Jeff no logra ver nada más que luces parpadeantes de diversos colores contra la bolsa que cubre su cabeza. La música electrónica no impedía que lograra escuchar a los bailarines o comensales de la habitación. Estaba en una discoteca ¿Por qué lo habían llevado a una discoteca?
Las personas lo rodeaban con los dos gorilas que sostenían su brazo para arrastrarlo. Murmuraban cosas tratando de entender qué era lo que sucedía. Una vez que el lugar estaba casi despejado, los dos hombres comenzaron a caminar tomando a Jeff por ambos brazos. Aunque lograra ejercer presión, el hombre de atrás lo golpeaba con la parte trasera de un arma. Reconocía las armas y sentía el dolor de ellas, aunque no pudiera verlas.
Aún lograba identificar unas cuentas siluetas. Quizás se quedarían para impedir que llegara la policía o más clientes.
Jeff comenzó a contar los segundos, cada paso que daba. Atravesaron una puerta. La canción se fue volviendo cada vez más lejana hasta estar completamente muda. Al igual que las luces de colores habían desaparecido y en su lugar se encontraban luces blancas en hileras.
Continuaron caminando hasta entrar en una habitación con una luz iluminando la parte superior de la habitación. Lo obligaron a sentarse en una silla al lanzarlo contra ella. La silla junto con él se balanceó hasta lograr recuperar el equilibrio.
Uno de los hombres retiró la bolsa de su rostro y la luz encima de él lo cegó por un momento. Cerró los ojos con fuerza tratando de recuperar su visión.
Antes de lograr abrir sus ojos, un puño chocó con su mandíbula. El golpe lo había tomado desprevenido. Jeff liberó una sonrisa llena de arrogancia.
—El primer golpe antes de hablar demuestra que son cobardes y me quieren hacer hablar.
Jeff ladea su cabeza y ve a los hombres en la habitación. Dos hombres enormes con máscaras a los costados de la puerta, otros dos a su lado y uno lo podía escuchar a sus espaldas. Su respiración era fuerte.
Uno con problemas respiratorios. De seguro ronca cuando duerme.
—Cállate —dice el hombre a su izquierda y lo golpea contra la parte trasera de su arma.
El golpe hizo que su cabeza contra su hombro. Tomó una bocanada de aire y volvió a su postura rígida.
No esperaba mucho de Darrin en estos momentos, pero por lo menos esperaba que tuviera suficiente honor para no revelar su verdadera identidad. Tenía que seguir jugando a ser el hombre rico de Pestrom.
—El jefe lo quiere lejos de este lugar, de la ciudad o mejor del país —habló el hombre a la derecha, quien comenzó a caminar y quedó frente a frente con Jeff—, tienes los recursos necesarios. Él lo sabe. No tienes excusas.
—¿Qué quieren? —Jeff debía alzar la cabeza para verlo a los ojos, puesto que la silla no se lo permitía—, ¿dinero? No pienso darles ni un centavo, ni siquiera les puedo ar lástima.
—Estos millonarios, creen que por tener los bolsillos cargados de dinero son inmortales —el chico cargó el arma—. Te crees un dios, pero sangras como todos.
—¿Seguro que tu jefe estará contento con saber que mataste a tu misión? —habló Jeff sin apartar su mirada de los ojos del hombre.
Su máscara de zorro parecía comprada en una piñatería, al igual que el resto.
—¿Y tú que vas a saber? —dijo el hombre y a pesar de que Jeff no podía verlo a través de la máscara, podía adivinar que detrás se escondía una sonrisa llena de superioridad—, los hombres ricos como tú no saben lo que es vivir en este mundo. Nosotros tenemos un propósito, no como tú.
—Sí —Jeff asintió—, ustedes son los asesinos de Pestrom, ¿no?
—Solo asesinamos a los hombres que lo merecen. Hombres que asesinan por diversión o para que los números en sus cuentas bancarias aumenten. A esos tipos.
—¿Y asesinarlos los hacen mejor que a ellos? —preguntó Jeff sin apartar la mirada—, deben ser juzgados. Deben ser llevados por la ley.
—Ellos son tan corruptos como lo son los criminales. Ellos no harán nada al respecto mientras que el dinero mueve el mundo y adivina qué, anciano —el zorro negó con la cabeza—, esos son peores que los propios ladrones de banco.
—¿Y piensan asesinar a todos los pecadores de la ciudad con solo unos balazos? —Jeff estaba llegando al punto que quería.
—No, idiota —el zorro acercó cada vez más el arma hasta dejar la marca de la boquilla en su frente—. Mañana todo el mundo verá lo que va a pasar. Verá cuál es el castigo para aquellos que creen que arrebatarle a los más pobres es ser el más fuerte. No habrá desequilibrio.