Aberrantes

Capítulo 14 - Me llamo Britney

Cooper se sentó justo frente a ella.

No dijo nada, pero sus ojos oscuros, negros como la noche, no parpadearon. Fijos. Duros. Aún no confiaba en ella, y Lissa podía sentirlo con solo mirarlo.

Vestía una cazadora gastada sobre una camiseta blanca arrugada. Sus pantalones rotos dejaban ver raspones recientes y sus botas negras golpeaban el suelo de madera con impaciencia.

La primera vez que Lissa lo había visto salir vestido así, había rodado los ojos con resignación.

Parecía esforzarse por llamar la atención de todas las mujeres del lugar. Y lo lograba, sin duda. Pero a ella no le importaba. No hoy.

La cafetería tenía un estilo rústico y acogedor. Las paredes dejaban al descubierto los ladrillos envejecidos, decoradas apenas por algunos cuadros con frases inspiradoras que parecían sacadas de un catálogo genérico. Las lámparas colgaban del techo con cables visibles, y los muebles, una mezcla de madera y cuero desgastado, le daban un aire vivido, auténtico.

En las mesas, pequeños detalles reforzaban la calidez del sitio: espejos redondos, menús plastificados colocados con cuidado al centro, un salero, un tarro con azúcar y un porta servilletas de metal.

Todo parecía estar en su sitio. Ordenado. Tranquilo.

—De acuerdo —habló Lissa juntando ambas manos entrelazando sus propios dedos—, ¡tengo demasiada hambre!

Los hombres apartaron los menús al mismo tiempo. Parecía algo sincronizado. Mientras que Lissa lo abrió leyendo cada parte de esta.

—Aún tengo muchas dudas —habló Cooper apoyando su cabeza en su mano empuñada—, ¿Cómo es que ustedes se conocieron?

—De acuerdo —Lissa apartó el menú y lo cerró. Con ambas manos aún entrelazadas colocó su rostro encima luciendo como una niña risueña—. Te lo explicaré todo —vio a Jeff de reojo—, y me refiero a todo.

Jeff negó con la cabeza. Eso no la detuvo.

—Yo conocí a Jeff hace muchos años. Él tenía 16 años y yo 15 años. Éramos unos niños y nos conocimos en una fiesta de caridad, donde todo el dinero iba para las víctimas de África, en ese entonces la gente estaba impactada por el hecho de que África tenía niños sin comida. —Lissa sonrió mordiendo sus labios—, este cascarrabias de aquí no quería bailar, así que yo lo invité, desde ese momento comencé a fastidiar su vida.

»Siempre había sido hiperactiva, un fastidio para el resto, pero el solo hecho de que Jeff nunca me pidió espacio que me apartara me hacía pensar que él era dulce. Siempre fue un hombre seco, alguien difícil de hacer sonreír.

—Sigo aquí —Jeff se cruzó de brazos observándola esta vez.

—Es la verdad, cascarrabias —Lissa rio entre dientes y respiró profundo—, en fin, él no tenía muchos amigos y yo comencé a sentir cierta atracción, así que…

—¿Fueron novios? —preguntó Cooper colocando los ojos como platos—, eso no puede ser posible, ¡Si eres menor que yo!

—¿Quieres escuchar? —preguntó Lissa—. Entonces estuvimos juntos por unos años —Lissa le entregó una sonrisa arrogante—. Todo era perfecto, hasta que ocurrió algo tres días después de mi cumpleaños número 19.

Lissa bajó la mirada y fue interrumpida por la camarera que tomaba los menús.

—Buenos días —Le hablo. Una coleta de cabello recogía su cabello rubio—, ¿En qué puedo servirles?

—Me gustaría un café negro con una tostada francesa, gracias —ordenó Jeff con una sonrisa.

—Yo quiero un café con leche —Cooper le sonrió y le guiñó un ojo.

La mujer se sonrojó y apartó la mirada observando a Lissa.

—Yo quiero Capuchino con omelette, tostadas, y tocino ¡Gracias! —Exclamó Lissa.

La mujer asintió y comenzó a anotar en su libreta mientras se alejaba de ellos.

—Qué inoportuno eres, cabeza de huevo —habló Lissa negando con la cabeza.

—¿Seguirás contando o vas a juzgar como ligo?

Lissa colocó los ojos en blanco.

—Bueno. Empecemos hablando de la razón por la cual están interesados en escucharme. Mi historia —Lissa observó a Jeff por el rabillo del ojo—. Ese día iba a casa de Jeff, a nuestra cita número 15. En el camino fui raptada. Caminaba por la calle y entonces vi cómo una camioneta blanca se detenía al final de la carretera, justamente cuatro hombres me habían agarrado. Pelee, pero aún no era lo suficientemente buena. Me habían colocado una bolsa en la cabeza y me arrastraron a ese carro. No recuerdo si había personas al rededor o si la calle era solitaria. Solamente me llevaron.

Lissa se encogió de hombros.

—Me llevaron en la camioneta y pararon en algún lugar que no pude ver. Me sentaron en una silla…

· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·

Los hombres le habían quitado la bolsa a Lissa de la cabeza. Su cabello negro era un desastre. El maquillaje alrededor de sus ojos se había regado de tanto haber llorado. Una cinta adhesiva cubría su boca para que no emitiera ningún sonido de su boca. Su piel se había tornado más pálida y su nariz era de color carmesí por el llanto.

Sus ojos se abrieron como platos.



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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