Cooper no se había percatado de que su boca estaba entreabierta. No era su belleza lo que lo cautivaba, era la sorpresa de que ella supiera su verdadero nombre y lo hubiera dicho con discreción. Sabiendo que el hombre desangrado en el suelo podría escucharlos.
Blue Velvet sonreía con superioridad sin apartar su mirada de sus ojos celestes.
—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó él en un susurro.
Su mirada expresaba temor, pero su voz era firme y gruesa.
Ella negó con la cabeza.
—Yo no lo desee así —respondió.
Era una respuesta muy ambigua de su arte, pero no podía decirle más.
—¿Quién eres? —preguntó Guyana con la voz más firme.
Blue Velvet negó con la cabeza.
No quería esta conversación, pero tarde o temprano se iban a encontrar.
—Yo soy el proyecto Blue Velvet —Blue Velvet se encogió de hombros sin darle importancia, alzó ambas manos como señalando su vestimenta y todo lo que era—. Cómo puedes ver es por el color.
—¿Tú eres la que ha estado haciendo todo este alboroto? —preguntó Guyana alzando su guardia—. ¿El fantasma de Pestrom?
Si esta chica era la que estaba causando todo este jaleo y nadie la había visto sin perder la vida, entonces debía estar atento ante cualquier cosa.
—Yo no elegí ese nombre —Blue Velvet colocó los ojos en blanco —. Escucha, tengo mejores cosas que hacer que hablar con una cabeza de huevo —Blue Velvet giró sobre sus talones y se acercó a Luis de nuevo.
—¿Me dijiste “Cabeza de huevo”? —Guyana frunció el ceño.
Blue Velvet levantó la mano que había sido golpeada contra el barrote. No le dolía ni nada, pero ¿cómo no lo había visto venir? ¿No escuchó sus pasos?
Desvió su mirada en el cuchillo en el suelo. Se colocó de cuclillas para recoger su arma de nuevo y antes de poder hacer otro movimiento escuchó los pasos de Guyana acercándose a ella.
Escuchaba como sus zapatos, salpicaba contra la sangre, como el caminar de las calles en la fría lluvia.
Blue Velvet lo vio sobre su hombro. Esta vez, Guyana se aferró a su otro garrote negro.
Se detuvo.
—Deja al hombre —habló Guyana con firmeza—. Ya tienes la información que querías. Lo llevaré a prisión, donde realmente pagará.
—¿A prisión? ¿Para que en seis meses esté jodiendo en otra esquina? —se burló Blue Velvet—, no, Guyana. Este no necesita un abogado. Necesita un ataúd.
—Si lo asesinas… —Guyana tensó los músculos de su mano, estaba listo para pelear, pero debía admitir que tenía miedo de esta chica—. ¿Crees que esto es justo?
—La justicia es una historia que inventan los ganadores —respondió Blue Velvet aun viéndolo sobre su hombro.
Parecía una guerra de miradas. ¿Quién iba a disparar primero?
Blue Velvet conocía que él no quería llegar a esto, y ella quería irse pronto de allí para terminar su misión y ser libre.
—¿Segura que quieres esto? —preguntó Guyana determinado. Estaba seguro de esto.
—Sería divertido tener que pelear contra Guyana —Blue Velvet le sonrió de lado y sus movimientos con las manos fueron fugaces.
Primero, Blue Velvet había hecho que una corriente eléctrica pasara de su mano a la navaja que se encontraba en el mar de sangre. La tomó en su empuñadura a su vez que Guyana corrió contra ella listo para golpearla con su garrote.
Abanicó la cabeza de Blue Velvet, ya que ella se agachó incluso un poco más evitando el golpe. Dio unos giros sobre su mano y lo vio a los ojos.
Guyana rodó sobre el suelo y recuperó su otro bastón.
Así que eso era lo que estaba buscando desde el principio.
—¿Esto te da placer? —habló mientras Blue Velvet veía el movimiento de su mano—, matar a las personas.
—Él no es un hombre, es un asesino, un animal, una escoria —Blue Velvet señaló a Luis, quien continuaba sangrando y cuyos ojos estaban empezando a cerrarse—. Eso no me hace peor persona que ellos o que tú.
—Le quitas a las personas su libertad de vivir.
—Un toma y dame muy justo. Una vida por otra.
Blue Velvet lanzó su cuchillo y Guyana tuvo que rodar en el suelo para poder evitarlo. Antes de que pudiera levantarse, Blue Velvet estaba delante. Tomó su muñeca, giró y lo golpeó con su codo.
Guyana dobló su brazo con el motivo de poder ahorcarla con su propio brazo.
Ahora Blue Velvet pegaba su espalda al pecho de Guyana. Él acercó su boca a su oído.
—Ese acento no es de por aquí, ¿De dónde eres? —preguntó Guyana con cierta gracia.
—Que cabeza de huevo eres… —murmuró Blue Velvet en su idioma natal.
Blue Velvet lo tackleó en la entrepierna, el dolor hizo que soltara el brazo de Blue Velvet, ella aprovechó el momento y de un rodillazo golpeó su estómago provocando que cayera al suelo junto con sus bastones.
—Lo digo en serio —habló Blue Velvet señalando a Guyana—, quédate allí.