajo la influencia de la Miseria. Enormes chimeneas exhalaban un humo violeta que se mezclaba con las nubes del eclipse, y el sonido de martillos hidráulicos resonaba como el latido de un corazón metálico.
Para entrar en la zona central, Qingwan tuvo que descifrar la frecuencia de las válvulas de las puertas neumáticas principales. La corrupción aquí no seguía un patrón orgánico, sino una ley de eficiencia termodinámica invertida:
$$\eta = 1 - \frac{T_{vacío}}{T_{miseria}} \cdot \oint \delta Q$$
—La eficiencia es negativa —murmuró Qingwan, ajustando la frecuencia de su Qi—. La ciudad no consume energía para funcionar; genera caos para existir. Xuan, no toques las barandillas. Están calibradas para absorber la energía cinética de cualquier ser vivo que las roce.
Los Centinelas de Vapor Negro
Antes de llegar a la gran torre del reloj, el suelo de metal vibró. De las rejillas de ventilación surgieron los Centinelas de Vapor, autómatas de bronce oscuro impulsados por Qi comprimido. No tenían rostros, solo lentes de cristal ahumado y válvulas que silbaban como serpientes.
Xuan Ye avanzó, pero sus cadenas de sombras rebotaron contra el blindaje de latón reforzado. El metal de estos guardianes estaba imbuido con una aleación que dispersaba el vacío.
—Son máquinas, Xuan —dijo Qingwan, cerrando su abanico con un golpe seco—. No tienen alma que puedas borrar, pero tienen una lógica que yo puedo sobrecargar.
Qingwan comenzó a moverse entre los autómatas con la gracia de una bailarina imperial. No buscaba destruir sus armaduras; buscaba los puntos de presión. Con cada toque de su abanico, inyectaba pequeñas chispas de fuego de fénix en las juntas de lubricación.
Xuan Ye, comprendiendo la táctica, cambió su estrategia: en lugar de golpear, comenzó a comprimir el aire alrededor de los pistones de los centinelas. Sin escape para el vapor, la presión interna de los autómatas alcanzó el punto crítico.
Una serie de explosiones sordas llenó la calle. Los centinelas quedaron reducidos a chatarra incandescente, sus motores reventados por su propia potencia.
El Mensaje de la Torre
Al llegar a la base de la Torre del Reloj Eterno, una voz metálica y distorsionada resonó desde los altavoces de la ciudad. Era una voz compuesta por mil frecuencias, una cacofonía que recordaba a un engranaje moliendo hueso.
—Dos fragmentos son un logro... Tres son una sentencia —dijo la voz—. Emperatriz del Rescoldo, bienvenida al taller donde se forjó tu propia jaula.
Qingwan levantó la vista hacia la cima de la torre, donde el tercer fragmento del Espejo del Cielo brillaba como un zafiro entre engranajes gigantes que giraban en sentido contrario a las agujas del reloj.
—Odio las máquinas —sentenció Qingwan, iniciando el ascenso—. Son demasiado predecibles. Y si la Séptima Estrella cree que soy solo otra pieza de su maquinaria, está a punto de descubrir qué sucede cuando el fuego se encuentra con el aceite.