Ya la nube de polvo se había esparcido, sin embargo, revelaba todo el desastre que había creado. No solo había lanzado piedras y vigas en la autopista, sino que había creado un río de cadáveres. Unas personas estaban en el suelo cubierto de su sangre. Otras desfiguradas, la que más estremeció a Blue Velvet fue la de un hombre siendo atravesado por una de las paredes de cemento. Miles de personas en el suelo con una mirada inerte.
—No dejes que ella vea esto —murmuró Blue Velvet.
—¿Qué cosa? —Lebanon cargaba a la niña en brazos y calló al ver la montaña de cuerpos.
Lebanon bajó la mirada llena de decepción. Blue Velvet sabía que él se estaba culpando por todo este desastre, así que posó una mano en su hombro y él asintió aun sin apartar la mirada del suelo.
Lebanon se fue en sentido contrario alejándose de la tragedia y antes de lograr perderlo de vista, escuchó como la niña le preguntaba.
—¿Es usted el señor de las noticias? —preguntó la chica. Sus ojos estaban siendo cubiertos por el hombro de Lebanon.
—Sí, sí lo soy, pequeña —dijo él.
Blue Velvet le sonrió y volvió a acercarse. Esta vez voló de nuevo por encima de los restos. No había más que restos de estructuras y cuerpos irreconocibles. El olor a sangre la había aturdido, pero no iba a sentir repulsión. Había visto cosas peores para apartar su miedo.
—Gracias, maestro —respondió ella con sarcasmo.
Blue Velvet extendió ambas manos para poder hacer que el metal se moviera.
Cada forma de metal, cada objeto que podría ser un conductor de electricidad, se movía por los aires hasta caer a un lado de la calle, o al menos unos centímetros.
Blue Velvet sobrevolaba unos metros, no tan apartada para poder distinguirlo todo.
—¿Nada aún? —preguntó Lebanon acercándose a ella tratando de no pisar con uno de los fallecidos.
—Nada —negaba Blue Velvet con la cabeza mientras continuaba separando las cosas—, sólo cadáveres.
Lebanon apartó la mirada viendo la luna blanca. No soportaba ver a tantas personas heridas y fallecidas por su culpa ¿Cómo no pudo haber visto que te atacaría una empresa de gran tamaño en medio de la ciudad? ¿En medio de la noche?
—¿Todos son personas corrientes? —preguntó Lebanon con su voz ronca.
Blue Velvet frunció el ceño. Sabía dónde quería llegar.
Sus ojos continuaban azules iluminando cada rastro de la estructura. Para Lebanon parecía que escudriñaba el lugar, mientras que para ella lucía como una computadora en su cabeza, detallando cada aspecto facial y determinando sus identidades. Corrientes, casados, divorciados, ningún archivo penal, hasta que, en el fondo, casi a lo profundo, logró dar contra una persona diferente.
Blue Velvet se acercó más y con sus manos comenzó a mover los objetos y personas hasta dar con el hombre correcto. Lo tomó del brazo y lo arrastró por la montaña de desastre hasta colocarlo en frente de Lebanon. Agradecían que todas las personas que estaban a salvo no lograran ver este desastre.
—Él es diferente —Blue Velvet parpadeó repetidas veces y sus ojos dejaron de iluminar. Volvieron a ser negros con el iris celeste—, es un Aberrante.
—¿Fue el único Aberrante?
—No el único —admitió Blue Velvet y lo veía con decepción—, pero sí el único que explica que fue lo que pasó. Se llamaba Roy Leann. Su especialidad eran los ácidos. Podía hacer que cualquier ácido apareciera de su cuerpo, y el olor, adivina a qué huele.
—Ácido muriático —Lebanon asintió—, es el ácido que se usa para crear una bomba.
—Exacto —Solo necesito encender el gas del lugar, una chispa de fuego, y listo. Qué decepción. El hombre tenía una familia. Una esposa y un hijo llamado Alan Leann.
—Pero Darrin había dicho que odiaba a los Aberrantes —Lebanon negó con la cabeza mientras se cruzaba de brazos—, ¿Por qué unirse con uno? Entiendo que quiera explotar un edificio, pero si quería destruirlo pudo haberlo hecho él por su cuenta.
Ambos alzaron la mirada al escuchar las aspas de los helicópteros acercándose a la escena del crimen, al igual que las sirenas de los bomberos corriendo a todo lo que daba.
—Tenemos que irnos —dijo Lebanon—. Lamentablemente, no le simpatizo a la policía.
—Yo soy Aberrante, así que no le simpatizo a nadie en lo absoluto—Blue Velvet le sonrió por unos segundos y en la velocidad de un parpadeo esa sonrisa se borró.
Lebanon comenzó a caminar desapareciendo entre la sombra de un pequeño callejón que daba a la otra cuadra donde seguramente se encontraba su coche. Sin embargo, Blue Velvet decidió irse por el lado contrario y desfigurarse de nuevo en una corriente de electricidad, volando por encima de los edificios y por debajo de los helicópteros.