Aberrantes

Capítulo 43 - Mi persona favorita

—¿No podrías hackear las puertas antes? —preguntó Lebanon lanzando un fierro de acero similar al de Guyana, pero más grande.

El fierro impactó a uno de los Aberrantes, pero tan pronto como el Lebanon extendió su mano, el arma fue de vuelta.

—¿Y perderme esta diversión? —sonrió Blue Velvet.

Algo semejante a la metamorfosis de un escorpión gigante con rasgos humanos, apareció frente a Blue Velvet acompañado de un chirrido agudo e irritante. Su exoesqueleto era de un tono mostaza enfermizo y, por su tamaño, superaba a Blue Velvet, aunque igualaba la imponente estatura de Lebanon. El sonido fue tan penetrante que Blue Velvet se llevó las manos a los oídos de inmediato.

La criatura atacó con sus garras. Blue Velvet logró esquivarlas mientras se cuidaba de los Aberrantes que la rodeaban por la espalda. Blue Velvet saltó sobre ellos con violencia calculada y le quebró el cuello a uno al caer. El escorpión, lejos de retroceder, insistió en atacarla y lanzó otro grito. Abrió la boca en una forma antinatural, un círculo perfecto, dejando al descubierto colmillos largos y afilados como astillas.

Blue Velvet volvió a cubrirse los oídos, el rostro contraído por el dolor y la exasperación. Esta vez no pudo soportarlo más. Dejó que la electricidad brotara de su cuerpo, formando un campo eléctrico compacto que castigaba a cualquiera que se acercara. Los cuerpos que la tocaron estallaron al instante, salpicando el lugar de sangre y restos.

Aun así, el estallido no se extendió más de dos metros. Lebanon estaba cerca y ella había prometido contener su poder.

No iba a darle a Theodore ese placer.

Ni siquiera estando muerto.

—¿Qué pasará cuando estas cosas salgan? —preguntó Blue Velvet.

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Guyana podía escuchar en su auricular las voces de sus compañeros y algunos golpes que lograban atinar. Se apartó de las cámaras para ver la entrada de la habitación. Por alguna razón apostaba que Darrin estaría a sus espaldas, sin embargo, no había ni un alma.

—Habrá cadena perpetua para todos los Aberrantes —habló Guyana.

Salió del lugar y vio como Darrin había abierto las puertas del ascensor, estaba adentro de la jaula. Le dedicó una sonrisa llena de cinismo y se cerraron. Guyana sabía que ya era tarde para atraparlo, ni siquiera sabría por dónde buscar entre las diversas plantas que había.

—Perdí a Darrin —gruñó Guyana por su auricular.

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—Qué sorpresa —habló Blue Velvet con ironía.

Blue Velvet le había disparado a uno de los hombres y justamente al caer tuvo la libertad para poder escudriñar a Lebanon de un mejor ángulo. Por primera vez lo había visto de una manera tan vulnerable. Su mirada se veía cansada y sus movimientos más lentos que los anteriores, sus piernas luchaban por sostener su cuerpo al igual que su intento por mantenerse concentrado en la gran cantidad de amenazas que se hallaban en diestra y siniestra.

Por primera vez en todo este tiempo lo vio como lo que era. Estaba viejo.

Ella corrió evadiendo cada golpe, ácido, bala, lo que fuera hasta llegar donde Lebanon, el hombre se sorprendió de ver a la chica de azul a su lado. Abrazó a Lebanon con fuerza y él no comprendía qué era lo que estaba ocurriendo, sin embargo, un campo de electricidad comenzó a rodearlos a ambos, parecía que los Aberrantes se detuvieron por un segundo admirando lo que estaba ocurriendo.

El campo se fue expandiendo cada vez más, electrocutando a cada cosa o ser que tocara a su paso.

Los primeros de la fila, al ver que muchos de los Aberrantes comenzaban a explotar o perder su cabeza por la cantidad de electricidad que se adentraba en sus cuerpos, comenzaron a correr tratando de alejarse del campo, sin embargo, eso no ayudó para nada. Lebanon veía todo mientras abrazaba a Blue Velvet, ella ocultaba su rostro en el pecho de Lebanon como una niña asustada.

La mayoría de los Aberrantes habían muerto, Blue Velvet solo había expandido el campo hasta tal punto que algunos entraran a sus celdas. Ella se separó y chasqueó sus dedos, haciendo que las puertas de plástico grueso se cerraron, dejando a los supervivientes sin salida.

Eso no era todo.

Habían sobrevivido dos hombres. Dos aberrantes.

Un hombre de piel elástica y un gigante de piedra difícil de cortejar.

—Coño de la madre —murmuró Blue Velvet.

Lebanon echó a correr mientras Blue Velvet se encargaba de la distracción. Desde sus palmas lanzó pequeños rayos eléctricos, descargas breves pero precisas que no los derribaban, aunque sí los volvían cada vez más lentos, más torpes. Blue Velvet avanzaba de espaldas sin apartar la mirada de los hombres, midiendo cada paso, cerrando la distancia que la separaba de Lebanon.

· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·

Él ya se encontraba junto a la pared. Golpeó el suelo con su fierro dos veces y, en respuesta, una luz violeta brotó de él, moldeándose hasta tomar la forma de un hacha. Lebanon apenas necesitó un movimiento. Con un solo tajo rasgó la pared como si fuera corteza blanda, abriéndola y dejando al descubierto un entramado de tuberías.



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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