Abanico de Plumas de Fénix y la Máscara del Abismo

Capítulo 52: La Paradoja del Relojero

El interior de la Torre del Reloj Eterno era una pesadilla arquitectónica de bronce y sombras. No había escaleras convencionales; en su lugar, una serie de plataformas circulares ascendían en espiral, impulsadas por pistones hidráulicos que exhalaban un vapor denso y frío. El sonido era ensordecedor: el tic-tac de billones de piezas metálicas chocando entre sí creaba una vibración que amenazaba con desincronizar el latido mismo de los corazones de los intrusos.

—Esto es... fascinante de una manera profundamente irritante —comentó Qingwan, observando cómo un péndulo gigante pasaba a milímetros de su cabeza—. El tiempo aquí no es lineal. Es una función circular de la presión del vapor. Xuan, si te mueves demasiado rápido, podrías terminar regresando a la semana pasada.

Xuan Ye clavó sus pies de sombras en una plataforma móvil. Su brazo de plata brillaba con una intensidad errática, reaccionando a la distorsión temporal.

—Siento presencias, Qingwan. No son autómatas. Son... ecos.

El Laberinto de Causalidad Reversa

A medida que subían, el efecto de la Paradoja del Relojero comenzó a manifestarse. Qingwan vio su propio reflejo en una placa de bronce pulido, pero su reflejo tenía diez años menos y vestía sus ropas de aprendiz. En otra superficie, se vio a sí misma como una anciana de cabellos blancos, sosteniendo un fragmento del espejo que aún no poseía.

Para avanzar, Qingwan tuvo que recalibrar su flujo de Qi usando la Segunda Ley de la Crono-Termodinámica Arpía:

—La entropía del tiempo está siendo forzada a retroceder —explicó ella, trazando glifos de fuego violeta en el aire para estabilizar su propia línea temporal—. Si el resultado de la integral es negativo, nos desvaneceremos de la existencia antes de llegar a la cima. Xuan, mantén tu vacío expandido; eres nuestra única constante de "ahora".

El Guardián: El Cronometrador de Sombras

En el penúltimo nivel, el mecanismo se detuvo en un estruendo seco. De la maquinaria central emergió el Cronometrador, un ser que parecía una amalgama de carne marchita y prótesis de relojería. Su rostro estaba oculto tras una esfera de reloj cuyas manecillas giraban a velocidades imposibles.

—La Emperatriz que busca el futuro en los restos del pasado —dijo el Cronometrador, y su voz sonaba como metal chirriando—. Cada paso que das hacia el fragmento le quita un minuto a tu vida anterior. ¿Estás dispuesta a pagar con tu infancia para comprar tu corona?

El Cronometrador atacó no con armas, sino con Rayos de Entropía Acelerada. Donde la luz tocaba el metal, este se oxidaba y se convertía en polvo en segundos.

Xuan Ye se lanzó al ataque, pero el Cronometrador simplemente "rebobinó" el espacio. Xuan Ye se encontró de nuevo en su posición inicial, con sus movimientos invertidos.

—No puedes golpear lo que ya sucedió, dragón de sombras —se burló el guardián.

El Sacrificio de la Lógica

Qingwan comprendió que la fuerza bruta era inútil contra alguien que controlaba el flujo del evento. Cerró sus abanicos y se colocó en el centro de la plataforma, cerrando los ojos.

—Xuan, no lo ataques a él —ordenó Qingwan—. Ataca al engranaje maestro en el techo. ¡Sobrecarga el sistema con vacío absoluto!

Xuan Ye obedeció sin dudar. Canalizó toda la Devastación de Vacío hacia el eje central de la torre. El vacío no destruyó el metal, pero eliminó la fricción y el medio por el cual el tiempo se transmitía. La maquinaria comenzó a girar sin control, perdiendo la sincronía.

En ese momento de caos mecánico, Qingwan lanzó un ataque de Fuego Impermutable. Al ser una energía que no dependía del tiempo, sino de la esencia pura del fénix, el fuego no pudo ser "rebobinado". Las llamas violetas envolvieron al Cronometrador, fundiendo sus engranajes y deteniendo sus manecillas para siempre.

El Tercer Fragmento

Con un último suspiro de vapor, el Cronometrador se desplomó. De su esfera de reloj rota cayó el Tercer Fragmento del Espejo. Este no era blanco ni azul, sino de un color ámbar profundo, y en su interior se podían ver los engranajes del mundo moviéndose lentamente.

Qingwan lo recogió. Al instante, la torre dejó de vibrar. El silencio que siguió fue absoluto.

—Tres de cuatro —susurró Qingwan, mirando el fragmento ámbar—. Siento que el reloj del mundo acaba de dar la medianoche, Xuan.

Xuan Ye se acercó a ella, su armadura llena de polvo de óxido.

—Solo queda uno. El fragmento de la Corte de los Susurros. El fragmento de tu madre.

Qingwan apretó el fragmento en su puño.

—Entonces es hora de que la hija regrese a casa para cobrar las deudas.

El interior de la Torre del Reloj Eterno era una pesadilla arquitectónica de bronce y sombras. No había escaleras convencionales; en su lugar, una serie de plataformas circulares ascendían en espiral, impulsadas por pistones hidráulicos que exhalaban un vapor denso y frío. El sonido era ensordecedor: el tic-tac de billones de piezas metálicas chocando entre sí creaba una vibración que amenazaba con desincronizar el latido mismo de los corazones de los intrusos.



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En el texto hay: fantasia, poder, romance

Editado: 10.08.2026

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