Blue Velvet tomó un sorbo de café, girando su mirada hacia la autopista. Los vehículos pasaban a toda velocidad, perdiéndose en la distancia. Las sirenas aún resonaban en las cercanías del destruido centro comercial, y en la cafetería, las noticias seguían informando sobre el incidente. Se mencionaba el testimonio de testigos acerca de dos Aberrantes: una chica vestida de azul y una criatura que se asemejaba a un cocodrilo o un tiburón. A Blue Velvet, sin embargo, no le interesaba en lo más mínimo.
Ahora, con el cabello negro y vestida con su camiseta de los Rolling Stones, su aspecto no sugería el de alguien que acababa de participar en un acto terrorista, sino el de una joven hipster que disfrutaba de un café a media tarde.
Un coche negro se detuvo abruptamente frente a la acera, y de él salieron las dos personas más previsibles. Blue Velvet sonrió, bebiendo otro sorbo de café, sin apartar la vista de los dos hombres morenos. Entraron, guardando silencio, observándola ambos con una determinación que recordaba a dos padres decepcionados por las calificaciones de su hija.
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—Hola —sonrió Lissa y dejó la taza de café frente a ella.
—No te ves sorprendida de vernos —contestó Cooper tomando asiento frente a ella.
—Porque dejé el GPS encendido, idiota —Lissa colocó los ojos en blanco—, y sí —dirigió su mirada a Jeff—, sé que me pusiste un rastreador encima. Me irrita tenerlo.
—Lo que me irrita es que le hayas dado ayuda a su plan —Jeff señaló la pantalla detrás de Lissa, sin embargo, ella no giró a ver, ya era suficiente con escuchar y haber estado allí—, y no puede ser que una persona tan inteligente como tú haya hecho eso.
—Fue un impulso ¿Está bien? —Lissa se encogió de hombros.
—Un impulso que le costará a muchos Aberrantes.
—De igual forma, él tenía a Headley Landon de su lado. Lo iba a liberar para crear desastres y lo dejé ir antes de que hiciera daño o lo matara como hizo con el resto
—Espera, espera —intervino Cooper—, ¿lo dejaste ir? A un criminal como Headley Landon ¿Lo dejaste ir sin más?
—Si lo dices así suena feo, pero...
—Dejaste que un monstruo saliera de contención.
—Él no es un monstruo —defendió Lissa—, es un hombre que fue criado como tal. Solo es lo que la gente le ha pedido ser.
—Han asesinado personas.
—Personas que lo juzgaron.
—No es razón para estar asesinando personas.
—¿Ahora te refieres a mí?
Lissa se cruzó de brazos.
—No me refiero a ti, Lissa. Mira el noticiero.
Las pantallas se apagaron. Incluso los bombillos que alumbraban el interior de la tienda habían parpadeado. Ambos sabían que había sido creación de Lissa.
—Asesino a personas, sí, pero no a inocentes. Solo a aquellos que lo merecen.
—Dile eso a los reporteros —murmuró Cooper observando la ventana a su lado.
Lissa lo observó. Estaba extrañamente monótono en esta situación.
—Entonces —Jeff apartó la mirada—, ¿Cómo supiste donde se encontraba él?
—Pues —Lissa bajó la mirada y veía su taza medio llena—, me costó un poco. Sabía que un hombre como él no debía de tener un coche, así que busqué su nombre en las rentas de autos, tardé en el número 115, pero al final lo encontré. Revisé la placa, el GPS del coche, estaba en el centro comercial y no me equivoqué —Lissa sonrió de oreja a oreja regalándole una mirada incauta a Jeff—, y listo. Pero destruyó el coche lanzándolo.
—¡¿Podías haber hecho eso y no pudiste decírnoslo?! —Intervino Cooper con irritación.
Ese era el Cooper que ella conocía.
—Al principio de todo esto les advertí que no iba a usar mis poderes para ayudarles en todo, solo en cosas de vida o muerte.
—¡Pudiste evitar que el centro comercial se derrumbara y dándole más razones al presidente que los Aberrantes deben estar en prisión!
—De hecho —Lissa alzó su dedo para callarlo. Ella se encontraba calmada mientras que Cooper era todo lo contrario—, sé que es lo que él quiere —vio a Jeff de reojo—, quiere que los Aberrantes reciban pena de muerte.
—Maldición —murmuró Cooper esperando por una reacción de su compañero.
Jeff solamente se limitó a colocar su mano cubriendo su boca con un asimismo pensativo. Sus pupilas bailaban alrededor de la mesa buscando una respuesta para tanto embrollo.
—Quizás ya está hecho por la ley —murmuró él por debajo de su mano empuñada—, pero él no lo dirá por televisión, lo mantendrán en secreto.
—¿Estás asustada ahora? —preguntó Cooper.
Lissa, sin percatarse, había abierto su boca de la impresión. La cerró de inmediato al escuchar a Cooper. Apartó su mirada, pero definitivamente sentía algo. No tenía miedo, pero era algo fuera de lo normal. Tantas personas diferentes que podrían hacer un gran cambio iban a morir por deseos egoístas. Por personas sin poderes que solo hallaban excusas para ser mejores que los Aberrantes. Por miedo.