—¿Qué es eso? —preguntó Lissa.
—No lo sabemos —respondió Jeff.
El video se detuvo en seco por unos segundos. Se había congelado, y de nuevo en una fracción de segundo todos habían desaparecido. No quedaban más que cadáveres de personas que habían estado peleando con Darrin. Solo cuerpos; sin embargo, ninguno era de Darrin o de la mujer.
—Después de eso —dijo Jeff a su vez que minimizaba la ventana—, encontramos el cuerpo de Darrin en un edificio incinerado.
—El edificio donde murieron sus padres —farfulló Jay.
—Lo habían apuñalado en la espalda, cuerpo, piernas, cabeza, ojos... No lucía como él, pero las huellas dactilares y su saliva habían determinado que era evidente, si era Darrin —continuó Jeff—. Le hicimos el entierro como debía ser y lo sepultamos. Después de eso las cosas se tornaron grises; el equipo se había deteriorado. Yo tenía miedo de que algo les pasara de nuevo, así que me negaba a darles misiones que pudieran quitarles la vida; sé que la mayoría es así, pero yo sabía cuáles eran los límites de cada uno. Ninguno me hacía caso, así que se fueron marchando hasta que solo quedó una persona a mi lado.
Cooper apartó la mirada y observaba sus zapatos negros mojados y mugrientos. Lissa se había percatado de ello gracias a que los monitores apagados reflejaban las imágenes a su espalda.
—¿Y cómo ustedes...? —preguntó Lissa.
—Se escuchaban rumores por las calles —interrumpió Jeff—, de cómo alguien asesinaba a los criminales sin darles una última palabra, tan rápido y letal como una bala. Adoptó el nombre «Los fantasmas de Pestrom». Para aquel entonces todos fuimos engañados pensando que se trataba de un líder de una banda; sin embargo, gracias a ti, supimos que tú también eras una de las asesinas. Pero a diferencia de él, él solo asesinaba a Aberrantes.
»Fuimos a patrullar una noche y encontramos cadáveres en un callejón. No había nada más que sangre y partes de teléfonos celulares esparcidas por el suelo. El chip era lo único que había permanecido intacto, casi. Logramos transcribirlo y encontramos un vídeo. Vimos cómo él usaba armas de fuego y golpeaba hasta que ellos dejaran de respirar. Supimos que estaba vivo y teníamos que hacer algo, detenerlo de alguna manera, pero no destruirlo, solo... regresar a casa.
»Así que fuimos con cada maleante, capo o lo más cercano a ello para saber si trabajaban con Darrin, si lo conocían. Ninguno dijo nada. Ahora sabemos que él no era el peón de nadie, sino, más bien, el rey del tablero.
»Al principio no quería creer que era él, pensaba que quizás estaba demasiado oscuro y no podía verse, pero eran sus movimientos, sus tácticas de ataque, eran las mismas. Y sí, era él.
Lissa colocó los ojos como platos. Estaba sorprendida ante tal revelación. Jeff siempre iba a ser el hombre más cordial, tratando de que las personas cambiaran, intentando mejorar el mundo después del accidente. Lo conocía de años y al parecer no había cambiado nada ante su forma de pensar.
—Espera —dijo Lissa y se colocó de pie para palpar el monitor donde se hallaba Jeff. El video volvió a abrirse y reveló a Darrin peleando contra los hombres; lo colocó en pausa y continuó—, dices que este hombre murió. ¿Que los identificaste de pies a cabeza? ¿Y estaba muerto?
—Exacto —se lamentó Jeff.
—Yo no sé qué piensas tú, pero creo que esta mujer está detrás de todo esto.
Lissa señaló a la mujer con la cara pálida. Era imposible que una mujer poseyera un rostro tan blanco como la nieve. Esa mirada tan penetrante no parecía ser de una persona; lucía como si estuviera mirando directamente a la cámara, a sus ojos. Como si supiera que la estaban observando.
—Lo sabemos —intervino Cooper colocando los ojos en blanco—, pero está tan oscuro que no logramos identificarla, ni sabemos que es.
—Pensamos que es una Aberrante —secundó Jay cruzado de brazos—, quizás ella volvió a la vida después de haberlo matado.
—Oh, no —dijo Lissa—, esto no es algo que un Aberrante haría. Hablamos de un hombre que volvió a la vida después de la muerte, es algo más que unos Aberrantes, estamos hablando de quizás Dioses.
—Tú moriste —habló Cooper.
—Por unos segundos, minutos como máximo —por primera vez, desde el tiempo que Cooper la llevaba conociendo, la había visto tan sería ante una situación. Nada de risas o sarcasmos—, ustedes dicen que encontraron a Darrin unas horas después, lo examinaron, lo sepultaron y para poder sacarlo de la tumba tuvo que haber pasado como mínimo una semana.
Cooper alzó ambas cejas de la impresión. Tenía razón en todo.
—Y es por eso por lo que te necesitamos —dijo Jeff y rodó para ver a Lissa a los ojos. Cargaba una mirada circunspecta, era usual en Jeff, sin embargo, había una chispa de peligro.
—Pensé que nunca dirías eso —pronunció Lissa con aires de superioridad.
—Creía que ya nos estaba ayudando —murmuró Cooper.
Lissa colocó los ojos en blanco.
—Lo que he descubierto es que ellos mayormente no usan teléfonos celulares, solamente cuando quieren ser encontrados. Son listos, no les quito eso —Lissa suspiró—; sin embargo, usan walkie-talkies, logré descifrar la ID por uno de sus compañeros, uno de ellos lo cargaba, lo toqué —Lissa giró para ver a Cooper—; no malpienses, hijo de puta —continuó—, y sé dónde posiblemente estén si es que no se han esparcido desde el centro comercial.