Aberrantes

Capítulo 8 - Tal vez si nos ayudaras

—Sabes contar, debes ser ingeniera.

La sonrisa juguetona de Guyana no decía nada, pero prometía demasiado. Sin embargo, Blue Velvet mantenía su mirada afilada y llena de veneno.

—Qué irritante, ¿siempre eres tan arrogante? —Blue Velvet lo ayudó a levantarse solo para poder propinarle otro puñetazo en su mandíbula.

Guyana se reclinaba de otro motor para aires, a su vez que el palmeado sus labios tratando de buscar cicatrices, podía saborear el óxido en su boca.

—No soy arrogante —aún continuaba con su sonrisa juguetona—. Solo que aún no he conocido a alguien que me demuestre lo contrario.

Blue Velvet rodó sus ojos.

—Eso fue por subestimarme —Blue Velvet se acercó a él de nuevo. Se podía reflejar el temor en la mirada de Guyana—, y esto es por intentar acostarte conmigo en medio de una fábrica.

Blue Velvet había saltado con una increíble altura logrando que sus dos botas de tacón colapsen contra el cráneo de Guyana. La manera en la que ambos cayeron al suelo fue muy diferente.

Blue Velvet había caído de pie con la misma gracia y agilidad de un felino, sin embargo, Guyana cayó de bruces en el suelo. Su ojo morado había empeorado, posiblemente había más fracturas que antes y el sabor a óxido se extendía.

Blue Velvet lo escudriñó cruzándose de brazos, regalándole una pequeña sonrisa.

—La próxima vez serán dos balas entre tus cejas.

—¿Dos? —preguntó Guyana con un hilo de voz.

—La segunda es por diversión.

Blue Velvet se acercó al cinturón de Guyana y lo tomó. Cogió uno de los instrumentos, al haberlo tenido por tantas horas logró estudiar todos los artilugios que contenía. Sabía que en el tercer bolsillo había una soga de un material muy grueso, era el bolsillo más grande que se hallaba en el cinto.

Tomando provecho de que estaba aturdido, logró sujetar una de sus muñecas con la cuerda, y por el otro extremo logró atarlo a una de las tuberías.

Ella admitía que prefería atar solamente una mano para poder divertirse un poco al imaginarlo, tratar de desatarse.

Guyana comenzaba a abrir sus ojos con pesadez. Aunque lo intentó, los párpados no lograban abrirse por completo, no lograba decidir si era por lo pesado de sus párpados o por los moretones morados que debía de tener.

Blue Velvet se apartó para poder apreciar su arte. Con el cinturón aún en mano lo lanzó hasta la orilla del edificio.

—Adiós, Guyana — Blue Velvet se alejaba caminando de espaldas—, gracias por el regalo.

Una vez en el borde, saltó hacia atrás haciendo una pirueta, Guyana no se encontraba lo suficientemente despierto como para poder reaccionar.

No se logró escuchar el sonido del golpe, pero sí se pudo identificar una luz azul segadora como un rayo, se alejaba de los edificios rodeándolos como obstáculos.

Guyana, con la poca fuerza que tenía, comenzó a golpear su oído con la intención de que el comunicador comenzará a trabajar de nuevo.

Parecía que le había caído un piano encima. Sentía la tierra moverse en un constante terremoto.

—¿Guyana​? —Jeff se escuchaba preocupado, por el eco en la habitación, sabía que se encontraba en el baño—, ¿Estás bien, Guyana?

—Sí, sí, estoy bien —dijo él con pesar en su voz.

Hizo un ademán para lograr levantarse, sin embargo, se escuchó el tintineo del metal contra el metal y un tiro de su muñeca contra el suelo.

Ahora comprendía por qué sentía un fuerte apretón en su muñeca.

—¿Estás con Blue Velvet?

—Algo así —Guyana bajó la mirada viendo la soga de alambre grueso—, lo bueno es que tengo mi cinturón, las malas es que están muy lejos de mí, estoy atado y ella desapareció.

—¿Cómo qué desapareció? —Lebanon ahora sonaba pesado.

—Ella… Escapó.

· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·

Blue Velvet examinaba con atención su nuevo artefacto: uno de los juguetitos de Guyana. Una navaja de filo láser azul, nítido y vibrante, tan afilado que parecía cortar incluso el aire a su paso. Lo reconoció al instante: era un láser clase 4. Letal. Silencioso. Elegante. Como ella.

Caminaba sin pausa, sin dejar de girar la navaja entre los dedos, con destreza calculada. Escudriñaba cada detalle: el peso, la vibración mínima del núcleo energético, el botón de activación. Mantenía el filo alejado de su piel, aunque sabía que un corte no sería más que una molestia pasajera. Sanaría. Siempre sanaba. Pero el dolor innecesario era aburrido.

Entre árboles, Blue Velvet se desplazaba como una sombra inquieta, evitando los troncos gruesos mientras repasaba mentalmente lo que sabía. Luis le había hablado de la mansión. En este bosque solo había una, lo que simplificaba las cosas. También recordaba haber visto una camioneta salir de la fábrica. Si sus cálculos eran correctos, las llantas debieron dejar un rastro. Y si había algo que Blue Velvet sabía seguir, era huellas.

Guardó la navaja con cuidado en su portafolio negro, una pieza personalizada capaz de resistir hasta el corte de un láser clase 4 sin dejar rastro. Eso también decía algo sobre Guyana o sobre ella.



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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