Aberraciones [lgbt]

3: Hogar en llamas.

El silencio incomodo permanecía en la sala y no quería salir.

Yo estaba junto a mi hermano, ambos en el sillón delantero, y mi padre estaba frente a nosotros, sentado en el sillón que quedaba delante. Su mirada era intimidante, no quería verlo a los ojos porque me daban ganas de levantarme del sillón e irme y encerrarme en mi habitación. Sin embargo, tanto Aiden como yo, estábamos acorralados como perritos regañados.

Aiden ya se había vestido. Era lo menos que podía hacer después de andar desnudo por toda la casa.

Deje salir un suspiro, tratando de encontrar las palabras adecuadas para poder romper aquel silencio incomodo. Pero mi padre se adelantó y hablo, algo que le agradecería eternamente, porque aquel silencio se volvía terrorífico.

—¿Cuál de los dos me va a contar lo que paso?

Aiden y yo nos miramos al mismo tiempo. El paso su mano derecha por su nuca embolsando una sonrisa nerviosa en sus labios.

—¿Ahora perdieron la voz, ambos? —volvió a preguntar al no obtener respuestas.

—Adel me saco de la casa como un perro —se adelantó a responder Aiden.

Abrí la boca de impresión, ignore la mirada asesina de mi padre y me dedique a ver a Aiden. Era mentira lo que decía... bueno, en cierto punto no, pero por lo menos tenía que ser una broma las palabras mal intencionadas que había dicho, dejándome ante mi padre, como el malo de la historia.

—¡No es cierto!

—¡Lo es! —exclamo. Firme ante las palabras que había dicho.

—Adel —murmuro mi padre, lo que me hizo mirarlo al instante.

—Las cosas no fueron así padre, bueno en mayoría sí, pero te explicaré todo.

—Te escucho —se cruzó de piernas mientras me miraba atentamente.

—Me dormí, ni siquiera me pude despedir de ti. Cuando desperté, Aiden estaba a un segundo de transformarse, en esa parte donde la transformación casi está hecha, es muy difícil para mí llevarlo al sótano y ponerle las cadenas, porque se podía transformar en cualquier momento y tratar de herirme como la vez pasada. Por eso decidí que lo mejor era enviarlo al bosque.

Mi padre arqueo las cejas. Su expresión era de confusión, al parecer no me estaba creyendo la parte en la que envié a Aiden al bosque, por eso tuve que volver a hablar:

—¡Ay ya papá! —puse los ojos en blanco—. No es la primera vez que lo hace.

Los ojos de mi padre se ensancharon y de manera inmediata se levantó del sillón. Pude ver por el rabillo del ojo que Aiden me miraba fijamente asombrado por aquella declaración.

—No le creas padre, solo lo hace para evadir el hecho de que me saco como un perro.

—¡No mientas! —exclame. Cansado de la situación—. Además, eres un perro, no sé porque te molesta tanto. ¿Qué querías? ¿Qué te sacara como un humano? No, eres un perro, un perro peludo, frio y mentiroso.

Sentí su cuerpo abalanzarse hacia mi como en cámara rápida y me agarro del cuello con fuerza. Moví la cabeza en forma de negación, llevé mis manos a su rostro y comencé a hundir mis pulgares en sus ojos, hasta que en un segundo mi padre nos separó.

Yo comencé a toser, respiré con intensidad y cuando el aire me volvió a los pulmones, giré la cabeza para ver a mi hermano: sus ojos estaban más negros que de costumbre, su pecho subía y bajaba con intensidad y sus manos estaban puestas en los brazos de mi padre ejerciendo presión porque quería seguir con lo que había empezado.

Mi padre lo sujeto con fuerza y lo llevo hasta el sillón en donde él estaba antes. Mordí el interior de mi mejilla y acomodé mi cabello sin dejar de mirar a Aiden, no me confiaba de él, porque sabía que en cualquier momento podía atacarme.

—¡Cálmate Aiden! —exclamo mi padre.

Él tenía los ojos llorosos, las venas de su cuello estaban alteradas y aun bafeaba con mucha impotencia. Me cruce de piernas y le saque el dedo mayor ocultando una sonrisa.

Mi padre al ver esta acción, me bajo la mano de un manotazo y me hizo seña con los ojos para que dejara de provocar.

—Ahora si Adel, ¿cómo que no es la primera vez que lo hace?

Deje salir un suspiro.

—Bueno padre, te contare todo. Ya basta de mentiras —me acaricie el cuello, el cual me ardía—. Empezare por Aiden. Tu querido hijito sale todas las noches sin excepción al bosque, mata a una persona y vuelve como si nada a dormir. ¿Recuerdas esas noticias de que había leones sueltos en el bosque? —el asintió —pues no eran leones. Era Aiden que ha matado alrededor de mil personas por año, se lava la ropa en el arroyo y se trepa por la parte trasera de la casa porque si has llegado así no lo ves.

Me pareció raro que no refunfuñara ni interviniera, cuando me voltee a verlo, mantenía una sonrisa ladina en su rostro.

—Padre, ¿sabes lo que hace Adel? —mi padre se giró a verlo.

—Yo le puedo contar —intervine.

—No hablo de que mataste a una persona para activar tu licantropía, ni tampoco de las tantas veces que te sales al bosque supuestamente a explorar —mi padre me miro, sentí vergüenza, tenía sus ojos llorosos, posiblemente por todas las mentiras que le habíamos estado ocultando—. Hablo de lo fácil que eres cuando Grey me compaña a casa. Estoy seguro de que te le has estado insinuando desde hace mucho tiempo.

—¿De qué hablas? —pregunte sin entender nada.

—No te hagas, anoche cuando salí del bosque vi que le dijiste que entrara y que te hiciera suyo, pero como no quiso, le cerraste la puerta en la cara.

—¿Por qué eres tan mentiroso, Aiden?

Un ruido se escuchó a mi izquierda. Giré la cabeza de inmediato y vi a mi padre en el suelo. Me llené de sorpresa porque pensé que aún estaba de pie escuchando todo. Corrí y puse mis manos en su rostro, estaba pálido. Junto a Aiden lo recostamos en el sillón y comenzó a reaccionar lentamente.

Dejo salir un quejido, negando con la cabeza. Se sentó en el sillón aun estando algo mareado. Sus labios resecos y su piel pálida aun hacían presencia en su cuerpo. Se dio masajes lentos en las sienes con las manos y abrió los ojos lentamente.




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