Aberraciones [lgbt]

4: Una luz en medio de la oscuridad.

No estaba consiente de mí mismo. Los sonidos los escuchaba como ecos en mi cabeza y aún estaba procesando todo lo que había visto hace un momento en la ventana, y la complicidad que tenía Aiden con el chupasangre.

Tenía que admitir que me impresionaron dos cosas: la primera era que el vampiro estaba vivo incluso cuando traspase su corazón más de siete veces. Y la segunda era el hecho de que Aiden podía estar involucrado con el incendio de la casa. Pero ¿por qué lo hacía? ¿Que ganaba con eso?

El movimiento brusco de mi padre en mi hombro derecho me saco de mis pensamientos. Los sonidos se escucharon más claros y aunque no había tantas personas en la cabaña, mi padre, Aiden y el fuego hacían ruidos extremadamente altos que ponían a cualquiera en un estado de nerviosismo.

Yo lo estaba.

El fuego ya había comenzado a cubrir parte de la sala. Sentía como el calor impactaba mi cuerpo, y aunque Aiden y papá estaban echando baldes de agua, el fuego no se intimidaba ni disminuía.

Reaccione después de unos segundos. Ágilmente, corrí a la cocina y agarré un balde que estaba rebosado de agua. Corrí con este hacia la sala y lo lancé en donde el fuego era menos, pero aquella agua se volvió llamas, como si en verdad no fuera agua lo que contenían los baldes, si no gas. Porque cuando el agua hizo contacto con el fuego, este se volvió más candente y poderoso.

—¡Tenemos que salir de aquí! —grito mi padre desde la sala, justo cuando Aiden me pasaba el siguiente balde de agua.

El cruzo fugaz por mi lado. Y yo lo seguí, soltando el balde de agua a media cocina llegando el fuego hasta ahí de manera inmediata.

Cuando logre salir de la cabaña, mi padre y Aiden me esperaban afuera.

Mi padre se veía nervioso, preocupado. Cuando me vio salir, corrió hacia mí y me abrazo con fuerza, y lo único que escuchamos fue la madera desprenderse del techo, cayendo al suelo mientras toda la cabaña ardía en llamas.

Me separe del abrazo. Me quede firme de frente a la casa viendo cómo se consumía por las llamas. Nuestros recuerdos, nuestras pertenencias e inclusive la poca comida que nos quedaba, había quedado atrapada allí dentro.

Mire a mi padre, al verlo con cara de angustia, las lágrimas amenazaron por salir, su rostro estaba rojo y tenía manchas negras en las mejillas. Aiden estaba a su lado con su mentón apoyado en su hombro.

De repente lo que sucedió minutos antes de que la cabaña se consumiera por el fuego, me llego a la mente, haciéndome pensar miles de cosas sobre Aiden. Sacando mis propias conclusiones de inmediato.

Camine hacia él, y toque su hombro. Cuando se dio la vuelta impacte mi mano en su rostro de manera explosiva. Mi padre se interpuso entre ambos y el solo se llevó una mano en la mejilla. De inmediato mi padre reviso su mejilla en donde había recibido la bofetada.

—¿Porque el maldito de la ventana te agradeció porque la cabaña estaba en llamas?

—¿De qué hablas? —pregunto con un tono de voz calmado.

Mi padre me miro, aun acariciaba la mejilla de Aiden la cual ya se había puesto roja.

—¡No mientas!, vi perfectamente que te sonreía y tú también lo hiciste. Además, siempre sospeche el que hayas bajado después de todo lo que paso, sabiendo lo orgulloso que eres.

—¡Adel!, deja en paz a tu hermano —intervino mi padre.

—¿Papá ya ves? Adel está loco, solo me saca calumnias para que desconfíes de mi porque es un maldito celoso y envidioso, que no acepta que me quieras más a mí que a él.

—Los quiero a ambos por igual.

Sentía mucha impotencia. Mi pecho subía y bajaba con intensidad y de mis ojos las lágrimas salieron al instante, deslizándose por mis mejillas ardientes por el fuego de la cabaña.

—Adel, sé que todo esto te está afectando, pero no es momento para encontrar culpables. Además, ya hemos tenido varios indicios de fuego por los campesinos del pueblo que no nos dejan en paz, así que pudo haber sido cualquiera de ellos —mi padre se acercó, puso sus manos en mi rostro y arrugo el entrecejo mientras sus ojos se ponían llorosos—. No es momento para culpar a alguien y mucho menos a tu hermano, no vi al hombre que dices haber visto y Aiden tampoco —mi padre giro la cabeza para ver a mi hermano que estaba detrás de él—. ¿Verdad Aiden? —el asintió con la cabeza.

—¡Papa, yo lo vi! —exclamé en medio del llanto.

Mi padre me abrazo, quizás tenía razón en algo: habíamos recibido varias amenazas e inicios de fuego antes, pero el hecho de que vi al chupasangre en la ventana agradeciéndole a Aiden era cierto y nadie me podía sacar aquel pensamiento de la cabeza.

Las caricias de mi padre en mi espalda me tranquilizaron un poco. Un estruendo se escuchó a mi izquierda. Ambos no giramos para ver. La cabaña se había desplomado, o lo que quedaba de ella.

Ahora era oficial.

No teníamos casa ni hogar y mucho menos comida.

Aiden se acercó a nosotros. No lo podía ver directamente a los ojos sin pensar que él tuvo algo que ver con la cabaña. Pero en este momento en donde no teníamos nada más que a nosotros mismos, teníamos que permanecer más unidos que nunca y sin peleas. Ya le habíamos provocado bastante sufrimiento a nuestro padre y este nuevo suceso se volvía algo traumático para los tres.

—¿Adónde vamos a ir papá? —pregunto Aiden.

Mi padre se dio la vuelta y le dejo un beso en la cabeza. Era como su niño pequeño, solo que era aquel niño indefenso cuando le convenia.

—Mis ahorros están ardiendo en las llamas que aún quedan, y hoy perderé mi trabajo porque no puedo faltar, pero no tenemos a donde ir y no los puedo llevar a ustedes allí.

—¿Por qué? —pregunte, aun sabiendo de que se trataba su trabajo.

—No se pregunta sobre eso —fue lo único que me respondió con una mirada firme.

Hice un puchero y acomodé mi cabello el cual al igual que mis mejillas estaba ardiendo.

—Tenemos que ir hasta el arroyo, por lo menos ahí tenemos agua. Siento que mi garganta se está destrozando —plantee.




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