Aberrantes

Capítulo 37 - Reinas no compiten con zorras

Jeff comenzó a teclear en la computadora y en el gran monitor revelaban las acciones de Blue Velvet. Cómo había lanzado a un hombre por las escaleras, luego se montaba encima de las barras para colocarse detrás de uno, golpearlo, quitarle la máscara y luego empujarlo por los costados de las escalinatas cayendo en el suelo con un golpe seco. Podía escuchar cómo sus huesos se habían quebrado.

Lissa no parecía importarle mucho, observaba las imágenes con el ceño fruncido. Estaba molesta por perder la oportunidad de haber comido su empanada. Se encontraba sentada encima de la mesa de operaciones, donde una vez se encontraban Jeff y Cooper en menos de 24 horas.

—De acuerdo, hiciste un buen trabajo allí —Jeff se encogió de hombros.

—Gracias —sonrió Lissa y en un parpadeo volvió a fruncir el ceño.

La computadora comenzó a capturar el rostro del hombre, logrando un buen ángulo que permitiría identificarlo entre la multitud.

Jay entró con una bandeja en mano. Los ojos de Lissa brillaron de asombro cuando él le entregó una malteada coronada con una galleta Oreo. Lissa sonrió de oreja a oreja. Jay le devolvió la sonrisa, le guiñó un ojo, dejó la bandeja vacía sobre la mesa de operaciones y se acercó a los dos hombres.

—¿Qué hemos encontrado? —preguntó Jay.

—Que Darrin tuvo amigos nuevos —respondió Cooper a un lado de Jeff.

—Yo lo hubiera hecho más rápido —respondió Lissa en un murmullo.

—Lamento que mi computadora no sea tan veloz —refunfuñó Jeff.

Aún seguía irritado por las decisiones que Lissa había tomado. No estaba bien, les había dado más razones a las personas para temer.

—Pero ¿quién es? —preguntó Cooper.

La computadora comenzó a brotar pequeñas ventanas alrededor de la imagen. Muchas con información variada. Una revelaba su nombre junto con su número de cédula, al igual que su estado civil, otra sus antecedentes penales, páginas web, redes sociales...

—Aquí dice que ese hombre murió —señaló Cooper una de las ventanas emergentes—, en 2016.

Lissa frunció el ceño, pero no dejaba de tomar su bebida a través de la pajita.

—Es imposible —murmuró Jeff—, pero como...

Lissa se levantó de un salto y se encaminó a la computadora.

Lissa tocó la computadora con suavidad. No era cuestión de hacer contacto con el CPU con solo tocar algo que involucra conexión con esta era más que suficiente. Esta vez una enorme ventana abarcó toda la pantalla, era un video y sin necesidad de que Cooper o Jeff tocaran el ratón, Lissa lo hizo reproducir.

Era una toma desde una cámara de vigilancia, en la parte superior de un farol, tal vez enfoca una plaza, la plaza Wakefield. Estaba oscuro y solo se encontraba un hombre sentado en las bancas, un hombre encapuchado. No transcurrió ni un minuto cuando otra persona se acercó, se encaminaba por la acera, una chica de estructura delgada, tan delgada que su piel parecía forrar sus huesos, su estatura era pequeña, similar a la de Lissa, sin embargo, ella cargaba un cabello rubio.

La chica caminaba con tranquilidad hasta que el hombre se levantó de un salto y se colocó detrás de ella. La estaba asaltando. Era el mismo hombre que trabajaba para Darrin. El hombre la rodeó con sus brazos para que no lograra moverse, sin embargo, algo ocurrió, algo fuera de lo normal y tan veloz que fue difícil captarlo la primera vez.

La chica rubia hizo que de todo su cuerpo emergieron espinas de metal haciendo que el chico se clavara en ella, sus brazos la liberaron y ella encogió sus aguijones dejando que el cuerpo sin vida cayera en el pavimento dejando una laguna de sangre. La mujer no corrió, solo lo observó unos segundos, agitó su melena y se largó.

—Joder —murmuró Cooper—, quería robarle a la chica.

—¿Oh, en serio? —Balbuceó Lissa con sarcasmo—, pero qué listo eres.

Lissa apartó su mano y se acercó a la bandeja, dejando su batido vacío encima. Escuchaba como sus compañeros comenzaban a hablar acerca de cómo iban a hacer si estaban muertos. Si su patrulla está muerta, ¿Cómo iban a vencer algo que podía volver a la vida? Aunque fueran a la cárcel iban a liberarse de una manera u otra.

—Saben —exclamó Lissa con dureza. Todos giraron a verla. Ella continuaba de espaldas a ellos—, cuando toqué la computadora, no solo les revelé el vídeo, sino que también indagué un poco. Saben que soy muy curiosa. Pero hay algo que me llama mucho la atención y es ¿Dónde están los archivos de Darrin?

—Eso no es tu incumbencia —vociferó Cooper.

—Te diría que podría sacarte esa información a base de puños, pero reinas no compiten con zorras.

—Esta vez iré con Cooper, Lissa —intervino Jeff. Tanto Jay como ella se encontraban sorprendidos ante su respuesta—, no es de tu incumbencia.

—Espera ¿Qué? —Objetó ella encolerizada—, pero si te estoy ayudando a atrapar a este sujeto.

—Fuiste voluntaria por tu cuenta —habló Jeff con firmeza—, no me diste información acerca de lo que hacíamos.

—Pero estamos hablando de un hombre que volvió a la vida, y es uno de sus matones. He visto como tienes archivos de todas las personas a tu alrededor. Tantos buenos como malos y no tienes ninguno referente a él ¿Te hackeó?



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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