Blue Velvet vio cómo la mano de Jeff, o Lebanon, ahora se posicionó en el cuello de Parker. Pero eso no fue lo que acaparó su atención, sino cómo la muñeca de Parker también había sido aprisionada en los barandales.
No.
—No, no, no, y no —Blue Velvet se acercó a ambos en grandes zancadas y Lebanon se levantó del suelo, mientras que Parker la veía con soberbia—, ¡No! —Lebanon una vez frente a ella, Blue Velvet colocó su mano en su pecho, ya no le importaba que había conocido a ese hombre, o que ese hombre ya no la conozca a ella, pero la ira. Tantos años…—, no te lo llevarás. Él merece morir.
Lebanon apartó la mano de Blue Velvet.
—Sé que has estado matando a personas —no me conoce, no me recuerda—, todos asesinos, pero eso no te hace una mejor persona. Ellos merecen ser juzgados por el ojo de la ley, no por una niña con deseos de venganza.
Blue Velvet negaba con la cabeza sin apartar su mirada de él.
—Tú no lo entiendes. Por él estoy aquí, por él sigo viva. Le robó todo esto a Theodore y él me inventó para que sus toxinas no me afectan y poder matar a este pendejo. Él sabe lo que hizo.
—No tengo idea… De qué hablas… —Habló Parker con el poco aire que le quedaba.
—Theodore —murmuró Lebanon. Estaba acomodando las piezas en el rompecabezas.
Todos conocían a Theodore cómo uno de los mayores gánsteres de todo Estados Unidos.
—Así que —Blue Velvet alzó una mano llena de electricidad hacia él—, debo matar a alguien, con permiso.
—No lo harás —Lebanon la había tomado de su brazo y de una manera raudal logró que ella girara como una bailarina dándole la espalda a ambos—. Él merece ir a la cárcel.
—¿Disculpa? —preguntó Blue Velvet viéndolo por encima de su hombro. Ya estaba de cuclillas en posición para llevarse a ese patán—, no quiero pelear contigo, pero no puedo dejar que después de tantos años te lo lleves sin más.
—No vamos a pelear —su voz nunca había sido así de fría, pensaba ella, hubo una época donde él le dedicaba sonrisas—, me lo llevaré y no estoy preguntando.
—No haría eso si fuera tú —Blue Velvet se cruzó de brazos.
—¿O si no qué? —Lebanon colocó los ojos en blanco.
—Mmmm no lo sé —Blue Velvet se encogió de hombros—, podría destruir el mundo.
—No lo harás, ahora…
Todo sucedió tan rápido. La manera en como Parker había colocado su mano en los bolsillos de su traje y esparció partículas de lo que parecía ser polvo en el rostro de Lebanon. Blue Velvet se culpaba a sí misma por haberse distraído al hablar con Lebanon, no había visto a Parker.
Lebanon colocó los ojos en blanco y cayó al suelo.
—¡No! —Gritó Blue Velvet acercándose a él. Lo tomó por los hombros frunciendo el ceño—, ¡Lebanon! ¡Lebanon responde! ¡No respires, aún no!
Parker comenzó a reír con las pocas fuerzas que le restaba, Blue Velvet lo vio por encima de su hombro. Nunca había odiado a alguien tanto como a él… y a Theodore.
—Ya es tarde —habló él aún sentado. No podía moverse—, ya respiró el miedo y una vez que eso sucede, nada lo despertará.
—¡Eres un hijo de puta! —Blue Velvet se acercó a él y con la ayuda de su ira, logró propinarle un golpe en su rostro que lo había dejado noqueado.
No está muerto. Podía seguir sintiendo cómo su cerebro emanaba rayos de electricidad al cuerpo, un poco.
Volvió con Lebanon quien esta vez traía una mirada perdida. Comenzaba a retorcerse en el suelo y su respiración se volvía entrecortada.
—Nononono —dijo Blue Velvet colocándose encima de él. Una persona tan grande como él con miedo era peligrosa, y más si se sabía defender—, ¡Lebanon despierta! ¡Soy yo, Lebanon!
Lebanon no parecía responder, comenzó a gemir, luego a gruñir hasta finalmente gritar. Comenzaba a lanzar patadas e intentar liberarse de ella. Blue Velvet no sabía lo que Lebanon estaba viendo, pero ese miedo debía de ser lo suficientemente mortal cómo para transformarlo en un animal de ira.
—¡Quítate de mí! —Comenzó a gritar Lebanon tratando de golpear a Blue Velvet.
Ella tomó sus brazos colocándolos encima de su cabeza. Vio sobre su hombro unos segundos para percatarse de que Parker se encontraba inconsciente y volvió a ver a Lebanon a los ojos.
—Jeff, soy yo —explicó ella. Poco sabían la identidad de Lebanon, solamente su hermano y los que trabajaron con él, ella no calificaba en ninguna—. ¡Jeff escúchame! ¡Soy Lissa, Lissa Courtney!
Un aro color celeste comenzó a rodear a Blue Velvet. Un aro lleno de cargas eléctricas cubriendo cada parte de su cuerpo. Primero comenzó con su cabello azul recogido en una coleta, había desaparecido, en su lugar, apareció un cabello color cobre, más oscuro que la noche, con el cabello cayendo sobre su rostro como cortinas. A continuación, su uniforme de batalla. Ya no era azul, ni siquiera poseía la misma forma de siempre, esta vez era una playera negra con la insignia de los Arctic Monkeys, luego unos jeans quebrados y unas botas negras. Sus ojos ya no eran azules, eran negros como su cabello.
Ya no era Blue Velvet.