Aberrantes

Capítulo 44 - Siempre te quise

Lebanon, al cerrar la puerta, no se había percatado de cuán oscura iba a ser la sala. No era el comedor, tampoco había más jaulas, pero por lo poco que los bombillos lograban alumbrar, era algo similar a una sala de máquinas, quizás donde controlaban las jaulas, el centro de control, los reportes a seguridad máxima, un cuarto de pánico. Sin embargo, había cristales, ventanas que daban a otra habitación.

Se escuchó el sonido de las balas traspasando el cristal; Lebanon se agachó y reclinó su espalda en la pared directa de donde provenía el tiroteo para que ninguna de las balas lograra dar en su anatomía. A su costado, caía una lluvia de cristales seguida de los flashes de la pistola. Darrin comenzó a apretar el gatillo, pero ya no quedaban balas. Lebanon escuchó al maldecir.

Era su única oportunidad.

Se levantó del suelo y saltó encima del marco de la ventana; ningún vidrio logró atravesarlo. De una manera casi volátil, Lebanon tomó su brazo para arrebatarle el arma haciéndola caer, Lebanon la tomó cuando Darrin a duras penas logró agacharse. Apuntó el arma en dirección a Darrin.

—No me dispararás —habló Darrin.

Su cuerpo estaba totalmente intacto; parecía que Guyana no había hecho un buen trabajo más que esquivar. Su rostro tan juvenil no tenía marcas de ningún tipo, pero sí revelaba algo de cansancio, desencanto. Su plan se había estropeado; gran cantidad de Aberrantes fueron puestos en prisión de nuevo mientras que el resto murió dando pelea.

—¿Por qué haces esto, Darrin? —Lebanon bajó el arma—. Esto se acabó, todo.

—Te lo expliqué en el edificio, Lebanon —dijo Darrin—, todos son unos corruptos hijos de puta.

Lebanon recordó ese día en el apartamento en llamas. Cómo había rescatado a ese pobre niño que solo quería salvar a sus padres, comparado con el hombre que veía ahora. Su mirada cambió de llena de esperanza a una llena de sed de sangre, un asesino. Intentaba ver más allá de eso, pero no era más que un asesino.

—Pero ya acabó... todo, no hay a dónde ir. Los Aberrantes no saldrán de aquí y pronto llegarán los de ConAbe, quizás dentro de 10 minutos, como mucho. Este era tu magnífico plan, esto fue todo.

—Es que no lo entiendes, Lebanon —negó Darrin con la cabeza.

—Claro que lo entiendo —dijo él y lanzó el arma a la esquina más lejana de ellos—, estás hambriento de poder, quieres poder demostrarles a tus amigos qué tan fuerte puedes llegar a ser...

—No, no es eso —lo detuvo Darrin—, esto no lo hice porque quise, jamás haría algo como esto. Pero...

—¿«Pero»?

—Mi jefe.

—¿jefe? —preguntó Lebanon con recelo—, ¿tienes un jefe?

—Algo así —era la primera vez en mucho tiempo que Lebanon lograba ver a Darrin como un mortal, una persona común y no un falso rey que se hacía creer—, dijo que hiciera todo esto. Él fue quien me dio la vida, Lebanon.

Un músculo de su boca se tensó. Estaba sorprendido por esa información, pero Lebanon debía conservar la calma.

—¿Por qué él quisiera esto?

—No lo sé. —Darrin bajó la mirada. De verdad lo sabía.

—¿Cómo que no sabes? —preguntó Lebanon y dio un paso al frente con una mirada llena de recelo—. Has creado una rebelión, personas han muerto, niños, incluso tumbaste una iglesia. ¿Y me vas a decir, delante de mí, que no sabes lo que haces realmente?

—¡Él me dio la vida! —vociferó Darrin con determinación. Había apretado sus puños con tal fuerza que los nudillos se habían vuelto blancos—. Él me dio la vida. Había muerto y ustedes me dejaron allí tirado como basura hasta que él me ayudó y me trajo, dijo que iba a necesitar un favor, que a cambio de este regalo necesitaba cumplir una misión que nos beneficiaba a ambos.

»Él no es una persona, Lebanon —Darrin liberó una sonrisa—, no es un Aberrante, pero es algo más. Tú y yo sabemos que al volver a la vida no se trata de un poder, sino de algo paranormal. ¿Y sabes qué me enseñó él? Que el cielo y el infierno existen.

—El hombre de abajo... ¿Te devolvió la vida? —Era mucha información que procesar—, ¿sabes lo descabellado que suena eso?

—No sé si era el hombre de abajo, Lebanon, pero te aseguro que tenía cuernos y más de dos ojos; no sé lo que vi, pero estoy seguro de que no era un Aberrante.

—¿Por eso lo vas a dejar, que te manipule?

—Hubiera hecho algo peor si no aceptabas. ¿Sabes cuántas veces tuve la oportunidad de haberlos matado a ti y a Guyana?

Lebanon apartó la mirada y sonrió.

—Al menos sigues a tus mayores.

—No es una broma, Lebanon.

—Tienes que intentar detenerte —se acercó Lebanon unos pasos más—, no dejes que cree el apocalipsis.

—Me usa como marioneta, ¿no lo ves? —Darrin frunció el ceño—, me usa tal cual lo hiciste tú tiempo atrás. Por supuesto que me he dado cuenta de cuando las personas me usan.

Lebanon quería decirle cuán equivocado estaba. Jamás lo había usado; más bien, lo quería ayudar, quería que ayudara a que más familias evitaran su odio a causa de Aberrantes tomando acción, tomando las riendas y viendo que no todos son malos.



#38361 en Otros
#5736 en Acción
#6477 en Ciencia ficción

En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.