Todo comenzó con el quebrar de los vidrios y luego una bola de fuego adentrándose al local. Parecía ser una granada, pero no había nadie por las calles con aspecto terrorista.
Por la increíble explosión, los tres juntos con otros comensales y empleados volaron por los aires hasta caer en una pared o la primera cosa material que tuvieran cerca.
Lissa y Cooper cayeron juntos al final de la cafetería con sus rostros cubiertos en cenizas, mientras que Jeff estaba boca abajo en frente de la caja registradora. Lo único que lograba escucharse eran los gritos de las personas en pánico y el quemar de los muebles.
El olor a madera incinerada penetraba el ambiente, al igual que las cenizas cayendo en sus prendas.
—¿Estás bien? —preguntó Cooper colocando una mano en su hombro.
Lissa asintió y ambos se colocaron de rodillas observando a las personas corriendo de un lado a otro tratando de encontrar la salida. El humo cubría sus ojos, menos a Lissa. Comenzó a buscar a Jeff con la mirada, lo encontró intentando recuperarse y colocándose de pie.
—Jeff —exclamó ella y volvió su mirada en Cooper—, yo voy por Jeff, tu saca a las personas de aquí.
Lissa no tuvo tiempo de ver si Cooper estaba de acuerdo o no cuando ya se había encaminado donde se encontraba Jeff. A medida que se acercaba podía ver como había personas en el suelo. Unas ya estaban muertas, otras estaban inconscientes, y más de cuatro heridas.
—¿Qué fue lo que pasó? —Le preguntó a Jeff una vez que lo tomó de su brazo colocándolo encima de su hombro.
—Fue una explosión —Jeff comenzó a toser—, fue una granada propulsada por un cohete.
Jeff señaló el suelo mientras continuaba tosiendo. Lissa bajó la mirada observando la espoleta en el suelo y a su lado la marca de la explosión, el impacto que provocó el misil contra el suelo.
Por la forma en que calló esto pudo haber venido del techo. Ella alzó la mirada viendo el edificio frente a la cafetería.
En efecto se encontraba un hombre con máscara de un zorro cubriendo su rostro, mientras que en su hombro se encontraba el cohete, ya había cargado el arma, solo le costaba un disparo. Lissa colocó los ojos como platos y no tardó ni un segundo más en volverse pura electricidad para llegar a la azotea de ese edificio y volar como un rayo cayendo al lado del hombre.
Dejando a sus amigos en la cafetería, ella le propinó un golpe en el rostro haciendo que el arma cayera al suelo al igual que él.
El sujeto comenzó a gatear en busca del arma, pero Lissa se colocó en medio, tomó su muñeca y le dobló el brazo, provocando que él gritara y maldijera a todo pulmón.
Lissa tomó una de las navajas que guardaba en el bolsillo de su media y le disparó tres veces contra su cabeza.
La sangre tintó sus botas, pero no era un problema que pudiera arreglar.
Una vez muerto, Lissa escuchó otra explosión.
Más gritos.
Esto parecía una pesadilla.
El local ardió en llamas de nuevo, pero parecía que no pudiera arder más de lo que ya estaba.
Lissa giró su cabeza violentamente para ver que el edificio al lado también estaba siendo vigilado por otro hombre con máscara de oso pardo. Esta vez Blue Velvet actuó rápido sin motivo de divertirse o torturarlos.
Disparó contra la sien del hombre y él cayó instantáneamente contra el suelo y el arma, provocando un eco en el aire.
Comenzaban a escucharse las sirenas acercándose.
Nada bueno iba a venir.
—Por aquí —hablaba Cooper mientras cargaba a una niña en brazos y tomaba la mano de una mujer guiándola a la salida.
Una vez que los dejó libres, quedaban Jeff y Cooper. Ambos en el restaurante rodeado por humo y escombros, trozos de madera en llamas y millones de objetos quebrados. Se les dificulta respirar.
Cooper se acercó a Jeff quien ahora estaba contra una pared. La segunda explosión lo había hecho volar por los aires como la primera. Mientras más viejo era, sus huesos se volvían más frágiles. Saboreaba la sangre en su boca y como sus costillas estaban quebradas.
—Jeff —Cooper tosía y se acercó a él—, ¿Qué sucede?
—Costillas rotas —Jeff intentó levantarse, pero cayó al suelo una vez que sentía sus astillas. Liberó un gruñido—, algo que se puede remediar.
—¿Están todos bien? —Apareció Blue Velvet con su cabello azul y su uniforme tan llamativo—, ya no hay más bombas. Eran dos francotiradores en el techo. Están muertos.
Los dos giraron para verla de pie. Sus ojos azules eran enormes de impresión. Lo que más llamó la atención de Cooper por ser el más cercano a ella, fue una cuarta persona en el restaurante, lo único que lograba ver a través de la neblina era un arma apuntando a la cabeza de Blue Velvet. Sin pensarlo dos veces. Él se levantó y la tumbó a un lado con su fuerza corporal. Blue Velvet había caído, pero el hombre disparó haciendo que la bala cayera en el pecho de Cooper.
Blue Velvet en el suelo observa a su compañero de ojos azules cubriendo su pecho con su mano. Su piel blancuzca se tornaba más pálida y su mirada perdida observando, pidiendo ayuda, aunque reconocía que esas palabras jamás saldrían de su boca.