Blue Velvet se movía con demasiada rapidez… Su forma de moverse era rápida, en un parpadeo ya sus corazones se habían detenido y lo último que habían visto había sido una silueta de una chica con una coleta.
Tenía el instituto de una asesina.
Esto divertía un poco a Blue Velvet. Odiaba trabajar para Theodore, pero le gustaba poder golpearlos siguiendo el ritmo de la música. Mientras más rápida era la canción, más rápido brindaba sus golpes.
Le encantaba su trabajo.
A pesar de que no hubiera paga, podía sentir la corriente de satisfacción al ver la sangre derramándose y sus cuerpos cayendo.
A veces murmuraba partes de la canción mientras giraba de un lado a otro, representando a un molinillo de juguete color blanco y azul. Otras veces colocaba muecas de aversión por pisar parte de los cuerpos de cadáveres.
—Asco —exclamaba ella.
En una de las batallas contra tres hombres, tomó una de las pistolas y disparó contra una caja inferior, haciendo que la pila cayera encima de varios hombres que iban en rescate de sus compañeros. Era cómo el juego de Jenga a tomar una de las piezas de abajo.
—¡VÁYANSE AHORA! —Gritó uno de los hombres.
Sin parar de repartir golpes, Blue Velvet vio de reojo cómo la camioneta arranca y se va dejando atrás a sus compañeros.
Joder. El cargamento.
Al finalizar la canción, Blue Velvet disparó a la cabeza de un hombre y este cayó en el suelo con un ruido seco y la sangre se desplazaba confundiéndose con el resto.
Lo único que se encontraba a sus pies, además de cuerpos inertes, era un río rojizo. Solo sangre. Sus zapatos de tacones se ensuciaban por el carmesí y dejó caer la pistola.
Un poco de sangre había caído en su boca, así que escupió en el suelo. Con el dorso de su mano intentó limpiarse un poco el rostro lleno de sudor y sangre, sin embargo, su manos también estaba teñida de carmesí.
—Odio cuando me entra sangre en la boca —hablaba Blue Velvet con desagrado en su voz—, ¿No es incómodo? Porque sabe a óxido, pero no solo eso, sino que es más complicado y asqueroso, porque no es la tuya —el tono de voz de Blue Velvet era serio y un poco amenazador—. Vamos, no me dejes hablando sola, sé que estás allí… um… se me olvidó tu nombre, hombre… Sé que era por L… ¿Louis? ¡Luis!
Blue Velvet se acercó a un hombre que estaba debajo de un cuerpo y lo jaló de sus cabellos negros, alejándolo del resto, arrastrándolo por el mar de sangre y lanzándolo contra una caja quebrada, haciendo que él se sentara.
Luis liberó un gruñido de dolor.
Ella se colocó de cuclillas para poder estar a la altura de sus ojos.
—Luis —ella amaba su trabajo, pero odiaba lidiar con estos sujetos, eran la razón por la que ella existía realmente. Su voz era áspera y seria—. Espero más que un agradecimiento por dejarte vivir, más que todo espero un cambio de información.
Luis abrió los ojos para mirarla con aversión. El rostro de Luis estaba desfigurado. Uno de sus ojos estaba cerrado, mientras que el otro estaba enrojecido por los golpes que había recibido.
Al igual que Blue Velvet, el rostro del hombre estaba cubierto de sangre y varios moretones que comenzaban a hincharse como globo. Blue Velvet no podía decir si esa era su sangre o la sangre de sus compañeros de trabajo.
—Tú… no eres nada.
—Soy lo suficiente cómo para matar a más de treinta de tus amigos —Blue Velvet hablaba con solemnidad, mientras se retiraba sus audífonos de su oído—. Aunque me siento algo infravalorada, ¿Solo treinta? —Luis no respondió, la veía con firmeza y Blue Velvet permaneció en silencio, movió su pupila a un lado y lo volvió a ver a los ojos. Se levantó del suelo—. Te diré esto una sola vez. No porque seas especial, sino porque no pienso repetirlo cuando estés sangrando —Blue Velvet giró y comenzó a caminar. Tomó algo entre el mar de sangre sin agacharse, solo flexionando su espalda. Su flexibilidad era increíble. Sus piernas largas y pálidas no temblaron al hacerlo—. ¿De acuerdo?
—No respondo a perras que se visten como putas —dijo él escudriñándola con su único ojo—. ¿Qué es eso? ¿Tienes una piscinada a las 6? Pareciera… por ese traje de… Solo le pegaste unos guantes y ya está… por favor…
Blue Velvet giró y lo que había tomado con su mano era un cuchillo. Le dio unas vueltas en el aire, solo para presumir. Una vez en su mano, lo lanzó en dirección a Luis y el filo calló en el muslo del hombre.
Él gritó de clamor, el dolor era intenso, incluso más que los moretones en su rostro.
—¿Ese fue tu mejor insulto? —Blue Velvet se encogió de hombros. Su voz no parecía cambiar de serenidad. Estaba aburrida, y tener que repetir esta escena interminable de “no me das miedo” le hacía entrar en cólera—. La verdadera… Mira, otro —Tomó otro cuchillo y continuó su búsqueda sin parar de hablar—. La verdadera pregunta ¿Dónde está Parker?
Luis colocó su mano en el mango del cuchillo e intentó jalar el arma, sin embargo, se había clavado tan fuerte en su carne que era un fiasco el intentar desprenderse.
El dolor se volvía más agudo. Lágrimas brotaban de sus ojos por la tortura.