Aberrantes

Capítulo 12 - No has cambiado nada

Al adentrarse en la cueva, la oscuridad los envolvió como una manta densa y silenciosa. Solo la tenue luz del auto les permitía avanzar sin tropezar, iluminando lo justo para distinguir el camino serpenteante. Lissa no sabía exactamente a dónde los llevaba esa ruta, pero si al final había problemas… bienvenidos fueran, siempre que trajeran algo de placer con ellos.

Descendieron por una rampa en espiral, donde el sonido de los neumáticos sobre la grava húmeda parecía amplificarse. El trayecto fue breve, pero la negrura lo hacía eterno.

Entonces, el túnel se abrió repentinamente hacia una cámara bañada por una luz suave.

No era cegadora, pero tras tanto tiempo sumidos en sombras, obligó a Lissa a entrecerrar los ojos, parpadeando mientras su vista se adaptaba al resplandor inesperado.

—Wow —Exclamó ella mientras abría los ojos poco a poco.

Veía cómo el salón estaba repleto de pantallas. Millones de pantallas y vitrinas. Nada en ese lugar ocupaba un orden y no le sorprendía viniendo de Lebanon. Ellos se encontraban en planta baja, no había ventanas por lo que Lissa supuso que era un subterráneo.

Había más coches estacionados a sus costados, en el segundo piso se encontraban los estantes de cristal protegiendo armas de alto calibre con varios artefactos que no logró distinguir, debían de estar a medio hacer.

En el tercer piso estaban más máquinas y pantallas con otros objetos diferentes. Había latas, basura, camillas, uniformes negros, un centenar de objetos.

—Este es mi patio de juegos —susurró ella mientras el coche se estacionaba en uno de los espacios entre un coche azul y otro rojo un poco más pequeño. Parecía ser un Ferrari, pero no estaba segura.

—Ha llegado a su destino —dijo la máquina y el auto se apagó.

Las luces dejan de iluminar y las puertas se abrieron para arriba, dejándole espacio a ambos para salir.

Lissa emergió y rodeó el coche hasta dar con él.

—De acuerdo, de acuerdo —dijo ella colocando la mano de él encima de ella—, vamos a poder, sé que sí, espero… eso creo…

—¿Lebanon? —preguntó una voz masculina—, eso fue rápido.

Lissa colocó los ojos como platos. Sentía cómo su corazón se detuvo por unos segundos. No tenía miedo sino… sorpresa. Reconocía esa voz y al no usar su traje de Blue Velvet, él lograría reconocerla. Tomó aire y dejó a Lebanon en el coche. Iba a necesitar ayuda.

Irguió su espalda y se encontró con la mirada de Jay al otro lado del auto.

Jay frunció el ceño.

¿Una chica descubrió su paradero? Imposible. No era un rostro conocido, pero a medida que se acercaba logró identificarla. Esos ojos negros como la noche y su cabellera negra como el carbón, esa piel blanquecina como Blancanieves…

—¿Lissa? —preguntó él.

No se dio cuenta de que su mandíbula se había aflojado, abierta por la incredulidad. Sus brazos cayeron a los costados, como si el peso de la sorpresa los hubiera desactivado. No podía apartar la vista. La observaba con intensidad, como si al mirarla lo suficiente pudiera confirmar lo imposible. Necesitaba estar seguro. Necesitaba que fuera ella.

—Jay —ella lo observaba y dio unos pasos a los lados para que él lograra verla de pies a cabeza—, Tú…

Quería decir que lucía algo viejo, pero la joven era ella.

—Tú… No has cambiado nada —Jay dio unos pasos acercándose a ella. Tantas preguntas cruzaban su cabeza, no sabía cuál decir primero—, ¿Cómo…? ¿Qué…?

Lissa negó con la cabeza. Por más que hablaran, Jay continuaría muriendo.

—Eso no importa ya. Necesito tu ayuda. Es Jeff.

—¿Jeff? —Jay se acercó a grandes zancadas rodeando el auto viendo a su hermano menor en el asiento del copiloto. Sus ojos se encontraban cerrados y su rostro había perdido color—, ¿Qué le sucedió?

—Es una historia larga.

Jay tomó un brazo de Lebanon y comenzó a arrastrarlo con Lissa siguiéndolo detrás.

—Tenemos mucho tiempo, Lissa… Nunca… Nunca pensé que volvería a decir ese nombre desde…

—¿Desde mi funeral? —preguntó ella cruzándose de brazos con una sonrisa en su rostro. Los tres lograron dar contra la puerta del elevador y ella tomó la iniciativa de presionar el botón—. Tenemos que ponernos al día en muchas cosas, JJ.

Jay bajó la mirada y negaba con la cabeza. Aún no podía creer que lo que estaba viviendo fuera real.

—Es imposible —las puertas se abrieron ante ellos y se adentraron, Jay presionó el tercer botón y se cerraron las puertas—. Lissa… Esto no puede estar pasando.

—Te daré un resumen, querido amiguito. Fui contratada para matar a Parker y fui a hacerlo por placer, no porque fui obligada, luego llegó él, arruinó mis planes, lástima, Parker lo roció con uno de sus químicos y está teniendo pesadillas en este momento. Y créeme que fue la mejor opción que tuve, la de noquearlo con electricidad ¡No paraba de golpearme!

Lissa relata la historia como si se tratara de cualquier otro chisme que contarían unas amigas después de tantos años perdidos.

—En definitiva, no has cambiado nada —Jay rio entre dientes.



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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